Démosle otra vuelta

Darle una vuelta

¿Qué aporta la “pseudociencia” frente a la ciencia? Sensación de consenso, rotundidad en sus afirmaciones, control, inmediatez… tranquilidad mal entendida.

Démosle otra vuelta, que por más que hablemos del timo de la pseudociencia, estos siguen -inexplicablemente- convenciendo incluso a gente inteligente.

El método científico es, por definición, contradictorio. Para Karl Popper, una proposición sólo puede ser científica cuando es refutable, es decir, cuando puede ser puesta en duda independientemente del nivel de certeza con el que se hayan demostrado sus conclusiones.

Los científicos pasan buena parte de su tiempo buscando errores, los errores de sus hipótesis y hasta de sus conclusiones y, desde luego, los errores de hallazgos previos ya sean históricos o contemporáneos.

Pueden parecer sus peores enemigos, pero lo hacen precisamente en nombre del rigor científico y de la certeza a expensas de la rapidez, de la inmediatez. Desgraciadamente, esto no siempre es lo que les pedimos.

Les mueve la duda, su principal impulsora. Y no es que toleren la duda mejor que el común de los mortales, más bien al contrario: si a alguien le duele dudar es al científico y de ahí su afán por establecer hipótesis y hallar conclusiones veraces. De ahí su afán por plantearse cada resultado. De ahí su afán por… ¡dudar! Lo que decía… contradictorio.

Sin embargo, no lo es tanto si lo analizamos en detalle. Son exigentes e inconformistas, no erráticos ni apresurados.

Conocen las limitaciones del saber y aceptan que lo perfecto es enemigo de lo bueno, pero de lo bueno, no de cualquier superchería.

En particular en neurociencia lo que se busca son niveles razonables de certeza, no se busca la verdad pues se sabe que la verdad puede ser subjetiva y cambiante.

Lo que un neurólogo diga podrá ser criticado por un psiquiatra, un genetista, un endocrinólogo y viceversa.

Pseudociencia

Esto no sucede con la pseudociencia. Entre estas corrientes existe consenso, se apoyan, no ponen en duda las conclusiones de otros básicamente porque no ponen en duda casi nada. Lo dan por sentado, por demostrado, y lo hacen utilizando una terminología científica que desconocen, pero hacen propia para aparentar el rigor que a ellos les falta y ahí radica su mayor crimen: son impostores de la verdad. Eso sí: impostores con facilidad para convencer, porque ellos sí nos dan lo que buscamos: sensación de consenso, de uniformidad y rapidez, inmediatez. Se aprovechan de la moda -su principal valedor y hasta ahí, perfectamente respetable- pero sobre todo de la desesperación y del miedo y esto debería -en mi modesta opinión- ser un delito cuando no se trata de una convicción propia sino del personaje lenguaraz genuino y consciente de su comportamiento fraudulento.

A lo largo de la historia hemos sido testigos de numerosas hipótesis científicas que han demostrado con el tiempo ser falsas. El propio Mesmer renunció a sus “terapias magnéticas” por ineficaces, pero ya era tarde: se montó un negocio millonario -del que él no obtuvo rédito- en torno a sus hallazgos y la moda, la desesperación de los enfermos y la impostura de los aprovechados sin escrúpulos, hicieron el resto.

Del mismo modo que no se demostró que el “mesmerismo” fuera una terapia curativa científicamente demostrada, tampoco se ha demostrado que la única finalidad de las vacunas sea el enriquecimiento de la Industria Farmacéutica. No todas las vacunas han sido descubiertas por empresas privadas. El Dr. JonasSalk salvó diez millones de vidas gracias a la vacuna contra la poliomielitis. Incontable el número de vidas cuya calidad mejoró. Nunca la patentó, porque “no se puede patentar el sol”. No me corresponde a mí defender a la Industria Farmacéutica pero no seré yo quien la demonice, pues mayores son los beneficios que como médico observo en mi actividad clínica cotidiana, que las acusaciones demostradas de fraude por parte de éstas. ¿No queremos pagar un exceso de beneficio a una empresa privada? Genial noticia para nuestros investigadores: mayor inversión en I+D+i y asunto resuelto.

No neguemos la evidencia: los libros de medicina han cambiado. Ya no vemos enfermedades que antes sí veíamos y esto es en gran medida gracias a la Medicina Preventiva, a la cloración y la fluoración del agua, a las vacunas, a la sustitución del plomo en las cañerías, a los fármacos… a los avances de la ciencia, en definitiva.

También vemos, cierto, enfermedades que antes no veíamos: incremento disparatado de la obesidad, adicciones a los videojuegos, nuevos tipos de cáncer por tóxicos de nueva aparición o uso generalizado… Pero ¿quiénes son los primeros que se percatan de estas alarmas? Un padre puede percibir un problema de un hijo, pero somos los profesionales -por ejemplo, los profesores, pero sobre todo los sanitarios- los que antes nos damos cuenta de que algo nuevo y diferente está pasando, ya sea cualitativa o cuantitativamente.

No siempre tenemos respuestas, no siempre tenemos tratamientos, ni siquiera tenemos siempre diagnósticos, pero no hacemos falsas promesas. Podemos cometer errores, como en todas las profesiones, pero nuestra profesión no parte de un error conocido. No jugamos con su desesperación, tratamos su enfermedad lo mejor que podemos y sabemos, y con las herramientas que mejor han demostrado (científicamente) su eficacia.

 

1 comentario
  1. Aprendiz
    Aprendiz Dice:

    Algo que tienen en común una gran cantidad de las ideas no-científicas es que no son susceptibles de ser falsadas porque, o son entramados conceptuales autovalidantes que funcionan como círculos viciosos o los conceptos y proposiciones que contiene la hipótesis son de carácter metafísico y, con ello, imposibles que ser sometidos a falsación empírica. […] Un caso clásico de esto lo encontramos en el psicoanálisis —si un niño presenta síntomas de tener el complejo de Edipo entonces lo tiene, pero si no presenta los síntomas también lo tiene pero los está reprimiendo. […] [Sin embargo] El criterio de falsabilidad […] es un criterio de demarcación entre física y metafísica, no entre ciencia y pseudociencia […]

    El problema del falsacionismo […] es que siempre pone la carga de la prueba en el crítico y nunca en el que defiende una determinada proposición o conjetura. Esta forma de atribuir la carga de la prueba al crítico resulta muy acertada en los casos de las proposiciones que niegan la existencia de determinada entidad. Por ejemplo […] “los caballos alados no existen”, o “Dios no existe” […] Pero la cuestión se transforma en un problema muy serio en el caso de las proposiciones que afirman la existencia de algo, como “los caballos alados existen”. Siguiendo a Popper, esta proposición no sería científica dado que no es falsable. Sin embargo, resulta intuitivo pensar que es una labor habitual de la ciencia el negar la existencia de entidades como hadas, duendes o caballos alados, ya sea por razones lógicas, físicas, químicas o biológicas, y el falsacionismo es incapaz de hacerse cargo de tal función. Este problema cristaliza en dos cuestiones súmamente problemáticas para el falsacionismo. Por un lado, que en estos caso la carga de la prueba debería recaer en aquel que propone la existencia de una entidad o proceso tan extraños como un caballo alado, la memoria del agua o las ‘vibraciones’ de las flores de Bach o la numerología, y el falsacionismo no contempla tal posibilidad como científicamente válida. Y, por otro lado, que el proceso de aceptación de la existencia fáctica de las entidades que emplean las teorías científicas quedaría retratado de un modo tremendamente retorcido y ajeno al funcionamiento real de la ciencia. ¿Creemos en la existencia de los átomos porque nadie ha logrado falsar su existencia con una teoría mejor, o lo hacemos por la enorme cantidad de manipulaciones y predicciones que podemos hacer con ellos y por la evidencia que tenemos de su existencia?

    […] el criterio de demarcación falsacionista es, por un lado, demasiado estricto con los propios científicos y, por otro, demasiado laxo con las pseudociencias, ya que muchas de ellas son efectivamente falsables pero no por ello sus proposiciones son científicas.

    […] el criterio de falsabilidad resulta extraordinariamente centrado en la física o ‘físicocéntrico’ […] considerando a la física el paradigma de la cientificidad y cuya metodología específica habría de reproducirse en el resto de ciencias. […] [el] criterio de demarcación funciona relativamente bien en física, pero cuando es aplicado ya no a ciencias sociales sino a la propia biología no funciona en absoluto.

    […] el falsacionismo es un una metodología construida de forma enteramente apriorística, sin atender a la práctica real de la ciencia. Se empeña en negar todo inductivismo o justificacionismo pese a que en la ciencia son abundantes los casos en los cuales los científicos realizan razonamientos y aceptan hipótesis en base a sus instancias de confirmación. Niega todo papel a la confirmación de las teorías y da una imagen irreal de la falsación, como si de un proceso instantáneo se tratara. El falsacionismo popperiano se parece muy poco a lo que los científicos hacen en la realidad y por ello es una metodología imposible de llevar a cabo, que, además, tampoco es capaz de explicar muchos de los eventos de la historia de la ciencia y entenderla como una actividad racional.

    https://lavenganzadehipatia.wordpress.com/2017/04/03/lo-cientifico-como-lo-falsable-a-popper-lo-carga-el-diablo/




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