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Imponer, poner, proponer

Médico y paciente

Supongo que no hay médico ni estudiante de medicina que no sea consciente de la influencia de la hipertensión como factor de riesgo para el desarrollo de una patología cardiovascular.

Bien, pues de acuerdo con los datos de la Sociedad Europea de Hipertensión y la Sociedad Europea de Cardiología, para empezar, un alto porcentaje de pacientes hipertensos no saben que lo son; o si lo saben, no reciben tratamiento; y si lo reciben, rara vez alcanzan los objetivos de tensión arterial. Lo más inquietante es que se sabe que en estudios clínicos el tratamiento logra el control de las cifras en la mayoría de los casos. En otras palabras: la brecha entre el potencial del tratamiento y la práctica clínica es abismal. El problema existe, la solución existe, pero no se aplica. ¿Por qué?

En la última guía confeccionada por SEH y SEC para el manejo de la hipertensión se apuntan las tres causas principales de este problema: la inercia médica, la falta de adherencia al tratamiento del paciente, y por último, las deficiencias de los sistemas de salud en sus estrategias de manejo de enfermedades crónicas.

Durante años ha habido iniciativas de todo tipo para trabajar en estos tres ámbitos. Ahora, además, podemos contar con un elemento nuevo; algo que hace que la situación esté cambiando, y que es imparable: los avances tecnológicos, que ofrecen nuevas posibilidades con las que antes no contábamos.

Tal como mencionan Brutti y Roger, parece que los grandes progresos tecnológicos de la medicina del siglo XX devaluaron la importancia de la relación-médico paciente. Paradójicamente es la propia tecnología la que ahora nos puede ayudar a superar los esquemas paternalistas en los que el paciente no tenía ni voz ni voto y el médico se basaba únicamente en la información obtenida por sus sofisticados aparatos. ¿Por qué? Porque ahora, algunos de esos aparatos están en manos de los pacientes.

Cada vez hay más indicadores de que estamos entrando en la época de la medicina de precisión y las “cuatro P” (Predictiva, Preventiva, Personalizada, Participativa) que tantos años lleva anticipándose. Hace 20 años, casi nadie tenía un aparato para tomarse la tensión en casa. Ahora mucha gente lo tiene. Estos y otros dispositivos de monitorización domiciliaria juegan un papel fundamental para mejorar la calidad de vida de las personas; y cada vez será más frecuente verlos en los domicilios, hasta convertirse en un objeto tan común como un termómetro.

Aunque sólo sea con carácter complementario, la supervisión a distancia de constantes como la tensión, la frecuencia cardiaca, la saturación de oxígeno o la glucemia, trasladando los resultados a una plataforma online como ViveLibre, sin que el paciente tenga que desplazarse, no sólo hará más cómoda esa supervisión sino también mejorará las estrategias de manejo por parte de los sistemas de salud. Este hito facilitará la toma de conciencia de los problemas y el cambio de actitudes con mayor antelación.

¿Y ahora qué hacemos: imponemos un tratamiento, lo ponemos, o lo proponemos? Me viene a la cabeza una mujer con cifras tensionales reiteradamente mal controladas que atribuía a diferentes causas externas (un problema con la casa; la operación del marido…). Fue la monitorización continua que llevamos a cabo en uno de los primeros pilotos de ViveLibre Salud la que le permitió caer en la cuenta de que algo iba mal, y la que le llevó en un momento dado tanto a pedir consejo a su médico, como a cambiar hábitos para reducir la tensión.

Una de las grandes ventajas de este sistema es que es el propio usuario quien se toma las medidas en la comodidad de su domicilio. A partir de ahí es más fácil contar con su implicación y motivación, elementos clave para alcanzar objetivos de salud más fácilmente. Todo paciente tiene sus preferencias y su propia velocidad de toma de conciencia de los problemas. Los pactos entre pacientes más informados a los que se les reconocen sus valores, y médicos más informados y respetuosos con las diferencias de los pacientes, minarán las inercias mencionadas anteriormente, facilitando la adherencia de los pacientes a los tratamientos y previsiblemente estimulando sus iniciativas de autocuidado. O lo que es lo mismo, ayudando a recorrer el camino que lleva de imponer a proponer.

El reto de las nuevas tecnologías para las personas con discapacidad intelectual

Brooklyn

Como madre de una persona con discapacidad intelectual y altas necesidades de apoyo, me ha preocupado siempre la vulnerabilidad de todas aquellas personas a las que resulta complicado relacionarse con su entorno. A quienes expresar sus emociones, sus preocupaciones, sus inquietudes y sus deseos les supone enfrentar una muralla que no pueden atravesar.

Brooklyn bridge

 

Desde el siglo XIX el avance tecnológico se ha convertido en un fenómeno impensable, impredecible e imparable. Desde hace 200 años, con un ritmo exponencial, la tecnología amplía conocimientos, recorta distancias y difumina fronteras de todas clases. Sin embargo, la meta de las personas con discapacidad intelectual no es alcanzar ningún lugar remoto, no es solucionar cuestiones complejas ni resolver problemas sociales. La meta de las personas con discapacidad intelectual, es, simplemente, avanzar en la compresión de sus entornos más cercanos y en una relación de integración cómoda con los mismos. Solo así, desde esa comprensión, cobra sentido que hablemos de autonomía personal y de la inclusión social y laboral de estas personas. Solo así, desde la intervención consciente, material y efectiva en las relaciones que les afectan podrán conquistar su propio entorno familiar y ciudadano, y moldear un nuevo escenario desde el que protagonizar sus vidas. Este es el reto que el Siglo XXI plantea a las personas con discapacidad. Este es el muro de incomprensión que las nuevas tecnologías deben empujar.

Porque hasta ahora los avances tecnológicos han supuesto en muchas ocasiones la aparición de una brecha que ahonda la distancia entre la persona con discapacidad intelectual y su entorno. Esta nueva brecha tecnológica se produce tanto por la exigua atención y escasas e insuficientes soluciones que los actuales productos tecnológicos prestan a los problemas de las personas con discapacidad intelectual, como por la incorporación del manejo de los nuevos dispositivos y aplicativos a los estándares culturales de nuestro tiempo, lo que añade una nueva tarea no siempre sencilla para las personas con discapacidad intelectual.

Para salvar esta brecha tecnológica se necesitan puentes que la propia tecnología debe tender. Y para ello, tenemos ciertas herramientas jurídicas. Entre ellas destaca la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad  de 2006 -en vigor en España el 3 de Mayo de 2008- en la que establece un elenco de correlativos derechos de las personas con discapacidad, que son deberes de los estados. Dice esta norma-ariete en su artículo 9.2 que los Estados firmantes de la Convención Los Estados Partes adoptarán, entre otras medidas tendentes a la accesibilidad, las pertinentes para promover el acceso de las personas con discapacidad a los nuevos sistemas y tecnologías de la información y las comunicaciones, incluida Internet.

Puentes tecnológicos

Desde esa base, estamos apostando ahora con toda la fuerza de nuestras organizaciones por proyectos de inclusión tecnológica, pues aun siendo la utilización de las TIC un elemento de suma importancia en la mejora de la calidad de vida, de la normalización y de la integración social de las personas con discapacidad intelectual, si el desarrollo de esas tecnologías no tiene en cuenta las necesidades y particularidades de estas personas, favorecerá, sin duda, la aparición de nuevas formas de exclusión social.

Las personas con discapacidad intelectual que quieren usar las TIC se suelen enfrentar a gran número de dificultades en forma de barreras de uso que pueden llegar a excluirlas socialmente. La accesibilidad y las ayudas técnicas se presentan como las vías más adecuadas para superar estos problemas. De hecho la utilización de sistemas alternativos y aumentativos de comunicación, se han convertido en las claves para avanzar en la mejora de su calidad de vida.

En los últimos años ha existido cierta proliferación de aplicaciones informáticas orientadas a facilitar la comunicación. En el ámbito concreto de las personas con discapacidad intelectual estas aplicaciones se han centrado en traducir a las nuevas tecnologías sistemas de trabajo ya existentes como Bliss, SPC, etc. Otra línea de trabajo ha sido generar plataformas que ponen a disposición de los usuarios bases de pictogramas, como puede ser ARASAC.

Con la utilización de estos pictogramas, han salido al mercado  aplicaciones para móviles y tabletas que permite a la persona con discapacidad intelectual la comunicación con las personas que lo rodean (familiares, cuidadores, etc.), pudiendo personalizarlas según las capacidades de cada persona. El futuro, en definitiva, puede ser esperanzador… o puede derivar en nuevos muros, ahora tecnológicos, que dificulten sus relaciones personales y sociales. Depende del trabajo de nuestras organizaciones, de su habilidad y de su tesón, que el escenario que se alcance sea el más favorable para las personas con discapacidad intelectual.

Avance sí. Pero humano, por favor

Creatividad mente

Cuando hablamos de términos como «vida independiente» subrayamos lo que la tecnología nos ofrece y nos facilita para vivir libres. Digamos que la inteligencia humana,  y su capacidad de crear inteligencia artificial, salva escollos importantes y hace que muchas personas puedan tener una vida más cómoda (o menos incómoda, según cómo lo miremos).

Es evidente que el ser humano ha llegado a cotas de desarrollo tecnológico que realmente impresionan. Personalmente, creo que si llegase a conocer todos y cada uno de estos avances, mi capacidad de asombro caminaría de la mano y a la par con la cautela que me generaría.

Asombro y cautela. Estos son los dos sentimientos que albergo en mi interior cuando veo lo que somos capaces de hacer.

Dicen algunos autores que llegaremos a robotizar cualquier tarea o proceso que sea «procedimentable» y que nos salvará de esta ola tecnológica lo que nos hace propiamente humanos, aquello que no es exportable a una inteligencia artificial. Yo me pregunto qué es lo que nos hace propiamente humanos (y aquí asoman mis dudas) y qué no es exportable a una inteligencia artificial; porque la inteligencia artificial llega a tener mucho de inteligencia y también mucho de lo que consideramos “natural» en las personas.

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Cuando vi la película Her pensé que la ficción poseía, cómo no, una imaginación desbordante: un hombre solitario a punto de divorciarse que trabaja en una empresa como escritor de cartas para terceras personas, compra un nuevo sistema operativo basado en el modelo de Inteligencia Artificial, diseñado para satisfacer todas las necesidades del usuario. Para su sorpresa, se crea una relación romántica entre él y Samantha, la voz femenina de ese sistema operativo.

Al pensar en este escenario me pregunto: ¿podríamos llegar algún día a humanizar tanto la máquina que alcanzase a enamorarnos? ¿Dónde estaría ahí lo que nos hace particularmente humanos? La frontera se hace más estrecha entre el humano y la máquina.

Veo que la Inteligencia Artificial se humaniza a una velocidad trepidante pero, en paralelo a este desarrollo tecnológico, considero que debería haber un desarrollo en la forma de mirar a la persona (a cualquiera, y a todas), una capacidad propiamente humana -la de mirar con otros ojos- para que ése ser cobre el status de «persona» con la dignidad que le corresponde a su condición.
Mi inquietud aumenta conforme avanzo en un área que yo consideraba nos otorgaba auténtica singularidad: El diálogo. El pensamiento, el verbo y nuestra capacidad para investigarlo a través de la neurolingüística avanza también hasta llevarnos a relatos curiosos como el que nos encontramos en «Nunca pensé que el mejor consejo me lo daría un ‘bot’ y no mi madre
En esta historia, la protagonista piensa en acudir a alguna de las personas de confianza que la rodean para hablar de lo que le preocupa. Pero, ante la duda de si responderán como ella desea, opta por hablar con un robot quien responde de manera certera a sus expectativas.

Miss

Aquí soy consciente de que lo que imaginaba podía ser ficción, se convierte en realidad (y seguro que la supera).

Llegados a este punto no puedo evitar preguntarme, de nuevo, qué es lo que nos hace propiamente humanos. Cuáles son las cualidades que nos dan el hecho de ser persona.
Ser «humano» supone ser imperfecto, solidario con los semejantes, sujeto emocional, concebido de otro humano, con la carga genética de miles de años de humanidad. Pero estas bien estudiadas cualidades también podrían ser programables y atribuibles a una máquina creada por personas. Este escenario, no tan apocalíptico como pensamos, me lleva a diluir la frontera existente entre la «máquina y el hombre», entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana.

Y en ese «diluir fronteras» ¿podríamos llegar a confiar en la tecnología rechazando lo que nos puede salvar de nosotros mismos, lo que nos hace ser lo que somos? ¿Podemos llegar a anular nuestra esencia, depositando esa confianza máxima en la inteligencia artificial? Somos incapaces, todavía, de lanzar una mirada de igual dignidad a la otra persona ¿y ya elevamos a la categoría de «divina» lo que nosotros mismos hemos creado?

Estas preguntas me invaden al mismo tiempo que admiro la capacidad que posee el ser humano para desarrollarse. Sólo espero que seamos capaces de mantener un pie en la tierra y abrazar, con el cariño suficiente, esta parte propiamente nuestra de la que en ocasiones, percibo, queremos huir.

¿No es bonita y desafiante la complejidad? ¿Acaso no nos enriquece la diversidad? ¿No es maravilloso crecer con la visión que me abren otros ojos?

Avancemos, pues, en todo lo que nos haga la vida más fácil; pero no deseemos una vida  demasiado fácil anulando lo que nos hace maravillosamente humanos. Seamos capaces de crecer mirándonos a la cara.

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Si no sé que existe, no existe

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Hoy, en el mundo de la globalización, de la información sin fronteras, de las nuevas tecnologías que han permitido grandes avances en todos los ámbitos -como en medicina y en comunicaciones- nos encontramos con que el mayor reto es la difusión: llevar este conocimiento hasta las personas y hacerles conocedoras de la utilidad de estos avances para sus vidas.

Es paradójico que aun teniendo todos los medios a nuestro alcance para llevar esta información a todos los puntos del planeta, la dificultad esté en conseguir que las personas, entre tanta información, puedan conocer aquello que es realmente útil para ellos y que previamente desconocían de su existencia. Que encuentren lo que no buscan, porque no saben que existe.

La eficacia de una herramienta, tecnología, servicio, producto, etc., está ligada en la mayoría de los casos al número de personas que tienen acceso a ellas y lo utilizan. Por tanto, tan imprescindible son los esfuerzos en investigación y desarrollo de diversas tecnologías, cómo la mejora continua aplicada al proceso de difusión, prueba y aprendizaje de su uso e impacto en la vida de las personas.

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No es posible buscar algo que uno no sabe que existe

Por experiencia personal, me considero una persona con habilidad para acceder a la  información (bien sea a través de redes sociales, internet u oficinas de información físicas). Pero no es posible buscar algo que uno no sabe qué existe. Por esta razón los nuevos avances, dirigidos a cubrir necesidades deben hacerse visibles, accesibles, tanto en su uso como  económicamente, para permitir su acceso a todas las personas que lo necesitan.

En la última década estamos presenciando como los importantes avances en tecnología llegan directamente a las personas para cubrir una serie de necesidades básicas, de cualquier tipología, que facilitan la realización de actividades, la participación en la sociedad, o cubren carencias en la movilidad, la comunicación, la información y el ejercicio de los derechos. Esto cobra mayor relevancia cuando se genera impacto sobre la vida de una persona con discapacidad, o de una persona en situación de dependencia, o simplemente en cualquier persona que de modo temporal se encuentre con circunstancias limitantes; mejorando sus capacidades, o eliminando las dificultades.

Necesitamos organizaciones en las que confiar y que ofrezcan una visión sistémica de los proyectos

Sin embargo, es también una realidad que continúa existiendo gran desconocimiento de todos estos avances entre la sociedad y que la brecha tecnológica o digital se levanta como una gran barrera que impide el aprovechamiento real y masivo de sus beneficios.  Es importante que en los procesos de desarrollo de estos productos y/o servicios se incluya también una fase de prueba por parte de los usuarios que integre correctamente los diferentes usos que responden a la diversidad funcional; y una fase de difusión que permita el acceso y su conocimiento a las personas que lo necesitan.

En la era de la sociedad de la información, necesitamos organizaciones en las que confiar y que ofrezcan una visión sistémica de los proyectos, integrando los grandes avances tecnológicos y metodológicos, haciendo llegar a las personas de forma personalizada la información necesaria que desconocen y pueda serles útil, incluyendo los procesos de entrenamiento que ayuden a derribar barreras permitiendo que sus beneficios sean disfrutados cómodamente por todas las personas, con independencia de sus características.

 

Las 7 crisis que explican el mundo que vivimos (y el que viene)

Crisis Mural

Hablamos constantemente de los cambios que viene experimentando el mundo que vivimos. Lo hacemos acompañando esta idea de la palabra crisis. Nos sentimos en crisis y percibimos que nuestro mundo se transforma. Crisis y cambio se convierten en conceptos ineludiblemente unidos.

La crisis no es una cuestión monolítica que explique todo la abarcable de una sola vez. El hombre está diseñado para descomponer la realidad, elaborar abstracciones de la naturaleza y establecer categorías. De este modo se ayuda a sí mismo a interpretar el mundo. Así, normalmente concluimos que detrás de un accidente hay múltiples causas. Una transformación tan profunda como la que experimenta nuestra realidad no podía ser menos. Tras un esforzado análisis identifico siete crisis subyacentes al advenimiento de un mundo que cambiará completamente nuestras vidas.

 

La disrupción tecnológica

Este apartado requiere poca presentación. Lo avanzábamos en nuestro artículo sobre El Datalítico. No obstante, debemos tener presente que la radical disrupción que representa la transformación tecnológica actual se encuentra en el origen de todos los cambios. Esto ha sido siempre así a lo largo de la Historia. 11123530043_1d28f2fa35_oLo fue cuando el desarrollo de la agricultura provocó el paso del Paleolítico al Neolítico. También estuvo
detrás del advenimiento de la Ilustración. Asimismo, es evidente que también tuvo mucho que ver con la aparición y desarrollo de la sociedad industrial.

Actualmente, el avance tecnológico se está produciendo más rápidamente que nunca y está provocando el advenimiento de un mundo exponencialmente más complejo. La complejidad desencadena transformaciones profundas y repentinas. La transformación tecnológica se encuentra, por tanto, en la base de todas las demás crisis que veremos a continuación.

 

Crisis de las instituciones

La tecnología está modificando nuestras vidas. Los cambios de la anterior revolución tecnológica – básicamente, la asociada a la segunda revolución industrial, el motor de explosión y el despliegue de la electricidad – transformaron la vida de nuestros abuelos de manera espectacular. Lo hicieron impactando físicamente en sus vidas.

Esta nueva tecnología que nos invade es menos visible pero impacta en aspectos muy sutiles de la Humanidad. Lo hace sobre la forma en que nos informamos o la forma en que nos comunicamos, nos relacionamos e interactuamos. Cambia incluso la manera en que sentimos y nos emocionamos. En definitiva, se altera nuestra propia interpretación del mundo que vivimos. 

Como consecuencia, se transforman los modelos de negocio y los mecanismos de relación social. Finalmente, entran en crisis las instituciones sociales que heredamos de un mundo completamente distinto y representaron los cimientos en los que se sustentó la convivencia social durante mucho tiempo. El organismo social se tensiona y se acerca a un punto de bifurcación.

Crisis del capitalismo

Una de las primeras instituciones que entra en crisis es el capitalismo. El capitalismo se encuentra muriendo de éxito. Según los fundamentos de este modelo de división social del trabajo, las rentas no consumidas se convierten en ahorro y nutren nuevas inversiones que mejoran la eficiencia de los medios de producción. Todo ello provoca un círculo virtuoso que incrementa el acceso de la población a nuevos y mejores bienes y servicios.

El actual incremento de la eficiencia está siendo exponencial por efecto del desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, así como el de todas las técnicas que se derivan de las mismas: entre otras, la nanotecnología, la robótica y la inteligencia artificial. Esto nos conduce a un nuevo escenario donde los precios se reducen de forma progresiva, rápida e inexorablemente. Es un escenario, por decirlo de alguna manera, estructuralmente deflacionista. Entramos en lo que Jeremy Rifkin denomina la sociedad de coste marginal cero, donde las recetas propias del paradigma económico imperante ya no resultan.

 

Crisis de identidad

Según algunos estudios, el 70% de los actuales alumnos de secundaria van a trabajar en profesiones que aún no existen. Según otras versiones, el 60% de las ocupaciones que tendremos dentro de 20 años (o menos) aún no han sido inventadas.

A esto debemos añadir que ante un entorno incierto y cambiante, las personas deberán habituarse a cambios continuos en su carrera profesional, siendo capaces de adaptarse a diferentes ocupaciones, desempeños y profesiones a lo largo de su vida.

Como resultado de esta nueva realidad, las nuevas generaciones se enfrentan a un escenario tremendo de pérdida de identidad. En efecto, la profesión ha sido tradicionalmente un elemento esencial en la conformación del sentimiento de identidad individual. Al referirnos a San José no decimos que trabajaba de carpintero; de él decimos que era carpintero.

 

Crisis intergeneracional

La incertidumbre que viven las nuevas generaciones da lugar a la siguiente crisis. Por primera vez existe una generación que va a vivir peor que sus padres. Los avances tecnológicos hacen la vida más fácil, pero los progenitores de las nuevas generaciones tuvieron una vida más estable y un acceso más predecible a factores transcendentales como una profesión o la formación de una familia.

La crisis de identidad, la incertidumbre y el peso de la deuda que recae sobre sus hombros, lamina sus expectativas de futuro y provoca grandes dosis de frustración. Así es como brota un sentimiento de rechazo de unas generaciones contra otras. En palabras de Gabriel Masfurroll: “en todas partes hay una lucha entre la renovación y el establishment que lógicamente se resiste a cambiar”.

 

Crisis moral

En el mundo actual la religión está en crisis. Desde el punto de vista del presente artículo, poco importa si las creencias que sustentan nuestras religiones son ciertas o no. A los efectos de lo que estamos analizando, la cuestión relevante es el impacto que tuvo en la humanidad la emergencia de lo que Karl Jaspers vino a denominar el pensamiento axial. Este fenómeno tuvo lugar hace dos mil años aproximadamente. El conjunto de religiones surgido (más o menos) simultáneamente en distintos puntos del planeta, constituyeron los fundamentos de los marcos de relación social, las normas de conducta y códigos de comportamiento de todas las civilizaciones humanas. Sirvieron asimismo como aglutinante de grupos humanos; elementos que vertebraban a las diferentes civilizaciones. De este modo, grandes cantidades de personas eran capaces de movilizarse y comportarse de manera colectivamente eficaz gracias a un acervo de símbolos y creencias compartidas que les movían en una misma dirección.

El declive de las religiones nos trae algo más que una crisis de espiritualidad. Nos trae profundas consecuencias desde el punto de vista de la evolución de nuestra civilización.

 

Crisis del dinero fiduciario

Existe otra institución heredada del Siglo XX que se encuentra atravesando una profunda crisis. Me refiero al dinero fiduciario. Para los economistas de la Escuela Austríaca el dinero fiduciario es, en realidad, un sustitutivo del dinero, en el sentido de que, lo que no tiene valor de uso, no puede tener estrictamente la consideración de dinero real. El dinero fiduciario no tiene una contrapartida real. Cuando creamos dinero artificialmente fijamos como contrapartida una serie de compromisos futuros de pago. De este modo, la impresión de dinero legal comporta la creación de deuda.

3617706196_813634952fSiguiendo la ortodoxia del paradigma económico actual, los bancos centrales están tratando de combatir la deflación para activar el crecimiento económico. Para ello crean cantidades crecientes de dinero. Sin embargo, cometen un error de principio. Cierto, están tratando de corregir un fenómeno de carácter tecnológico –la reducción de los costes provocada por el incremento exponencial de la eficiencia– con medidas de política monetaria. Ese esfuerzo es vano. No se puede compensar un efecto tecnológico estructural con un mecanismo de una naturaleza completamente diferente. En el camino, se está generando una burbuja de deuda que nunca se podrá devolver. El sistema colapsará. Cada nueva burbuja es mayor, su efecto dura menos, tiene un impacto menor en el crecimiento económico y sus efectos colaterales son mayores.

 

Concluimos

Una realidad histórica no se explica desde una sola causa. Los entornos complejos no se pueden interpretar con explicaciones simples. Por otra parte, la realidad no es lineal. Estas siete causas que explican el mundo que vivimos interactúan entre ellas de forma dinámica, de tal modo que incrementan la complejidad de nuestro particular universo. Surgen así realidades nuevas que subyacen a fenómenos emergentes como la economía colaborativa, la aparición de nuevos modelos de distribución o el surgimiento de nuevas ideologías.

Cuando repaso mentalmente estos siete elementos no dejo de sentirme abrumado. Ciertamente tenemos ante nosotros una ingente tarea para reconstruir el organismo social. Tan importante como desarrollar nuevas soluciones tecnológicas es abordar la importancia de edificar nuevos mecanismos de interacción social que resulten más eficaces y más justos. Un número creciente de personas con necesidades especiales de apoyo van a requerir que las organizaciones sociales den un paso al frente y construyan nuevos modelos de instituciones para el siglo digital.

 

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Un mundo feliz

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Ese es el título de la novela escrita por Aldous Huxley en 1931. Se trata de una distopía que ha pasado a ocupar, por méritos propios, un lugar entre los clásicos de la literatura mundial.

Un mundo feliz desarrolla su acción durante el Siglo XXVI. Los seres humanos son producidos en laboratorios que los configuran genéticamente para pertenecer a una determinada casta. Carecen de padre o de madre y el concepto de familia es fuertemente rechazado. Todos pertenecen al organismo social. Desde su más tierna infancia son sometidos a técnicas psicológicas fuertemente conductistas para condicionar su comportamiento. Esas prácticas no solamente condicionarán su conducta sino que lo harán, incluso, con sus propias creencias. Su interpretación de la realidad será impresa en su subconsciente a través de un proceso perfecta y sistemáticamente ejecutado.

La tecnología ha permitido evitar las enfermedades y combatir el envejecimiento. La gente vive sana hasta la hora de su muerte y no conoce la senectud ni la enfermedad. El desarrollo social y tecnológico provee a los humanos de una vida sin sufrimiento. La sociedad perfectamente organizada dispensa a los individuos todo lo que precisan para una vida placentera. Provee incluso de aromas y percepciones sensoriales.

CEem28SWAAAkcqmEs un mundo esencialmente estable, en el que los seres humanos desconocen el significado de la incertidumbre y de la ansiedad. Disponen de una droga para su uso continuado con la que combaten cualquier atisbo de incomodidad emocional. Observamos la influencia en el autor de tres campos que tuvieron una importante relevancia durante el siglo XX: biotecnología, drogas y conductismo.

Ante la falta de tensiones, las personas se someten periódicamente a un tratamiento de choque para generar la adrenalina que el cuerpo humano necesita. Unos años después Von Bertalanffy advierte la misma realidad en su Teoría general de los sistemas: “en condiciones de reducción de tensiones y satisfacción de necesidades biológicas aparecieron nuevas formas de trastorno (…) originadas no en pulsiones reprimidas, necesidades insatisfechas o stress, sino en la falta de significado de la vida”.

Un mundo feliz describe un mundo sin enfermedad y estable. Pero también un mundo sin los rasgos que caracterizan a los seres humanos. Un mundo sin amor, pasión, ni creatividad. Los seres humanos han sido despojados de lo que más los caracteriza: la búsqueda de aquello que dota de sentido a la vida.

La realidad es que no podemos suprimir el sufrimiento, la incertidumbre o la enfermedad. Como bien advirtió Von Bertalanffy el desarrollo social y tecnológico trae consigo nuevas complicaciones en un proceso recursivo que no tiene fin. Pero podemos vivir la vida con pasión, plantarle cara con valentía y dotarle de un sentido.

Huxley escribió esta distopía en 1931 impresionado por el creciente poder de la ciencia y la tecnología. Su obra es una advertencia sobre los peligros de la deshumanización. Piensen ustedes en lo que la tecnología ha avanzado desde entonces. Pero seguimos siendo humanos. Está en nuestras manos la creación de organizaciones sociales que nos ayuden a enfrentar este inmenso desarrollo tecnológico. Con respeto a nuestra condición humana.

¿Quién soy en mi cabeza?

Redes neuronales

Nunca olvidaré cuando por primera vez cayó en mis manos “Tokyo ya no nos quiere” de Ray Loriga. Una sociedad donde se podía comprar una droga que conseguía borrar aquellos recuerdos que quisiéramos eliminar de nuestra mente. ¿No es increíble?

Mi interés por el fascinante campo de la memoria me llevó a hacerme estudiante interno en el departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cádiz, donde la Profesora Ana Navarro trabajaba en una nueva hipótesis: postulaba que los procesos de la memoria y las enfermedades neurodegenerativas estaban relacionadas con el estrés oxidativo y los radicales libres a nivel mitocondrial.

Ese mismo año comenzamos con neurología, y toda mi percepción sobre la psiquiatría comenzó a cambiar, y la dualidad “Body-Mind” que tanto se defendía se convirtió en un gran conflicto.

Durante toda mi formación en psiquiatría esa dualidad “Mente-Cuerpo” tenía cada vez menos y menos sentido. Esto me llevó a especializarme en Neuropsiquiatría, para así poder cuestionar este modelo con el que siempre he estado en desacuerdo.

Descartes localizaba el alma en la glándula pineal y aludía que el alma no poseía memoria, pero precisaba de la estructura del cerebro para que el ser humano pudiera guardar sus experiencias. Así cuando el alma necesitaba recordar algo enviaba una vibración desde el conarium y retraía los recuerdos.

William James en el siglo IXX ya nos hablaba de una memoria primaria y una memoria secundaria. Freud defendía una memoria subyacente que llevaba a los “Slips” del día a día y más enclavada en el subconsciente. Eric Kandel, psicoanalista y neuropsiquiatra, realizó numerosos estudios sobre el hipocampo y su involucración en los procesos de recordar y olvidar.

Y así hasta la neuropsiquiatría actual y la investigación de las diferentes variantes de Trastornos de Memoria Clínica de los Profesores Michael Kopelman y Anthony David, de los cuales he tenido el privilegio de aprender mucho.

A menudo, en cenas con amigos, en situaciones sociales, como nos acontece a todos, nos preguntan sobre nuestra profesión. Pregunta que encuentro muy difícil de contestar personalmente. Dependiendo de la situación y sin forma consciente cuento diferentes historias; algunas veces soy un neurólogo al que le interesa la psiquiatría, otras un psiquiatra con interés en neuroanatomía, y la mayoría de las veces soy neurólogo y psiquiatra. Creo que esta última es la que mejor funciona. ¡La necesidad de dar más explicaciones acaba pronto!

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Pero me niego rotundamente a decir que la Neuropsiquiatría trata problemas de salud mental derivados de un problema neurológico. ¡Esta es la gran blasfemia de nuestra profesión! Y así tal cual, es como se define la Neuropsiquiatría de nuestros tiempos.

Cuando intercambiamos conversaciones de pasillo con compañeros, éstos rápidamente te comentan si la consulta o guardia ha sido buena dependiendo del número de ciertas patologías que hayan visto. ¡Qué triste, adónde hemos llegado!

Esto me lleva a reflexionar sobre mi práctica clínica. Me hace pensar en pacientes que padecen demencia y su situación familiar y social; en sus familiares tristes, exhaustos y perdidos, o en sus amigos que ya no reconocen.

Pienso en esos chicos jóvenes intentando dar un sentido a su primer brote psicótico, no saber qué decir en el colegio, en la universidad, a sus familiares, a sus amigos, ¿qué contar? ¿Qué no contar?

Dirigiéndonos al XIII foro de innovación social organizado por ATAM con el Dr. Albino Maia, neuropsiquiatra de la Unidad de Neuropsiquiatría del Centro Clínico Champalimaud en Lisboa, conversamos sobre la psiquiatría moderna y la necesidad no sólo de cambiar los conceptos sino también la necesidad de “reinventar” tanto los servicios como las intervenciones que ofrecemos a nuestros pacientes.

Tanto en neuropsiquiatría como en psiquiatría general tratamos pacientes con diferentes problemas como: psicosis, depresión, ansiedad, enfermedades neurodegenerativas, deterioro cognitivo asociado a enfermedades como el lupus, el párkinson, esclerosis múltiple, epilepsia, etc. Problemas de adicciones, al igual que  problemas psicosociales.

Hasta ahora los servicios de Salud Mental que prestamos a nuestros usuarios están basados en el conocimiento y la pericia del profesional que está enfrente del paciente, lo que hace que la calidad del cuidado recibido difiera entre diferentes consultas y por su puesto entre diferentes centros y hospitales.

Ahora gracias a la tecnología, disponemos de un número inmenso de datos de salud sobre nuestros usuarios. La pregunta es cómo trasformar estos datos en información que nos permita mejorar los sistemas de Salud Mental.6914441342_775b4ab9a7_o

Desarrollando técnicas de proceso de información más sofisticadas que nos permitan analizar nuestros registros electrónicos de salud, de una forma eficiente, podremos mostrar qué modelos funcionan mejor, con mejores resultados para nuestros pacientes, y quizás cuáles son más costo-efectivos.

Hasta ahora el acceso a Salud Mental esta centralizado según la localización geográfica del paciente, en los  centros y hospitales que proporcionan el cuidado en Salud Mental y en guías de manejo de cuidados y tratamientos a personas “etiquetadas” con una determinada enfermedad.

Si logramos trasformar estos datos en información accesible podremos entender ciertos patrones que ya existen de una forma mas precisa, como por ejemplo qué servicios o intervenciones son más factibles que funcionen para cada usuario, y así diseñar programas constantes, individualizados y centrados en cada paciente. Esto nos sirve, por ejemplo, para conocer qué pacientes es más probable que se beneficien de un determinado programa de rehabilitación neurocognitiva, etc.

Actualmente los sistemas de Salud Mental fallan con cierta frecuencia a sus usuarios. El acceso a estos servicios es limitado, la espera resulta significativamente alta, la adherencia a intervenciones y tratamientos suele ser pobre y, por último, seguimos batallando no sólo con la enfermedad mental sino también contra el estigma asociado a la misma.

Tenemos que abandonar esa dualidad “Body-Mind”, tenemos que dejar de ser neurólogos, psiquiatras, neuropsiquiatras, neurofisiólogos y cualquier otro nombre que en cualquier cena de amigos nos queramos inventar. Tenemos y debemos entender el cerebro humano como parte de una persona individual y única, con un entorno propio en su comunidad y su sociedad singular.

Es la hora de usar la tecnología a favor de la psiquiatría. ¡Es hora de cambiar!

Las 14 condiciones para la organización social del mundo digital

Social Media

En artículos anteriores hemos puesto énfasis en el formidable incremento de la complejidad que experimenta el mundo que vivimos. Quienes gestionamos organizaciones sociales habremos de familiarizarnos con este nuevo mundo exponencialmente más complejo.

Los patrones que rigen la complejidad aplican tanto a los organismos biológicos como a los organismos sociales. Consecuentemente, si queremos comprender cómo podemos desarrollar una organización que resulte eficaz en un entorno complejo, conviene que nos fijemos en cómo la Naturaleza afronta y resuelve el hecho de la complejidad. Para el profesor Malik, las escuelas de negocio deberían enseñarnos algo más que técnicas de planificación y control o finanzas. Para interactuar con entornos complejos debemos realizar una aproximación a ciencias como la biología, la biónica o la cibernética. A la propuesta de Malik yo añadiría otros campos del saber, como la termodinámica y la teoría general de sistemas.

En la medida que profundizamos en estas materias y descubrimos cómo funcionan los organismos eficientes en la Naturaleza, podemos deducir cuáles son las condiciones que habrán de reunir las organizaciones sociales para resultar eficaces en un entorno complejo. En Vivelibre las hemos estudiado y del análisis han surgido 14 características esenciales.

1.- Evolución

Vivimos en un entorno de cambio continuo. Nuestra realidad se transforma constantemente. El crecimiento exponencial de la potencia de la tecnología está provocando una profunda transformación del mundo que vivimos. El entorno en el que nos desenvolvemos cambia de forma cada vez más rápida y más profunda.

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Necesitamos organizaciones capaces de adaptarse continuamente a un medio en permanente cambio y transformación. Ya no nos vale la mejora continua o una mera reingeniería de procesos. Los tradicionales procesos de cambio se tornan insuficientes. En muchas ocasiones se precisa una verdadera evolución en la genética de la organización, con objeto de transformar modelos industriales en organizaciones propias del mundo digital.

2.- Dinamismo

De la primera característica se deduce que necesitamos organizaciones dinámicas, capaces de moverse con agilidad. Esto comporta actuar sobre los elementos estructurales y organizativos de la institución, pero ante todo tendremos que actuar sobre los elementos más intangibles. El ser humano cuenta con una doble dimensión; es un ente biológico pero a su vez una realidad cultural. Transformar una organización diseñada para actuar en entornos estables para ser eficaz en un mundo dinámico requiere modificar nuestros procesos, pero también cultura, nuestra forma de hacer las cosas, nuestras pautas de comportamiento y nuestras creencias.

3.- Flexibilidad

Convertirnos en una organización dinámica exige altos niveles de flexibilidad. Por flexibilidad entendemos lo que siempre hemos interpretado como tal en el mundo del management, esto es, la capacidad de adaptarnos a los requerimientos del cliente, diseñando soluciones a la medida de sus particulares necesidades.

No obstante, en el momento que vivimos actualmente, el concepto de flexibilidad alcanza también una segunda dimensión, en tanto en cuanto habremos de ser flexibles en nuestra capacidad de adaptarnos a las nuevas exigencias del nuevo mundo digital que se transforma continuamente.

4.- Capacidad de aprender (y de desaprender)

Evolucionar, esto es, mutar, comporta hacer las cosas de otra manera, y requiere cambios en nuestra cultura. Asimismo, es preciso hacer esto de forma muy rápida. Necesitamos por tanto organizaciones capaces de aprender muy rápidamente.images

No obstante, no podemos pasar de ser una organización de la sociedad industrial a convertirnos en una organización del mundo digital si no dejamos de hacer algunas (o muchas) cosas de las que hacíamos antes. Tenemos que dejar de hacer las cosas como las hacíamos antes. Consecuentemente tenemos que provocar un cambio en nuestras creencias, nuestros apriorismos y nuestros prejuicios. En definitiva, tenemos que cambiar nuestra visión de la realidad en lo que al trabajo se refiere. No solamente tenemos que aprender cosas nuevas, sino que es un requisito previo desarrollar la capacidad de desaprender.

5.- Creatividad

Como diría el científico húngaro Ervin Laszlo, el cosmos es un lugar esencialmente creativo. La vida es un acto continuo de creatividad. Tanto evolucionar como aprender, esto es, transformarse, comporta altas dosis de creatividad. Las organizaciones que pretendan sobrevivir habrán de ser altamente creativas.

6.- Tamaño

La necesidad de alcanzar el dimensionamiento adecuado es un axioma básico en la gestión empresarial. Hoy más que nunca es un elemento que debemos mantener presente. Sin embargo, el tamaño tiene hoy un significado profundamente distinto.

En el mundo industrial que hoy recesa nos movíamos conforme a un paradigma que potenciaba las economías de escala; hablar de tamaño llevaba implícito hablar de grandes volúmenes. Sin embargo, cuando hoy hablamos de tamaño nos referimos a lo contrario. Una organización dinámica, flexible, creativa y con alta capacidad de respuesta ante los cambios del entorno habrá de ser necesariamente pequeña. Como dijera el célebre López de Arriortúa todavía en el siglo pasado: “en el Siglo XXI el pez rápido se comerá al pez lento”.

7.- Recursividad

Una entidad pequeña habrá de tener por naturaleza una capacidad limitada de dar respuesta a las necesidades de la gente. Necesitaremos por tanto encontrar el modo de escalar la acción reproduciéndola muchas veces, de modo que lleguemos a todas las personas que nos necesitan.

Para ello, desarrollaremos una nueva cualidad: la recursividad. De este modo seremos capaces de replicar los mismos modos organizativos, los mismos procesos, pautas de intervención, paradigmas y principios que dan lugar a una forma única de entender la intervención sobre las personas con necesidades especiales de apoyo y sus familias. Imitando a la Naturaleza, crearemos una realidad holográfica, creciendo en círculos concéntricos y conformando una realidad que se reconoce a sí misma.

8.- Identidad

Surge por tanto como consecuencia de la anterior una nueva característica esencial a la que llamamos identidad. Nuestras organizaciones deben estar dotadas de una identidad fuerte. Las señas de identidad son mucho más que un ejercicio de marketing o de comunicación. Nuestra identidad se configura a través de una forma única de hacer las cosas que surge de nuestra verdadera fuente de valor: nuestros principios.Fingerprint_picture.svg

La sociedad debe ser capaz de identificarnos de una forma clara por el valor que aportamos a las familias y por el papel que nuestra entidad juega en la sociedad o, en su caso, en el mercado.

9.- Autenticidad

La derivada lógica de la anterior se llama autenticidad. Hoy en día la sociedad cuenta con un ejército de expertos en marketing y comunicación. Normalmente, todos reproducen los mismos clichés, se expresan conforme a los mismos patrones y utilizan las mismas muletillas. Da igual si prestan servicios sociosanitarios o venden refrescos: todos producen calidad de vida y quieren hacerte feliz.

De este modo, el lenguaje se vacía de contenido. Las palabras pierden su significado. Como dijera Confucio, cuando las palabras pierden su significado las personas pierden su libertad.

Nuestras organizaciones deben ser auténticas. No debemos dejarnos llevar por el “mainstream” de la comunicación o por lo generalmente aceptado. Debemos hacer aquello en lo que creemos y comunicar lo que pensamos. Si es preciso seremos disruptivos, pero nunca caeremos en la trivialidad.

10.- Cibernética

La cibernética fue desarrollada fundamentalmente por Norbert Wiener a mediados del pasado siglo XX. La cibernética es la ciencia de la retroalimentación. También podemos interpretarla como la ciencia que trata de la interacción del individuo (o la máquina) con el medio. Lógicamente, la cibernética tiene mucho que ver con el intercambio de información.

Una organización que interactúa con un entorno complejo requiere ser necesariamente cibernética. Todas nuestras organizaciones acostumbran a registrar información sobre el entorno. No obstante, ser una organización cibernética significa centrarse en aquellos datos que provocan un cambio en el estado de las cosas. En nuestro caso, en el estado del usuario y en el estado de la relación del usuario con nuestra sistema operativo.

11.- Sensibilidad

Una entidad cibernética comporta dotarse de una especial sensibilidad. Las organizaciones cibernéticas habrán de ser particularmente sensibles para detectar los cambios en el entorno. Lo primero que nos sugiere esta cuestión es que necesitamos sensores, esto es, medidores de la realidad.

No obstante, la sensibilidad de la que hablamos alcanza un significado mucho más profundo. No solamente necesitamos sensores sino también sistemas avanzados de tratamiento de la información, procesos, sistemas operativos y modelos organizacionales adecuados a esta forma de entender nuestra actividad. A todos estos aspectos de carácter logístico y operativo debemos añadir otro elemento esencial: la cultura. En efecto, necesitamos desarrollar en nuestras organizaciones personas dotadas de una cultura alineada con esta interpretación de la realidad, esta forma de hacer las cosas y, ante todo, comprometidas con nuestros valores. La sensibilidad es una cuestión de sistemas y de personas.

12.- Complejidad

“El crecimiento del desarrollo social depende de que las sociedades sean más grandes, más complicadas y más difíciles de gestionar”. La cita es de Ian Morris. Cuando el mundo en el que vivimos se vuelve mucho más complejo, necesitamos dotar a las personas de soluciones sencillas. Sin embargo, hacer esto comporta la paradoja de tener que desarrollar sistemas organizativamente mucho más complejos.

Los organismos complejos desarrollan propiedades emergentes. Esto significa que el organismo está dotado de unas propiedades que son más que la mera suma de las partes. De la interacción dinámica de sus partes surgen propiedades que son distintas de las de sus partes constituyentes.

Para reconocer nuestras propiedades emergentes Malik nos propone el concepto de fuente de valor (“source of value”). En nuestro caso, la fuente de valor de nuestras propiedades emergentes se encuentra en todo ese acervo de principios, valores y paradigmas que definen nuestra forma de abordar la intervención sobre las personas con discapacidad y sus familias, y producen un resultado que es mucho mayor que la suma de las especificaciones del servicio.

Hablamos de conceptos como el paradigma de los apoyos, el principio de autodirección, el paradigma de las capacidades humanas, los principios de inclusión y participación social, el modelo de calidad de vida o la planificación centrada en la persona. Son esas creencias que nos dotan de una fuerza y una convicción cuando realizamos nuestro trabajo que nos hacen ser mucho más competitivos: esto es, hacer las cosas mejor.

Puede haber quien hable de estos conceptos teóricamente, incluso quien los utilice como instrumento de marketing, pero pocas entidades las aplican de forma auténtica, y todas las que lo hacen provienen del mundo de las discapacidad o de las organizaciones de pacientes. Todo esto tiene mucho que ver con una palabra: compromiso.

13.- Universalidad

Jeremy Rifkin nos habla de la enfermedad singular. En el futuro dispondremos de una información tan asombrosamente amplia y detallada del estado de salud de cada persona que ya no hablaremos de enfermedades genéricas, sino que cada persona comportará, por así decirlo, una enfermedad en sí mismo. En realidad, lo volveremos por pasiva, y cada persona comportará una descripción de su estado de salud. Esta descripción incluirá información amplia y muy diversa, entre la que se encontrará la descripción de su genoma. La información puramente biológica se completará con otras de carácter psicosocial o medioambiental.

Consecuentemente, en el mundo digital avanzamos hacia la individualización absoluta. Esto va traer una transformación radical del sector de atención personas por el lado de la oferta, hasta ahora orientado la gestión de segmentos de mercado.

Las organizaciones sociales del mundo digital prestaremos servicios universales. Todas las personas recibirán el mismo servicio. Sin embargo, un proceso absolutamente individualizado proveerá una solución diferente a cada persona. Un mismo servicio; una solución diferente.

14.- Complementariedad

Nuestras organizaciones se comportan como sistemas disipativos. Los sistemas disipativos son organismos estructuralmente cerrados pero energéticamente abiertos. Hablamos de organismos que intercambian constantemente energía con el entorno. Así habrán de ser nuestras entidades: capaces de intercambiar energía. Como dice Peter Atkins (El dedo de Galileo), “la energía es verdaderamente la moneda de la contabilidad cósmica”.

Por lo tanto, una estructura disipativa es una entidad cooperadora. La implicación más profunda es la necesidad de desarrollar redes de colaboración para encontrar modelos donde todos intercambiemos energía y nos complementemos mutuamente.

 

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Futuro Singular 2015 en Casa de América, Madrid

Futuro Singular: El nuevo paradigma de las organizaciones sociales

¡Gracias a todos los que participaron en este evento en 2015!

El jueves 19 de noviembre de 2015 celebramos el primer evento denominado “Futuro Singular”, una jornada abierta al público donde se reunieron expertos en inteligencia artificial, telemedicina, genética molecular, ingeniería biomédica y neurociencia. Se trataron los avances en el conocimiento del cerebro y su relación con las enfermedades neurodegenerativas; las propuestas de mejoramiento humano conocidas como transhumanismo y la tecnoética; las posibilidades que ofrecen los modernos análisis genéticos, y otros temas apasionantes.

Entre otros, se contó con la participación de Javier de Felipe, neurocientífico, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y actualmente co-director del “Human Brain Project” de la Comisión Europea.

Durante el evento se pusieron en común distintos enfoques y reflexiones sobre el futuro de las organizaciones que se dedican a la atención a las personas con discapacidad y, en general, a los colectivos con necesidades especiales de apoyo.

 

El programa del evento:

http://vivelibre.es/futurosingular/pdf/Programa-Evento-Futuro-Singular-2015.pdf

Página de Facebook:

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¿Quién decide el nombre de un avión?

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Estás de suerte, un ejercito entero está dispuesto a ayudarte en la batalla de la conquista del mercado.

A Sun Tzu, el general chino autor de El Arte de la Guerra el tratado de estrategia militar y empresarial escrito en el siglo sexto antes de Cristo, esto le hubiera sonado a música celestial. Un ejército entero dispuesto a ayudarte con el único propósito de que ganes la batalla. Bienvenido sea.

Vueling lo descubrió y utilizó este comodín. Hasta ahora el nombre de los aviones lo decidía el director general, el presidente, el ingeniero de nombres o sabe Dios quién. El último de su flota lo decidieron sus clientes, a través de Facebook y por votación. En esta escaramuza contó con la ayuda de sus viajeros.

Tus consumidores están dispuestos a ayudarte, pero para ello piden algo difícil de lograr; que les escuches.

Las empresas gritan, interrumpen películas, cortan artículos pero no escuchan. Lanzan sus productos, fijan los precios, los pintan bonitos, los empaquetan para que supuestamente te gusten, pero no escuchan.

Escuchar requiere una preparación, una entrega, un entrenamiento y un gran esfuerzo de humildad. Dile tú al director financiero que a partir de ahora serán los clientes, por votación, quienes decidan el precio final de los productos. Dile al director de diseño de los coches que ha estudiado aerodinámica durante diez años en Nueva York y cinco más de ergonomía en los estudios de Pininfarina que a partir de ahora son los compradores los que van a tomar la última decisión de como lucirá ese nuevo automóvil al lanzarse al mercado.

¿Pero qué sabe ese tío de Cuenca de diseño y aerodinámica? pensará el príncipe destronado.

El director de poner nombre a los aviones en Vueling no debió tener tanto reparo en aceptarlo y la verdad es que a mí el nombre Air Force Juan, me parece original, distinto y divertido.

No es el hombre de Cuenca, es la masa, es el conjunto, es el colectivo. Los ingleses le llaman crowd, nosotros tenemos más palabras en español.

Por mucho que sepas, por mucho que hayas estudiado, por muchos años de experiencia que tengas, nadie sabe tanto como un puñado de clientes que al fin y al cabo van a decidir dónde gastan su dinero. Y si tú no eres el elegido, debes saber porqué o buscar otro trabajo.

Estamos en una época de cambios, y entre ellos, un superconsumidor digital, la figura del prosumidor (productor y consumidor), o el crowdsourcing y crowdfunding están creando la sociedad de coste marginal cero, y esto obliga a no quedarte impasible a observar o peor aún considerar que nada va afectar a tu empresa, a tu mercado o a tu negocio.

Veamos algunas industrias.

En turismo se han convertido en jugadores clave, AirBNB, Tripavisor, ElTenedor, Trivago, Hotels24, Booking o ClubKviar. En transporte, Uber, BlablaCar, el coche sin conductor de Google o los aviones con wifi abierto para los pasajeros de Norwegian. En seguros y finanzas, Kickstarter, IndieGoGo, Rastreator o Next Seguros los seguros que se pagan según lo que uses el coche. En publicidad y medios de comunicación, Twitter, Huffington Post, El Confidencial

Podríamos seguir viendo otros sectores, está afectando a todos. Esto no es lo más importante, lo importante es que hace cinco años todos estos jugadores prácticamente no existían.

Entre las consecuencias de que los clientes empiecen a decidir y participar activamente en las empresas podemos empezar a identificar algunas:

1.- Las que adopten mecanismos de escucha y tomen decisiones basadas en estos, se quedarán con el control de sus mercados. Vendan hamburguesas o chaquetas.

2.- Las que jueguen con sus clientes, para fomentar su participación, conseguirán unas mejoras en eficiencia que las harán muy rentables.

3.- Las mejoras en costes y la digitalización de procesos hará que los costes de producción en muchos sectores tiendan a cero. Energía autoproducida con células solares de inmensa potencia, baterías interminables, conexión de datos de altísima velocidad segura, abierta y gratuita. Impresoras en tres dimensiones capaces de fabricar berenjenas (como sé que no me vas a creer, te recomiendo que leas el artículo enlazado) o un chuletón de buey. Sin colesterol, sin pesticidas, sano y nutritivo.

4.- Las empresas que no se abran a sus clientes, no escuchen activamente, no les den el bastón de mando, desaparecerán.

5.- Aquellas que opten por estrategias de presión para fomentar las leyes de prohibición frente a nuevos modelos de negocio, se darán cuenta de que han perdido la guerra, el único ejército invencible es el de los clientes.

Deja de gritar y empieza a escuchar.