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Aprendiendo a mirar

Vista a través de estructura metáilca de colores

Todos los días, a cada instante, establecemos relaciones, vínculos que van conformando nuestra vida, moldeándonos hasta convertirnos en quienes somos; vivencias que nos permiten ir evolucionando, creciendo a cada paso. Y no hablo solo de relaciones humanas –que también–, sino de aquellas experiencias que la propia vida nos va poniendo en el camino, a veces como una opción pero muchas otras de forma impuesta, sin más alternativa que la aceptación: sabemos que hemos de afrontarlas, aprender a convivir con ellas, ¡sin más! Y toda relación, si queremos que tenga futuro, precisa de nuestra actitud, de altas dosis de generosidad, tolerancia, paciencia… máxime cuando se trata de un vínculo que sabemos nos va a acompañar toda la vida.

A mí me sucedió con ella: la discapacidad. Pertenece a ese tipo de relaciones que no se eligen, que llegan a tu vida cuando menos te lo esperas, como ocurre con otras realidades: la enfermedad, la muerte, un accidente…

Sabemos que están ahí, que existen, pero solemos ignorarlas, pensar que es a otros a quienes le ocurren. Y cuando se presentan, naturalmente lo hacen sin anunciarse. Nosotras nos conocimos en el momento más dulce, más feliz de mi vida: acababa de estrenarme como madre. Llegó literalmente con Ángel, mi hijo mayor. Podría decirse que supo de mí antes que yo de ella, porque fue en mi propio vientre que ya se instaló en su vida, y por tanto también en la mía. La discapacidad formaba parte de su código genético, de su identidad, junto a otras características que lo hacían único: sus rizos, su sonrisa, el color de sus expresivos ojos… Y, por supuesto, venía para quedarse.

Con seis meses Ángel fue diagnosticado de una grave enfermedad que afectaba a su desarrollo neurológico y que mantuvo seriamente comprometida su vida durante meses. No fue cuestión de soberbia, tampoco de prepotencia, que en medio del tsunami que arrasó nuestras vidas, no le prestara atención a su discapacidad, ocupada como estaba en la supervivencia de mi hijo. ¡Cómo no reconocer que durante un tiempo la temí, que me sentí invadida por mis propios miedos! ¡Cómo no admitir mi enorme impotencia como madre por no ser capaz de cambiar su realidad! ¡Claro que me enfadé con ella por haberse fijado en mi pequeño hijo y no en mí! Y fue precisamente Ángel, un ser lleno de luz, tan pequeño y ya tan grande, la persona más valiente que jamás he conocido, con su actitud, con sus enormes ganas de vivir, quien me enseñó a mirar de frente nuestra nueva realidad, con naturalidad, como parte de sí mismo.

No resultó fácil sobrevivir a la ola gigantesca que supuso aquel duro diagnóstico en mi interior. La vida nos había citado a los tres en aquel escenario, poniendo a prueba nuestra resistencia. Aparentemente todo continuaba en su sitio, y sin embargo lo habíamos perdido todo, todo menos el amor que sentíamos por nuestro hijo; el amor y la esperanza se convirtieron en nuestra energía. Desde el principio fui consciente de la gravedad de su lesión cerebral. Sabía que habría muchas cosas que nunca podría hacer, pero sabía también que Ángel tenía sus capacidades, que por pequeñas que fueran eran el Todo que él tenía.

Su alta hospitalaria fue devastadora; un pediatra con un mínimo de empatía nunca habría pronunciado aquellas palabras…eran innecesarias, sólo añadían más dolor al dolor. Nunca hubiera deseado que me mintiera, ni siquiera que tuviera la sensibilidad que lo delicado de la situación requería, pero hubiera dado cualquier cosa por no escucharlas: “lo más probable es que su hijo se muera y, si no, será un vegetal”. Aquellas palabras negaban la dignidad de mi hijo, y con ello su humanidad. Reflejaban la invisibilidad a la que se relegaba a las personas con diversidad, en unos años ochenta en que la discapacidad prácticamente sólo se contemplaba desde el ámbito médico y socialmente estaba estigmatizada.

Pero en medio de aquella nada también encontramos luz. Conocimos a Javier Cairo, su médico rehabilitador, la primera persona que creyó en Ángel. Así fuimos sumando amigos, personas que han dejado su huella en él, ayudándole a ser quien es: vida y verdad absoluta. Un joven con trastorno del espectro autista, asociado a una severa discapacidad psicomotriz. Pero ante todo un ser humano con su propia personalidad, de buen carácter, alegre, cariñoso, dotado de una admirable capacidad para confiar en las personas que están en su vida; con una dignidad tan rotunda que no deja de sorprenderme la armonía que ha alcanzado entre su fragilidad y la naturalidad con que acepta los apoyos. Diferente, sí, como yo, como todos. Todos somos diferentes en intereses, ritmos, cultura…pero nadie es quien para decidir qué vida es más o menos digna de ser vivida; a todos nos iguala el derecho a ser diferentes.

Por eso quiero para mi hijo lo mismo que deseo para cualquier persona: que sus derechos no dependan de mis reivindicaciones, ni siquiera de mi existencia. Quiero una sociedad inclusiva en la escuela, en la calle, en el trabajo, en el ocio… Y todos somos responsables de construirla, porque una sociedad que mira hacia otro lado, que hace distingos entre mayorías y minorías, es injusta consigo misma, está condenada a deshumanizarse. Hemos de aprender a mirar sin prejuicios, aceptar que todos somos frágiles, que la perfección no existe, solo el afán de mejorar.

Y en ese afán por que mi hijo tenga su lugar en el mundo, no solo estamos su familia, él ha creado sus propios vínculos en Aspanaes, donde día a día comparte proyectos e ilusiones con sus amigos. Y puedo afirmar que Ángel es una persona feliz, y a su lado naturalmente también yo soy feliz; tenerlo en mi vida me ha enriquecido como persona. Siento una enorme admiración por él, y sé que lo sabe, porque ha crecido sintiéndose querido y respetado, escuchando palabras de suerte. Porque hay palabras positivas que curan, que salvan; que solo con ser escuchadas pueden subir nuestra autoestima. Y hay también palabras con una enorme carga negativa, que a fuerza de pronunciarlas, de escucharlas, corren el riesgo de etiquetar y estigmatizar a las personas, excluyéndolas, limitándolas, cosificándolas y reduciendo a un compartimento estanco el amplio universo de cualidades que la identifican y la hacen única.

Me gustaría que fuera Ángel y no yo quien pudiera relatar su historia, sus vivencias… ¡Tendría tanto que contar! Pero las palabras no están en su lenguaje. Está acostumbrado a escuchar nuestras voces, le gusta que le hablen, y también él tiene voz: con ella a veces emite sonidos llenos de ritmo, sonidos en los que se regodea, que iluminan su dulce rostro. Entonces nos quedamos todos en silencio, quizás para intentar atrapar la magia del momento. Otras veces nos sorprende con el tarareo de una canción: le encanta la música. Pero su cerebro no sabe cómo construir las palabras. Aun así, me niego a afirmar que Ángel carece de lenguaje, ¡ni mucho menos! El suyo es el lenguaje de las sensaciones, y lo domina como nadie: una mirada suya, un abrazo, son pura comunicación, llegan donde mis palabras alcanzan su límite.

Procuro traducir al dictado de sus elocuentes miradas, de su silencio, segura de que nunca me juzgará, que siempre aceptará, paciente y confiado, mis decisiones, como los seres sabios e inteligentes, que saben delegar. En una palabra: Ángel confía. Y a su manera, sabe que esta confianza que deposita en los que le rodean es fundamental en su vida, sin ella viviría perdido.

Y como quiero para mi hijo toda la luz, que nunca se sienta perdido, convencida de que cada pequeño gesto puede contribuir acrear un mundo más inclusivo, me decidí a publicar La mirada de Ángel1un libro que contiene las cartas que entre su infancia y adolescencia le fui escribiendo a mi hijo. Nunca imaginé que compartir mis vivencias me traería de vuelta tantas emociones, tanto respeto y tanto cariño.

1 FERNÁNDEZ VÁZQUEZ, M.L. (2014): La mirada de Ángel, diario de la madre de un niño con autismoIlustraciones de XanEguía. A Coruña: Asociación Participa para la Inclusión Social.

La belleza del cambio

Deja miedos atrás y vuela

Utilizo la pintura como un medio de auto-exploración para convertir fragmentos de mi propia historia personal en mensajes pictóricos concebidos para comunicarme con las personas a mi alrededor sin tener que expresarme verbalmente. Cuando creé la obra Deja miedos atrás y vuela, por ejemplo, yo estaba trabajando para una empresa multinacional de arquitectura, y la rutina estaba aplastando mi espíritu al hacerme olvidar que era un ser humano con sentimientos que no deben ser reprimidos, sino más bien expresados a través de la creatividad y la libertad.

Deja miedos atrás y vuela

“Deja miedos atrás y vuela”

En algún momento, finalmente decidí dejar Panamá y trasladarme a San Francisco, donde la zona de confort que antes me hacía sentir “seguro”comenzó a manifestarse en su forma verdadera, es decir, el eco de una vieja memoria destinada a desvanecerse. Poco a poco la persona dentro de mí se convirtió en una mariposa y todos los temores que había cultivado con el tiempo comenzaron a desaparecer. Sabía con certeza que había tomado la decisión correcta, y no me arrepiento, solo sentí la necesidad de solucionar ese momento de duda y revelación en la superficie de uno de mis lienzos.

Durante mucho tiempo, sin embargo, después de mi partida de Panamá, me sentí atrapado en un puente imaginario, conectando pasado, presente, y futuro, inseguro sobre cómo proceder y cómo alcanzar la luz espiritual que necesitaba para aceptar mi verdadera identidad, y  la confianza requerida para convertir mi necesidad y la pasión por la pintura en un trabajo de tiempo completo. Para expresar los sentimientos de incertidumbre, de suspensión y liberación, pinté la obra Atrapada por sus propios demonios, y escribí esto (a veces escribiendo sobre mis pinturas me ayuda a aclarar su significado):

Atrapada por sus propios demonios

“Atrapada por sus propios demonios”

Una sombra oscura que está al acecho, como un torbellino que traga todo en su camino, convirtiéndose en un túnel oscuro que implícitamente apunta hacia la salida, me mantiene en un estado de aprisionamiento, tanto mental como físico; puedo ver y percibir barras penetrar mi piel, lágrimas sangrado desde mis ojos en un crescendo de  pena y  dolor – la incomodidad de la realidad misma, cuyos reflejos distorsionados son sinónimos de la angustia, la ansiedad y la tortura que evoca sentimientos de añoranza y melancolía en una danza macabra compuesta de esperanzas y sueños rotos.

En San Francisco, me inspiré en gran parte por naturaleza, en particular los árboles. Hice las obras El árbol familiar (que representa a mi propia familia), Nunca renuncies, Mariposa interior y Guia interior.

Nunca renuncies

“Nunca renuncies”

“Nunca renuncies”

Durante una visita a Sonoma, California, me di cuenta de las fortalezas y debilidades de un árbol que encontré al lado de una iglesia, y empecé a verlo como una versión antropomórfica de un ser humano que lleva un gran  peso existencial – A menudo me encuentro viendo las similitudes y diferencias entre los árboles y los seres humanos, y tiendo a ver en estas criaturas arbóreas mi propio deseo de crecer constantemente, cambiar y sentir.                             

“Guia interior”

Guía interior

“Guía interior”

Cuando empecé a trabajar en esta pintura ya estaba en Panamá – Lo hice después de haber sido tomado por un extraño estado de ánimo “Atrapada por sus propios demonios.” – El contorno de todo a mi alrededor parecía tan borroso como en un mal sueño donde el soñador no tiene control sobre lo que está sucediendo y su única salida es dar la vuelta a sus propios miedos en busca de respuestas. En aquel entonces yo estaba en el proceso de dejar de lado lo que me hizo sentir vulnerable y reunir todas mis energías para abrazar la luz (San Francisco), y hacerlo mi nuevo hogar.

 

Alicia en el jardín del arco iris

“Alicia en el jardín del arco iris”

“Alicia en el jardín del arco iris”

Este trabajo representa, para mí, un intento de mirar más allá de ciertos parámetros sociales y abrir mi corazón a nuevas, maravillosas e  inesperadas aventuras. He creado este trabajo después de que me mudé a San Francisco, donde yo era capaz de enfrentar  esas angustias insoportables y deshacerme de estas de una vez por todas a través de la introspección y salpicaduras de color.

 

 

Renacer

“Renacer”

Pienso que podemos experimentar el renacimiento en varias oportunidades a lo largo del curso de nuestra vida, aunque depende de nuestra capacidad de reinventarnos, asimilar los aspectos positivos del cambio y hacerlos nuestros. De vez en cuando me siento en la necesidad de explorar nuevas identidades y lugares, sin embargo he aprendido a no tener miedo y aceptar la transformación como un componente inevitable del universo.

Hice Renacer pensando en el camino que conecta la oscuridad a la luz, el cual tiene el potencial de desencadenar el florecimiento de nuestras propias almas por medio de ráfagas de energía. Este camino nos conduce hacia un mayor sentido de pertenencia individual y colectiva – Un despertar poético y espiritual de nuestro intelecto y nuestros sentidos.

Para mí, la pintura es una forma de conectarme con otros seres humanos. Todo empezó cuando yo era un niño introvertido y el dibujo era todo lo que tenía que expresar mi simpatía hacia los otros en este planeta. Entonces transformé este simple acto de dibujar como un niño a una pasión como adulto. El dibujo se convirtió en parte de lo que soy, una extensión de cómo funciona mi proceso de pensamiento, un medio para explorar el arte, la vida y la belleza.

 

Si no sé que existe, no existe

Innovación tics

Hoy, en el mundo de la globalización, de la información sin fronteras, de las nuevas tecnologías que han permitido grandes avances en todos los ámbitos -como en medicina y en comunicaciones- nos encontramos con que el mayor reto es la difusión: llevar este conocimiento hasta las personas y hacerles conocedoras de la utilidad de estos avances para sus vidas.

Es paradójico que aun teniendo todos los medios a nuestro alcance para llevar esta información a todos los puntos del planeta, la dificultad esté en conseguir que las personas, entre tanta información, puedan conocer aquello que es realmente útil para ellos y que previamente desconocían de su existencia. Que encuentren lo que no buscan, porque no saben que existe.

La eficacia de una herramienta, tecnología, servicio, producto, etc., está ligada en la mayoría de los casos al número de personas que tienen acceso a ellas y lo utilizan. Por tanto, tan imprescindible son los esfuerzos en investigación y desarrollo de diversas tecnologías, cómo la mejora continua aplicada al proceso de difusión, prueba y aprendizaje de su uso e impacto en la vida de las personas.

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No es posible buscar algo que uno no sabe que existe

Por experiencia personal, me considero una persona con habilidad para acceder a la  información (bien sea a través de redes sociales, internet u oficinas de información físicas). Pero no es posible buscar algo que uno no sabe qué existe. Por esta razón los nuevos avances, dirigidos a cubrir necesidades deben hacerse visibles, accesibles, tanto en su uso como  económicamente, para permitir su acceso a todas las personas que lo necesitan.

En la última década estamos presenciando como los importantes avances en tecnología llegan directamente a las personas para cubrir una serie de necesidades básicas, de cualquier tipología, que facilitan la realización de actividades, la participación en la sociedad, o cubren carencias en la movilidad, la comunicación, la información y el ejercicio de los derechos. Esto cobra mayor relevancia cuando se genera impacto sobre la vida de una persona con discapacidad, o de una persona en situación de dependencia, o simplemente en cualquier persona que de modo temporal se encuentre con circunstancias limitantes; mejorando sus capacidades, o eliminando las dificultades.

Necesitamos organizaciones en las que confiar y que ofrezcan una visión sistémica de los proyectos

Sin embargo, es también una realidad que continúa existiendo gran desconocimiento de todos estos avances entre la sociedad y que la brecha tecnológica o digital se levanta como una gran barrera que impide el aprovechamiento real y masivo de sus beneficios.  Es importante que en los procesos de desarrollo de estos productos y/o servicios se incluya también una fase de prueba por parte de los usuarios que integre correctamente los diferentes usos que responden a la diversidad funcional; y una fase de difusión que permita el acceso y su conocimiento a las personas que lo necesitan.

En la era de la sociedad de la información, necesitamos organizaciones en las que confiar y que ofrezcan una visión sistémica de los proyectos, integrando los grandes avances tecnológicos y metodológicos, haciendo llegar a las personas de forma personalizada la información necesaria que desconocen y pueda serles útil, incluyendo los procesos de entrenamiento que ayuden a derribar barreras permitiendo que sus beneficios sean disfrutados cómodamente por todas las personas, con independencia de sus características.

 

A veces ganar no es llegar el primero…

Superación, reto

El aforamiento se fue silenciando poco a poco cuando el juez principal dio el primer aviso de la salida. Sonó el segundo silbido y los nadadores fuimos subiendo al trampolín. La tensión de no fallar en la salida fue en aumento, solo quedaba la famosa palabra “preparados” y el  tercer silbido que daría el inicio a la carrera, mi última carrera pero los nervios eran como los del primer día. Se oyó el “piiiip”, y todo empezó y terminó.

Era el año 2010 y con ella se cerraba una etapa de mi vida de más de 10 años en competición con grandes momentos, de grandes sueños y de algunas decepciones. Hoy ya han pasado casi 6 años, pero lo que me ha dado la natación adaptada no me lo podrá quitar nadie.

La mayoría de las personas conocen los beneficios de la natación para nuestro cuerpo y conocen a los grandes atletas actuales; nombres como son Michael Phelps, Ian Thorpe o Ryan Lochte en categoría masculina, y Katie Ledecky, Missy Franklin y, como no, Mireia Belmonte en categoría femenina.London_1908_Swimming

La natación adaptada se declaró paralímpica en Roma en el año 1960, fueron los primeros juegos en celebrarse de estas características. Hay que hacer mención expresa del equipo español por su enorme potencial competitivo en este deporte durante estos últimos años. Todo gracias a grandes deportistas de la talla de Teresa Perales, Esther Morales, Sarai Gascón, Enhamed Enhamed, Miguel Luque, Julia Castelló, Carla Casals, David Levecq, Xavi Torres, entre muchos otros.

Pero me pregunto ¿se conoce la natación adaptada? ¿Se tiene conciencia de todo lo que hay detrás de todos estos magníficos atletas de nuestra natación? Me atrevería a decir que no.

La mayoría de personas no están familiarizadas con el deporte adaptado, y desconocen las diferencias que se implementan para garantizar esta adaptación.

En concreto en la natación adaptada las normas son diferentes. Se practican cuatro estilos: el libre, la espalda, la braza y la mariposa. Otra  de las peculiaridades es que los deportistas pueden salir desde tres posiciones distintas: de pie sobre el trampolín, sentado en el trampolín y directamente de dentro del agua.

Otra característica importante es la clasificación de los nadadores. Al ser un deporte que pueden practicar todas las personas con algún tipo de discapacidad, los nadadores son clasificados en función de cómo afecta su discapacidad a la hora de practicar cada estilo.3118022_8a945a37

Y la última, pero quizás la más destacable de las diferencias entre la natación adaptada y la natación normalizada, es todo lo que te aporta.

No es fácil nacer en este mundo con algún tipo de discapacidad y seguramente la peor etapa de la vida que uno puede tener en esas circunstancias es la de la infancia, ya que a veces puede resultar difícil hacer comprender a otros niños que todos somos diferentes.

La natación me ha dado la oportunidad de aprender desde muy pequeño el significado de valores como el compañerismo, el esfuerzo o el sacrificio.  Comprobar como todos los nadadores puede superarse día a día a pesar de sus grandes limitaciones, permite darse cuenta de cómo su voluntad y motivación les lleva a lograr lo que se proponen. Es inexplicable la sensación de ver a compañeros sin brazos ni piernas,nadar, superar sus marcas y conseguir las necesarias para estar en el siguiente campeonato. O ver a personas con una parálisis cerebral muy severa superarse día a día, en cada carrera, con todo el esfuerzo que supone para ellas dar una simple brazada.

Estoy muy orgulloso de haber participado en este deporte, de haber conocido y formado parte de un 19646251414_baa50fe31e_oequipo con gente de la talla de Esther Morales y Jaume Monasterio de haber tenido grandes entrenadoras como Rosó y Montse y de haber coincidido durante todos estos años con algunos de los grandes nadadores que he mencionado entre muchos otros (no quiero olvidar a nadie).

Aquel año mi vida tomó otro rumbo; centrarme en los estudios en la Universidad. Pero de todos ellos y de cada competición me llevé una cosa nueva a casa.

Seré siempre un hincha de este deporte. Y hoy ya estoy ansioso por poder animar a algunos de mis antiguos contrincantes y compañeros  en los próximos juegos paraolímpicos de Rio.

La natación es un deporte aparentemente individual y solitario, pero en estas circunstancias, se convierte en un deporte colectivo.

Es verdad que en el momento en que suena el tercer silbido del árbitro, todos queremos ganar y ser los primeros en tocar la pared y parar el crono. Pero fuera, y algunas veces dentro de la piscina, estos detalles se olvidan y vemos que todos somos un grupo.

A veces ganar no es llegar el primero, a veces ganar es ser lo que somos.

 

Una vida independiente en una sociedad inclusiva

Positivo

Todas las personas, todos los seres humanos, aspiramos a que se respete nuestra libertad para elegir dónde y con quien queremos vivir; con opciones iguales a los demás, sin que se nos discrimine por cualquier condición o rasgo, sin que una diversidad funcional suponga tener que aceptar un sistema de vida especifico, como puede ser la vida en una residencia o en un entorno estrictamente regulado.

Todas las personas deseamos vivir una vida independiente en una sociedad inclusiva.

Esto es lo que reconoce la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad cuando en su artículo 19 promulga el “derecho a vivir de forma independiente y a ser incluido en la comunidad”.

urlPero lo cierto es que somos seres sociales, queremos vivir nuestra libertad en sociedad. Una sociedad que nos reconozca como a un igual, que valore y respete nuestra individualidad, única y valiosa, que nos aporte un amplio abanico de oportunidades de relación, aprendizaje y progreso humano.

Independientes, sí, claro, y a la vez interdependientes. Porque, aunque parezca una paradoja, para crecer en independencia, en libertad, necesitamos de las otras personas. Necesitamos una familia cálida y acogedora en nuestra más tierna infancia. Necesitamos un entorno rico y diverso en posibilidades de aprendizaje, de experimentación y de cooperación. Necesitamos una sociedad con una alta calidad ética, con profundo acervo humanista, en los que el valor de ser persona prevalezca por encima de cualquier otro. Así nos lo recordaría el poeta –Antonio Machado – cuando mentaba el viejo proverbio castellano: “nadie es más que nadie”. Y si no que se lo pregunten al naufrago Robinson Crusoe en su aciaga soledad isleña; una soledad depauperada hasta que la fortuna le trajo la compañía de Viernes, sabio y experto superviviente en ese entorno agreste. Necesitamos al otro, diverso y singular, como un igual con el que podamos aprender y crecer.

Podemos preguntarnos entonces que entendemos por Vida Independiente e iniciar una larga búsqueda de conceptos, definiciones y debates, pero quizás la más simple sea la de poder vivir como las demás personas, sin sufrir limitaciones y discriminaciones por causa de nuestra diversidad funcional, discapacidad o enfermedad crónica. Dándole un poco más de vuelo a esta definición viajaríamos hasta Suecia para escuchar la clara exposición de Adolf Ratzka –director de la Independent Living Institute-:

“La Vida Independiente significa que demandamos las mismas alternativas y control sobre nuestras vidas diarias que nuestros hermanos y hermanas, vecinos y amigos sin discapacidad dan por hecho. Deseamos crecer con nuestras familias, ir a la escuela del barrio, usar el mismo autobús que nuestros vecinos, trabajar en puestos relacionados con nuestra educación y habilidades, pensar y expresarnos por nosotros mismos”.

Todo un manifiesto en pocas palabras. Toda una declaración de principios de una persona que los vive y práctica cada día.

Si hacemos el viaje de vuelta, también podemos encontrar aquí una imgresamplia gama de esperanzadoras iniciativas por una vida independiente en una sociedad inclusiva. De todas ellas he seleccionado, por su calidad y proximidad, la que lidera FEKOOR –Coordinadora de personas con discapacidad física y/u orgánica de Bizkaia-. Para ellos una Vida Independiente se fundamenta en tres grandes pilares: el empoderamiento de la persona, la transformación del entorno y un adecuado sistema de apoyos. Así lo expresan:

“Que cada persona se autodetermine y pueda elegir libremente cómo vive y lo que hace, ejerciendo todos sus derechos en igualdad de oportunidades y participando activamente en la comunidad de una forma responsable y comprometida con la transformación social hacia la consecución de condiciones para la vida independiente.

Para ello debemos contar en el entorno con condiciones de accesibilidad universal, de diseño para todas las personas, de participación y de igualdad de oportunidades para posibilitarlo.

Y contando con una oferta amplia, diversa, adecuada y suficiente del sistema de apoyos que lo posibilite.”

Una iniciativa que actualmente ya cuenta con una amplia diversidad de actuaciones, de servicios y de campañas que combinan el apoyo personalizado, con el uso de las tecnologías más avanzada y una constante llamada a la participación y a la implicación en la imprescindible transformación social que requiere este gran reto. Prueba de ello, entre otros, son Etxegoki, una residencia que ahora es una comunidad de vecinos y que ha recibido importantes reconocimientos internacionales, o bien la campaña #hazteMOVI que combina el apoyo a la vida independiente con la participación social.

Quizás, en este mismo momento de la lectura, miremos a nuestro alrededor y pensemos que el desafío es excesivo, que aspirar a una vida independiente en una sociedad inclusiva es un sueño imposible de alcanzar. Lo cierto es que no se trata de una empresa fácil, pero contamos con importantes aliados para atrevernos con ella.

Un aliado imprescindible es nuestra propia voluntad de conocer y aprender, de incorporar nuevas habilidades y nuevas capacidades en la gestión de nuestra vida cotidiana. Nunca habíamos tenido al alcance una tal diversidad de conocimientos y de apoyos para diseñar nuestro propio proyecto vital y hacerlo realidad.

Otra aliada, que nos brinda oportunidades insospechadas y crecientes, es la tecnología. Sobre todo aquella vertiente de la tecnología que se orienta a empoderar las capacidades de los seres humanos y a mejorar su calidad de vida.

Y ultima, pero no menos importante, otra gran oportunidad es la posibilidad de asociarnos, de compartir con otras personas nuestras inquietudes, nuestras necesidades y nuestros proyectos. Al fin esta puede ser la más valiosa alianza, la vía certera que nos permita alcanzar esa profunda transformación, esa evolución social que solo podrá florecer si llenamos nuestras vidas con pequeños, valiosos y constantes actos cotidianos. Como nos recordaría el gran humanista francés –Michel de Montaigne -: “Si la acción no posee algún esplendor de libertad, no resplandecerá con gracia y honor.”

Que sean muchas pues las acciones esplendidas en este arduo y bello camino por la libertad.

Gestión del talento antes que desarrollo de habilidades

jazz music

La mayoría de los planes de formación se centran en el desarrollo de habilidades, que consiste en aprender aquello que no sabemos. Esto está bien, pero no es lo más prioritario. Antes, mucho antes, deberíamos gestionar bien los talentos que ya tenemos.

Durante el pasado año, Alicia no ha demostrado tener la capacidad de mantener la calma trabajando bajo presión. ¿Significa esto que Alicia no tiene dicha habilidad? No lo sabemos. Alicia siempre recibe encargos rutinarios y predecibles.

Álex no ha demostrado tener soltura para hablar en público. ¿Será capaz de hacerlo? No lo sé. Yo siempre le veo enfrascado en su ordenador, con sus gafas de pasta. Parece el prototipo de friki.

Si durante el próximo año Álex demuestra ser un gran orador, y Alicia gestionar hábilmente las situaciones tensas ¿es esto un gran avance? ¿Un avance de quién? ¿De ellos, que han desarrollado una cualidad que antes no tenían? ¿O de la organización, que ha facilitado las oportunidades para sacar a la luz y poner en práctica capacidades ocultas de sus empleados?

Hay tres tipos de habilidades:

  • las que tenemos y usamos;
  • las que tenemos, pero que por algún motivo no usamos;
  • las que no tenemos.

Toda organización conoce perfectamente las primeras: aquellas habilidades que tenemos y usamos. Seguramente nos contrataron por ello. Pero por lo general, a la empresa le resulta difícil distinguir entre las otras dos.

Desde el punto de vista económico y humano; desde el puro interés tanto empresarial como personal, lo primero es seguir aplicando nuestras habilidades que ya tenemos y que usamos habitualmente; en segundo lugar, aplicar también los talentos ocultos; y sólo en tercer lugar, adquirir nuevas habilidades.

Lamentablemente, siempre tendremos alguna habilidad del segundo tipo: capacidades infrautilizadas. Es muy complicado tener siempre a todos los recursos trabajando a pleno rendimiento y aprovechando todas sus capacidades.

Sin embargo no debemos olvidar que las capacidades infrautilizadas provocan frustración. Son una pérdida de tiempo y recursos. Es como tirar dinero; por eso provocan frustración: porque es estúpido tener unas habilidades y no aplicarlas. Si nuestro empleado es especialmente brillante en algunos aspectos que no puede desarrollar en su trabajo, tarde o temprano encontrará alternativas fuera de la compañía. Y no tanto porque pueda ser más rentable en otro puesto, sino por el malestar que le produce estar desperdiciando su talento.

Evidentemente nos encantaría que Alicia liderara el próximo proyecto, muy complicado, pero que puede abrir una nueva línea de negocio. También queremos que Álex tome el micrófono el próximo jueves para explicar a los periodistas y posibles inversores las características técnicas del nuevo producto que estamos desarrollando. Claro que sí.

¿Nos atrevemos?

Los recursos humanos pueden ser al mismo tiempo los más caros, los más rentables, y los más desconocidos. Son críticos. ¿Acertaremos con Alicia y Álex? ¿Qué hacemos? ¿Les damos la oportunidad o no?

Este tipo de decisiones son vitales para la organización. Son la diferencia entre rentabilizar o desperdiciar los recursos más valiosos de los que disponemos. Y pueden suponer la diferencia competitiva que nos convierta en el número uno del mercado.

¿Tenemos la información necesaria para tomar la decisión? Cuando arranco un proyecto con un nuevo equipo, me siento como si gestionara un gigantesco almacén lleno de cajas, cada una de las cuales es un skill de un empleado. Algunas cajas tienen un letrero que indica su contenido, y otras no. ¿Sabemos lo que tenemos? Antes de tratar de adquirir nuevas cajas, ¿estamos gestionando bien nuestro almacén de habilidades?

Para lograrlo, podemos trabajar en dos direcciones complementarias:

  • Crear las condiciones para que las cualidades ocultas salgan a la luz, aun cuando no sepamos a priori cuáles son.
  • Identificar cuáles son esas cualidades ocultas, y ponerlas a trabajar inmediatamente.

Empecemos por el primer punto. Para crear las condiciones necesarias para que las cualidades ocultas de los empleados salgan a la luz, debemos preguntarnos: ¿por qué no se han manifestado dichas habilidades? Puede haber varios motivos:

  • Inseguridad. El miedo puede anular cualquier habilidad. Conozco músicos y actores con treinta años de experiencia a sus espaldas, que confiesan pánico absoluto cada vez que suben a un escenario.
  • Prejuicios (de los demás). La imagen que los demás tienen de mí, así como sus experiencias previas, determinarán su relación conmigo, haciéndome encajar en un rol determinado. Después de comprarme un teléfono modernísimo, hice exactamente el mismo comentario a dos compañeros de trabajo: “esta mañana he configurado la alarma como despertador, pero no ha sonado”. Uno dijo: “seguro que lo has hecho mal, eres un manazas”. El otro en cambio aseguró que los nuevos dispositivos siempre vienen con problemas, ya que no se prueban lo suficiente antes de salir al mercado.
  • Prejuicios (propios). La edad media de los directores comerciales es de 45 años. El más joven tiene 32. Por tanto, es imposible que yo sea el nuevo director comercial, a mis 29 años. ¿Imposible?
  • Falta de oportunidad. Una ejecutiva de cuentas demostró que es perfectamente posible trepar por una verja de cinco metros de altura, monísima con sus tacones y minifalda. Sólo le faltaba la motivación suficiente. La perseguían tres dóberman.
  • La cualidad no está madura. La capacidad analítica o las aptitudes para la venta necesitan de un cierto ejercicio para desarrollarse. A veces las cualidades están ahí, pero es necesario trabajarlas un poquito, darles un rodaje.
  • La habilidad oculta no existe. Obviamente, no siempre existen tesoros enterrados. Puede que todas las habilidades estén ya al descubierto.

Una vez identificados los motivos, es sencillo dar con las palancas que nos permitirán crear las condiciones para el óptimo desarrollo de personas: crear un clima de confianza; hacer un esfuerzo por distinguir entre hechos y prejuicios; y tomar riesgos controlados, facilitará sacar a la luz estos skills ocultos.

Esto ya lo hacen muchas compañías. Al menos las modernas. ¿Podemos hacer algo más? Crear las condiciones para que los skills ocultos afloren es necesario, pero puede ser un camino lento. El proceso lo podemos acelerar si identificamos cuáles son esas habilidades ocultas, directamente echando un vistazo a esas “cajas de habilidades” del almacén, y viendo qué contienen.

¿Cómo hacerlo?

Existe un mecanismo terriblemente sencillo: preguntándoselo. Este es para mí uno de los principales objetivos de los cuestionarios de autoevaluación: el descubrimiento de las habilidades que tenemos, y que por algún motivo, no usamos.

 

Atreverse a ser diferente

Grupo calle Liverpool

El Hombre es un animal social. Esto tiene, por lo menos, un origen evolutivo: es prácticamente imposible sobrevivir si vamos solos por la vida. Los seres humanos, como los lobos y los monos, vivimos en manadas y sociedades. Para que la sociedad funcione tenemos que llevarnos bien, y para conseguirlo, un mecanismo práctico es imitar lo que hace la mayoría.

El fortísimo deseo que tenemos de agradar a los demás tratando de parecernos a ellos se observa especialmente en la adolescencia. Los jóvenes establecen un criterio de lo que “mola” y tratarán desesperadamente de convertirse en ese arquetipo. Las modas van cambiando, por supuesto, y existirán grupos dispares, lo mismo que existen clanes o tribus. Pero será casi imposible no pertenecer al menos a una de esas tribus.

Yo he tenido la inmensa suerte de ser “del montón” y por tanto sentirme aceptado, querido y protegido entre la multitud. Nunca he destacado mucho, ni por encima, ni por debajo. Pero un día descubrí que esto no tenía ningún mérito, y que si quería progresar y entender las cosas importantes de la vida, tenía que fijarme en aquellos que no estaban tan arropados por el resto de la manada, y atreverme a salir de ese círculo de comodidad.

Recuerdo perfectamente miles de escenas de mi clase, cuando éramos niños. Seríamos unos cincuenta. Algunos destacaban en los estudios, otros en los deportes, y otros por su capacidad de hacer amigos. Unos por ser los más “malotes”, otros por ser los más “buenotes”. Al más delgado le llamábamos “palillo” y al más gordo “barrilete”. Pero de todas las posibles características que pudiera haber, una siempre brillaba sobre las demás. Algo que definitivamente te clasificaba entre los mejores o los peores. Algo que era lo único que realmente importaba a esa edad. El fútbol.

Y yo era tremendamente malo jugando al fútbol. Malo, malo, malísimo. Tan malo que no me ponían ni de portero. Siempre jugaba de defensa y mi única misión era tirarme a los pies de los delanteros del equipo contrario para molestarles lo más posible. Era auténtica “carne de cañón” futbolera. Mi portero habitual, Gustavo, a la defensa nos llamaba los “torpedos”, y nos lanzaba literalmente sobre el enemigo al grito de “¡Torpedo uno! ¡Torpedo dos! ¡Torpedo tres!”

Bien pensado, un grupo de cincuenta es suficientemente pequeño como para que siempre haya alguna característica que te haga destacar, ser el mejor o el peor, el primero o el último, y es posible que eso marque el resto de tu vida. Seguramente yo era el peor de todos jugando al fútbol, y esto me hizo fijarme en otros juegos, como las apuestas con cromos, lo que me introdujo tan joven en los rudimentos del mundo financiero.

Comprendí de primera mano asuntos como la escasez (ese cromo raro que nadie tenía), la especulación (“comprar” el cromo raro por otros cien con la intención de “venderlo” luego por doscientos), la información privilegiada (“un primo de Barcelona me ha dicho que el cromo de Petursson ya está saliendo en los kioscos”) y de esta forma experimenté ascensos vertiginosos en mi capital así como algunas bancarrotas mientras la mayoría de la clase perseguía el balón.

También recuerdo el día en que el profesor de gimnasia nos propuso correr el “maratón”. Se trataba de una prueba de resistencia. Una carrera larga, una prueba de fondo. Sinceramente, nunca me propuse ganar esa carrera y en ningún momento pensé que la ganaría. Ingenuamente creía que los mismos que siempre metían los goles en los partidos, mis ídolos Kerman y Xabi, serían los primeros en llegar a la meta. Pero no fue así. Los corredores se iban cansando, algunos se retiraron. Mientras tanto yo seguía corriendo con todas mis fuerzas, con las mismas ganas y el mismo empeño que ponía en jugar bien al fútbol sin ningún éxito.

Llegados a este punto es cuando un coach deportivo diría que esa prueba era más psicológica que física. Diría algo así como que “las características físicas, con las que uno nace, son más difíciles de cambiar. Pero la mente es muy flexible, y cuando alguien se propone hacer algo y pone en ello todo su empeño, lo logrará”.

Estoy básicamente de acuerdo con eso, pero hay algo más, que es lo que quiero comentar ahora. Cuando gané la carrera, me sentí solo. Me sentí vulnerable, exactamente igual que cuando no era capaz de jugar bien al fútbol. Me di cuenta de que tanto los primeros como los últimos tienen algo importantísimo en común: nadie les puede marcar el camino. No hay otro a quien imitar. Y esto, aunque inquieta, es un grandísimo regalo ya que abre la puerta a desarrollar las capacidades que uno tiene, ignorando completamente los límites que nos marca la vulgaridad del rebaño.

Y es que no tiene mucha importancia ganar o perder, ser el primero o ser el último: siempre encontrarás alguien mejor o peor que tú. Lo que realmente importa es desarrollar esas capacidades que todos tenemos dentro, y que nada ni nadie, ni siquiera uno mismo, nos impida hacerlo. Yo aquel día descubrí que había algo más importante que agradar y querer parecerme a los demás, que era ser honesto conmigo mismo, ser auténtico y desarrollar mis propias capacidades, fueran las que fueran. Atreverme a ser diferente.

Ansias de volar

Ansias de volar

Hace más de cuarenta años, un gran artista, de una energía desbordante, cantaba esta bella canción:

“Tiene casi 20 años y ya está
cansado de soñar,
pero tras la frontera está su hogar,
su mundo y su ciudad.

Piensa que la alambrada sólo es
un trozo de metal,
algo que nunca puede detener
sus ansias de volar.

Libre
como el sol cuando amanece…”

Nino Bravo expresaba con un sentimiento vibrante de libertad algo que todos deseamos y que no siempre podemos alcanzar: ser libres para volar, para hacer realidad nuestros sueños, nuestros anhelos de descubrir otras vidas, otras personas, otros mundos. Ser libres para decidir en nuestras vidas.

Un sentimiento de libertad que siempre nos muestra su luz más cálida cuando florece el respeto por lo más sagrado que nos caracteriza: la dignidad humana. Algo que solo es posible desde el respeto mutuo por la vida y la libertad de cada persona, en toda su diversidad, en toda su rica y compleja diversidad. Lo decía Schiller con claridad meridiana: “Cada ser humano constituye en sí mismo el conjunto de la humanidad”. Cada ser humano, indistintamente de sus capacidades diversas y características únicas.

Sin embargo, en esos mismos tiempos de luces y de grandes avances científicos y culturales,  también se gestó la barbarie más abyecta, mostrando las múltiples faces de la inmensa potencia para la destrucción de que somos capaces. Todas las décadas del siglo pasado… y del actual, nos han mostrado esa oscuridad impenetrable que se extiende cuando prevalece el menosprecio por la vida del ser humano.

Unos tiempos que nos dejan una herencia de guerras y barbarie, pero también una extensa aspiración por una convivencia mundial en la que la libertad y la dignidad del ser humano, de cada ser humano, sea reconocida, respetada y promovida.

En este sentido no podemos olvidar el gran hito que supuso la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 en París.

“…la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.”

Derechos humanos

Estas palabras, que inician la Carta Magna de los Derechos Humanos, aún resuena en nuestras mentes y en nuestros corazones, con la fuerza de quienes declaraban “…que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias.”

Aún muchos años antes, en el lejano siglo XVI, un discreto filosofo francés, el señor de la montaña, Michel de Montaigne, ya postulaba, en una época de fanatismos y guerras de religión, la libertad de conciencia, el espíritu crítico y el respeto por toda forma de vida y de cultura. Un hombre libre en una época oscura que en sus Ensayos hacía gala de templanza, previsión y sentido del necesario progreso humano. Como nos muestran algunas de sus celebres frases:

“Es necesario aprender a sufrir lo que no se puede evitar.”

 “El medio de proceder más acertado es el de estar preparado, antes de que las ocasiones lleguen.”

“Elijamos la (acción) más necesaria y provechosa a la humana sociedad.”

Vivir libres, pues, es un fruto extraño: puede ser dulce, pero también amargo; nace del corazón, pero necesita de una acertada razón para crecer y alcanzar su plenitud; depende de nosotros, de cada uno de nosotros, pero necesitamos de los demás para que nuestras elecciones sean nobles y provechosas.

La libertad va a ser un deseo permanente en nuestras vidas, pero también una conquista diaria de nuestra capacidad para actuar y participar en el bien común.

Al fin, una vida libre va a ser, siempre, una vida consciente y responsable, una vida que cuenta con los demás, una vida dispuesta a compartir con nuestros seres queridos nuestras experiencias y nuestros anhelos; pero también una vida abierta a comprometerse con una de las más bellas aspiraciones humanas: que llegue un día en que en todos los lugares del mundo amanezca el sol de la libertad.

Libertad vs. Libertad

Shaila y ViveLibre

Los que trabajamos atendiendo a personas somos afortunados por muchos motivos. Además de la evidente satisfacción personal que supone contribuir a la mejora de la calidad de vida de la gente, no dejamos –día a día- de aprender.

Mi último gran descubrimiento ha sido que determinados términos como la libertad, la tranquilidad o la autonomía personal que, a priori, parecen universales y absolutos, son en realidad conceptos relativos que cada individuo entiende y vive de forma diferente.

Natividad, por ejemplo, siente libertad cuando puede hacer aquello que le gusta sin sentir que por ello preocupa a los que la quieren. Cuando sale cada día a la calle sin tener que dar explicaciones de a dónde va o cuánto tardará en volver, porque se sabe localizada en todo momento.

Su hermana y su hija están tranquilas porque con la aplicación del familiar siempre saben dónde está ella. Al llevar ViveLibre en su móvil Natividad no sólo está localizable, sino que recibirá atención inmediata en caso de necesitar ayuda.

Shaila y Alberto también encuentran la libertad para construir sus vidas sabiendo que Shaila, como usuario de ViveLibre, cuenta con un centro de atención que está siempre disponible, que la conoce y sabe lo que necesita y cómo actuar frente a cualquier situación.

Pero Shaila y Alberto conciben su tranquilidad de forma diferente. Acaban de terminar los estudios y dentro de poco se incorporarán al mundo laboral, lo que supondrá pasar bastante tiempo separados. Pese a ello, y pese a las dificultades de movilidad que ella tiene, ninguno quiere usar la aplicación del familiar, porque entienden que eso limita su libertad e intimidad. Les basta con saberse atendidos y apoyados desde el centro de atención de ViveLibre.

Para alcanzar ese grado de individualización del servicio no basta sólo con disponer de la más sofisticada tecnología y de un sistema operativo adecuado. Hay que conocer a las personas, entender cómo concibe cada una su libertad, qué apoyos necesita y cómo –cada usuario y familiar- desea recibirlos. En ViveLibre hacemos de esa diversidad, nuestra fortaleza.