¿Empa…qué?

Persona viaja y escucha

Entré en el vagón de metro y se sentó a mi lado un hombre vestido de Elvis Presley con un mono blanco de licra repleto de tachuelas, un músico ambulante, pensé.

Llevaba una muleta y desprendía un desagradable olor que me recordó a cuando yo trabajaba en naves de proceso de subproductos cárnicos; también yo desprendía un olor espantoso que no percibía porque me había acostumbrado a él.

Después una mujer se sentó a su lado, dejando un espacio, pero al cabo de un momento, se desplazó al otro extremo del vagón.

Un chico joven entró en la siguiente parada y le dijo: ¡Hola Elvis! ¿Vas de Elvis, no? El otro le ofreció una sonrisa cansada.

Mis ojos recorrieron todo el vagón observando las personas que lo ocupaban. ¡Qué distintos y qué iguales somos!

Distintos tonos de piel y cabello, distintas edades y alturas, distintas miradas y estados de ánimo pero todos los que allí estábamos fuimos niños, amados por alguien, tenemos nuestros problemas e ilusiones y, con suerte, todos envejeceremos.

La metáfora que me vino a la mente fue que, como en la vida, dentro del vagón la mayoría de nosotros viajábamos solos en la misma dirección.

Solos porque construimos una pared entre nosotros y los demás.

¿Somos capaces de ponernos en la piel del otro?

Si lo hiciéramos nos sorprenderíamos más, nos alegraríamos más, aprenderíamos más y, seguramente, seríamos más tolerantes y comprensivos.

Gustave_Caillebotte_-_Jour_de_pluie_à_Paris

Este “meterse en la piel del otro”, la empatía, no solo nos hace más humanos y más abiertos, también puede provocar un reflejo positivo, quizás, al practicarla, las personas de nuestro entorno también nos escuchen, nos respeten, nos ayuden…

Al llegar a su estación “Elvis con muleta” se puso de pié y otro pasajero se ofreció a bajar su amplificador del vagón.

Al llegar a la mía un joven cargaba la cesta de una señora mayor.

Es un comienzo…

Igual si empezamos a derribar el muro que nos separa de los demás descubriremos que las personas del otro lado no son tan distintas, que sienten y desean como nosotros, que todo el mundo agradece una sonrisa sincera y que le echen una mano.

Igual si empezamos a derribar el muro descubrimos que los otros son nuestro espejo y que ya no somos más yo y los otros, sino solo nosotros.

Pruébalo… o no.

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