Nuestra visión.

Patrones

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Venimos diciendo que el internet de las cosas es el fenómeno tecnológico que más va a transformar nuestras vidas. Esto es así porque el IOT está interconectando el mundo a un ritmo exponencial. Y un mundo incrementalmente más interconectado es un mundo extraordinariamente más complejo. Es cierto, la complejidad surge de la interacción dinámica de unidades sencillas. De esa interacción dinámica de los componentes de un organismo emergen propiedades nuevas, propiedades que son distintas de las que atesoran sus partes constituyentes.

Eso significa que, en la medida que el mundo se interconecta, nos proyectamos hacia una realidad completamente desconocida. Hablamos de un mundo que contará con unas propiedades que hoy no podemos ni imaginar. De ahí que el principal rasgo definitorio de los tiempos actuales sea el de la incertidumbre. Todo es incierto, cambiante, superficial, voluble, inestable y relativo. Esto tendrá profundas consecuencias sobre la visión de la gente acerca de la realidad, sobre las relaciones personales, sus creencias y –esto es lo más importante– sobre su propia identidad.

Surge así una nueva interpretación del ser humano y del universo que le rodea, es decir, una nueva cosmovisión. Cuando esto ha sucedido a lo largo de la Historia, la nueva visión de la realidad ha traído consigo una nueva concepción de la discapacidad. Tiene que ser así necesariamente desde el momento en que la discapacidad es una realidad que tiene una dimensión fisiológica pero tiene también un componente social. La discapacidad se aborda desde la relación de la persona con el entorno, y ahora esas relaciones entre la persona y el entorno se van a transformar radicalmente.

Así, podemos decir que la tecnología ha creado un mundo conectado, pero éste a su vez altera el efecto que la tecnología produce sobre nosotros. O dicho de otro modo, el hombre hace la técnica y la técnica hace al hombre.

Pero la revolución tecnológica no afectará solamente a las personas sino que también impactará sobre las propias organizaciones. El mundo industrial era un mundo previsible, esto es, más estable. En el mundo económico se planificaba a largo plazo, porque podíamos prever las conductas y comportamientos humanos de una forma razonablemente fiable.

Sin embargo, hoy ya no podemos prever, predecir ni planificar. Tendremos que aprender a funcionar sin certezas, actuar conforme a patrones generales, y aprender a identificar aquellas tendencias que tengan un carácter universal.

Un ejemplo de cómo podemos hacer esto lo tenemos en la ciencia de la cibernética. En 1950 Norbert Wienner, padre de la cibernética, escribía lo siguiente:

“En el futuro, el desarrollo de las infraestructuras de comunicación, los mensajes entre el hombre y la máquina, entre máquinas y hombres, y entre máquina con máquina, están destinados a jugar un papel cada vez mayor”.

Si Wienner fue tan clarividente veinte años antes de que se inventara el microprocesador y medio siglo antes de la emergencia del mundo digital, fue sin duda por su capacidad de comprender patrones universales. Esta es la clave de lo que tenemos que hacer: ser capaces de comprender las implicaciones tan profundas que la tecnología va a tener sobre nuestras vidas.

Foto: Flickr

Tiempo, complejidad y diversidad

Expansión, universo.

El universo se encuentra en expansión. Según algunos científicos, la expansión del universo se acelera. Para Stephen Hawking, sin esta expansión no habría tiempo. El tiempo resulta un concepto verdaderamente intrigante, hasta el punto que algunos optan por negar su existencia. Para Murray Gell-Mann la verdadera flecha del tiempo cosmológica es la que se asocia al proceso de envejecimiento del universo y de sus componentes. Esto así porque si en un momento dado el universo comenzara a contraerse el envejecimiento no se detendría. Consecuentemente, la contracción del cosmos no sería simétrica. Los sucesos pasados no volverán a producirse. Vivimos en un mundo de procesos irreversibles. El tiempo es, en definitiva, la unidad de medida de la entropía.

En la medida que se expande el universo incrementa su complejidad. Este proceso se acompaña de un aumento de la diversidad y de la individualidad que corre de la mano de la formación progresiva de las galaxias, estrellas y planetas. Pero estas propiedades, nos enseña Gell-Mann, adquieren un nuevo significado con la aparición de los sistemas adaptivos complejos. Sin duda, los que más nos interesan entre todos ellos son los sistemas que se asocian al surgimiento de la vida y la evolución biológica.

Me pregunto si la contracción futura del universo irá aparejada a una pérdida de diversidad e individualidad en la medida que éste se condense y se comprima. Un proceso de esta índole conllevaría el fin de la vida en el universo, lo que me lleva a pensar que la entropía alcanzaría su punto álgido. Al contrario de lo que ocurre ahora, complejidad y entropía transitarían en direcciones opuestas.

Son reflexiones de un profano que obviamente carecen de entidad científica. Lo que me ocupa es la intrigante similitud del proceso que guía la humanidad. La tecnología lo conecta todo en un proceso entrópico que todo lo homogeneiza. El mundo se hace uno y desaparecen las diferencias al tiempo que lo hacen las categorías a través de las cuales interpretamos la realidad. El mundo humano pierde diversidad, que es fuente de vida.

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En cada época, la evolución humana ha encontrado la teoría que necesitaba, y surge hoy un nuevo ideario posthumanista que, sobre las bases de la singularidad tecnológica, aspira a un humano mejorado. Nos ofrece el ideal de un hombre sumamente inteligente que habrá vencido a la enfermedad y la muerte. En un mundo así, la singularidad pondrá a nuestro alcance una tecnología prodigiosa por la que podremos alcanzar cotas increíbles de individualización. De la mano de la singularidad tecnológica podrá venir una absoluta singularidad personal. Sin embargo, después de la expansión y la diversidad llega la contracción. La complejidad se reduce y todo se vuelve uniforme. Lo vivimos todos los días en los mercados económicos donde la tendencia a la concentración de los operadores es generalizada en la mayoría de los sectores. La concentración de la oferta viene aparejada a una inevitable estandarización en las soluciones tecnológicas. No quiero imaginar lo que esta concentración –y estandarización– podría representar en un mundo transhumano donde los individuos hayan traspasado la barrera de la evolución biológica.

Se vislumbra el riesgo potencial de una regresión que nos conduciría a una pérdida futura de complejidad, diversidad e individualidad. No es este el significado que queremos de la palabra singularidad. Queremos un ser humano, singular, único, diverso e irrepetible. Tarde o temprano será preciso constituir nuevos modelos de instituciones económicas y sociales que prometan proteger la identidad personal de los individuos. Diríase que vivimos en un mundo paradójico en el que percibimos un incremento exponencial de la complejidad en las sociedades humanas, al mismo tiempo que asistimos a los albores de nuestro particular BigCrunch. Una situación así solamente puede comprenderse como la confrontación de dos grandes fuerzas cósmicas. Una nos mueve en un proceso entrópico hacia la uniformidad, la homogenización, el desorden y la muerte. La otra crea orden a partir del desorden, complejidad, diversidad y vida. Nada de lo que hagamos alterará estas dos realidades principales que rigen el devenir del universo y de sus componentes, pero podemos tomar partido y experimentar una vida plena en la medida que observemos nuestro compromiso con la vida. A fin de cuentas, lo que identifica al ser humano es la búsqueda de un sentido.

¿En qué lado de la fuerza quieres vivir?

Futuro Singular 2016: “Conversaciones entre genómica y neurociencia”.

Portada Futuro Singular

Este encuentro “Futuro Singular” se celebró el pasado jueves 16 de junio en Madrid, en el Pabellón de los Jardines de Cecilio Rodríguez. En este magnifico enclave dentro del Parque del Retiro de Madrid compartimos ciencia y tecnología rodeados de naturaleza.

Suscribimos la máxima de Benjamin Franklin: “no hay inversión más rentable que la del conocimiento” y con ese espíritu continuamos las Jornadas Futuro Singular”, un espacio de reflexión donde tratamos de vislumbrar el futuro y comprender cómo el desarrollo científico y tecnológico impactará en la vida de las personas y las organizaciones.

En la primera jornada expertos en campos como la inteligencia artificial, la telemedicina y la ingeniería biomédica nos mostraron una visión holística e integradora del cuidado de la salud y la promoción de la autonomía personal.Portada Post okj

En esta nueva ocasión, ATAM, ViveLibre y Neuroalianza nos trajeron el pasado 16 de junio un nuevo Futuro Singular en el que se vió cómo los últimos avances en genómica y neurociencia están cambiando la forma de atender a las personas.

Se contó con algunos de los mayores expertos europeos en estas materias. La moderación del debate corrió a cargo de la prestigiosa psiquiatra y divulgadora científica la Dra. Lola Morón. Para ver el elenco completo de participantes consulta el programa del evento.

 

La crónica del evento, tuit a tuit:

https://twitter.com/search?q=%23FuturoSingular 

Los vídeos en Periscope:

https://www.periscope.tv/somosvivelibre/

¡Nos vemos en el futuro!

 

 

Las 7 crisis que explican el mundo que vivimos (y el que viene)

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Hablamos constantemente de los cambios que viene experimentando el mundo que vivimos. Lo hacemos acompañando esta idea de la palabra crisis. Nos sentimos en crisis y percibimos que nuestro mundo se transforma. Crisis y cambio se convierten en conceptos ineludiblemente unidos.

La crisis no es una cuestión monolítica que explique todo la abarcable de una sola vez. El hombre está diseñado para descomponer la realidad, elaborar abstracciones de la naturaleza y establecer categorías. De este modo se ayuda a sí mismo a interpretar el mundo. Así, normalmente concluimos que detrás de un accidente hay múltiples causas. Una transformación tan profunda como la que experimenta nuestra realidad no podía ser menos. Tras un esforzado análisis identifico siete crisis subyacentes al advenimiento de un mundo que cambiará completamente nuestras vidas.

 

La disrupción tecnológica

Este apartado requiere poca presentación. Lo avanzábamos en nuestro artículo sobre El Datalítico. No obstante, debemos tener presente que la radical disrupción que representa la transformación tecnológica actual se encuentra en el origen de todos los cambios. Esto ha sido siempre así a lo largo de la Historia. 11123530043_1d28f2fa35_oLo fue cuando el desarrollo de la agricultura provocó el paso del Paleolítico al Neolítico. También estuvo
detrás del advenimiento de la Ilustración. Asimismo, es evidente que también tuvo mucho que ver con la aparición y desarrollo de la sociedad industrial.

Actualmente, el avance tecnológico se está produciendo más rápidamente que nunca y está provocando el advenimiento de un mundo exponencialmente más complejo. La complejidad desencadena transformaciones profundas y repentinas. La transformación tecnológica se encuentra, por tanto, en la base de todas las demás crisis que veremos a continuación.

 

Crisis de las instituciones

La tecnología está modificando nuestras vidas. Los cambios de la anterior revolución tecnológica – básicamente, la asociada a la segunda revolución industrial, el motor de explosión y el despliegue de la electricidad – transformaron la vida de nuestros abuelos de manera espectacular. Lo hicieron impactando físicamente en sus vidas.

Esta nueva tecnología que nos invade es menos visible pero impacta en aspectos muy sutiles de la Humanidad. Lo hace sobre la forma en que nos informamos o la forma en que nos comunicamos, nos relacionamos e interactuamos. Cambia incluso la manera en que sentimos y nos emocionamos. En definitiva, se altera nuestra propia interpretación del mundo que vivimos. 

Como consecuencia, se transforman los modelos de negocio y los mecanismos de relación social. Finalmente, entran en crisis las instituciones sociales que heredamos de un mundo completamente distinto y representaron los cimientos en los que se sustentó la convivencia social durante mucho tiempo. El organismo social se tensiona y se acerca a un punto de bifurcación.

Crisis del capitalismo

Una de las primeras instituciones que entra en crisis es el capitalismo. El capitalismo se encuentra muriendo de éxito. Según los fundamentos de este modelo de división social del trabajo, las rentas no consumidas se convierten en ahorro y nutren nuevas inversiones que mejoran la eficiencia de los medios de producción. Todo ello provoca un círculo virtuoso que incrementa el acceso de la población a nuevos y mejores bienes y servicios.

El actual incremento de la eficiencia está siendo exponencial por efecto del desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, así como el de todas las técnicas que se derivan de las mismas: entre otras, la nanotecnología, la robótica y la inteligencia artificial. Esto nos conduce a un nuevo escenario donde los precios se reducen de forma progresiva, rápida e inexorablemente. Es un escenario, por decirlo de alguna manera, estructuralmente deflacionista. Entramos en lo que Jeremy Rifkin denomina la sociedad de coste marginal cero, donde las recetas propias del paradigma económico imperante ya no resultan.

 

Crisis de identidad

Según algunos estudios, el 70% de los actuales alumnos de secundaria van a trabajar en profesiones que aún no existen. Según otras versiones, el 60% de las ocupaciones que tendremos dentro de 20 años (o menos) aún no han sido inventadas.

A esto debemos añadir que ante un entorno incierto y cambiante, las personas deberán habituarse a cambios continuos en su carrera profesional, siendo capaces de adaptarse a diferentes ocupaciones, desempeños y profesiones a lo largo de su vida.

Como resultado de esta nueva realidad, las nuevas generaciones se enfrentan a un escenario tremendo de pérdida de identidad. En efecto, la profesión ha sido tradicionalmente un elemento esencial en la conformación del sentimiento de identidad individual. Al referirnos a San José no decimos que trabajaba de carpintero; de él decimos que era carpintero.

 

Crisis intergeneracional

La incertidumbre que viven las nuevas generaciones da lugar a la siguiente crisis. Por primera vez existe una generación que va a vivir peor que sus padres. Los avances tecnológicos hacen la vida más fácil, pero los progenitores de las nuevas generaciones tuvieron una vida más estable y un acceso más predecible a factores transcendentales como una profesión o la formación de una familia.

La crisis de identidad, la incertidumbre y el peso de la deuda que recae sobre sus hombros, lamina sus expectativas de futuro y provoca grandes dosis de frustración. Así es como brota un sentimiento de rechazo de unas generaciones contra otras. En palabras de Gabriel Masfurroll: “en todas partes hay una lucha entre la renovación y el establishment que lógicamente se resiste a cambiar”.

 

Crisis moral

En el mundo actual la religión está en crisis. Desde el punto de vista del presente artículo, poco importa si las creencias que sustentan nuestras religiones son ciertas o no. A los efectos de lo que estamos analizando, la cuestión relevante es el impacto que tuvo en la humanidad la emergencia de lo que Karl Jaspers vino a denominar el pensamiento axial. Este fenómeno tuvo lugar hace dos mil años aproximadamente. El conjunto de religiones surgido (más o menos) simultáneamente en distintos puntos del planeta, constituyeron los fundamentos de los marcos de relación social, las normas de conducta y códigos de comportamiento de todas las civilizaciones humanas. Sirvieron asimismo como aglutinante de grupos humanos; elementos que vertebraban a las diferentes civilizaciones. De este modo, grandes cantidades de personas eran capaces de movilizarse y comportarse de manera colectivamente eficaz gracias a un acervo de símbolos y creencias compartidas que les movían en una misma dirección.

El declive de las religiones nos trae algo más que una crisis de espiritualidad. Nos trae profundas consecuencias desde el punto de vista de la evolución de nuestra civilización.

 

Crisis del dinero fiduciario

Existe otra institución heredada del Siglo XX que se encuentra atravesando una profunda crisis. Me refiero al dinero fiduciario. Para los economistas de la Escuela Austríaca el dinero fiduciario es, en realidad, un sustitutivo del dinero, en el sentido de que, lo que no tiene valor de uso, no puede tener estrictamente la consideración de dinero real. El dinero fiduciario no tiene una contrapartida real. Cuando creamos dinero artificialmente fijamos como contrapartida una serie de compromisos futuros de pago. De este modo, la impresión de dinero legal comporta la creación de deuda.

3617706196_813634952fSiguiendo la ortodoxia del paradigma económico actual, los bancos centrales están tratando de combatir la deflación para activar el crecimiento económico. Para ello crean cantidades crecientes de dinero. Sin embargo, cometen un error de principio. Cierto, están tratando de corregir un fenómeno de carácter tecnológico –la reducción de los costes provocada por el incremento exponencial de la eficiencia– con medidas de política monetaria. Ese esfuerzo es vano. No se puede compensar un efecto tecnológico estructural con un mecanismo de una naturaleza completamente diferente. En el camino, se está generando una burbuja de deuda que nunca se podrá devolver. El sistema colapsará. Cada nueva burbuja es mayor, su efecto dura menos, tiene un impacto menor en el crecimiento económico y sus efectos colaterales son mayores.

 

Concluimos

Una realidad histórica no se explica desde una sola causa. Los entornos complejos no se pueden interpretar con explicaciones simples. Por otra parte, la realidad no es lineal. Estas siete causas que explican el mundo que vivimos interactúan entre ellas de forma dinámica, de tal modo que incrementan la complejidad de nuestro particular universo. Surgen así realidades nuevas que subyacen a fenómenos emergentes como la economía colaborativa, la aparición de nuevos modelos de distribución o el surgimiento de nuevas ideologías.

Cuando repaso mentalmente estos siete elementos no dejo de sentirme abrumado. Ciertamente tenemos ante nosotros una ingente tarea para reconstruir el organismo social. Tan importante como desarrollar nuevas soluciones tecnológicas es abordar la importancia de edificar nuevos mecanismos de interacción social que resulten más eficaces y más justos. Un número creciente de personas con necesidades especiales de apoyo van a requerir que las organizaciones sociales den un paso al frente y construyan nuevos modelos de instituciones para el siglo digital.

 

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Un mundo feliz

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Ese es el título de la novela escrita por Aldous Huxley en 1931. Se trata de una distopía que ha pasado a ocupar, por méritos propios, un lugar entre los clásicos de la literatura mundial.

Un mundo feliz desarrolla su acción durante el Siglo XXVI. Los seres humanos son producidos en laboratorios que los configuran genéticamente para pertenecer a una determinada casta. Carecen de padre o de madre y el concepto de familia es fuertemente rechazado. Todos pertenecen al organismo social. Desde su más tierna infancia son sometidos a técnicas psicológicas fuertemente conductistas para condicionar su comportamiento. Esas prácticas no solamente condicionarán su conducta sino que lo harán, incluso, con sus propias creencias. Su interpretación de la realidad será impresa en su subconsciente a través de un proceso perfecta y sistemáticamente ejecutado.

La tecnología ha permitido evitar las enfermedades y combatir el envejecimiento. La gente vive sana hasta la hora de su muerte y no conoce la senectud ni la enfermedad. El desarrollo social y tecnológico provee a los humanos de una vida sin sufrimiento. La sociedad perfectamente organizada dispensa a los individuos todo lo que precisan para una vida placentera. Provee incluso de aromas y percepciones sensoriales.

CEem28SWAAAkcqmEs un mundo esencialmente estable, en el que los seres humanos desconocen el significado de la incertidumbre y de la ansiedad. Disponen de una droga para su uso continuado con la que combaten cualquier atisbo de incomodidad emocional. Observamos la influencia en el autor de tres campos que tuvieron una importante relevancia durante el siglo XX: biotecnología, drogas y conductismo.

Ante la falta de tensiones, las personas se someten periódicamente a un tratamiento de choque para generar la adrenalina que el cuerpo humano necesita. Unos años después Von Bertalanffy advierte la misma realidad en su Teoría general de los sistemas: “en condiciones de reducción de tensiones y satisfacción de necesidades biológicas aparecieron nuevas formas de trastorno (…) originadas no en pulsiones reprimidas, necesidades insatisfechas o stress, sino en la falta de significado de la vida”.

Un mundo feliz describe un mundo sin enfermedad y estable. Pero también un mundo sin los rasgos que caracterizan a los seres humanos. Un mundo sin amor, pasión, ni creatividad. Los seres humanos han sido despojados de lo que más los caracteriza: la búsqueda de aquello que dota de sentido a la vida.

La realidad es que no podemos suprimir el sufrimiento, la incertidumbre o la enfermedad. Como bien advirtió Von Bertalanffy el desarrollo social y tecnológico trae consigo nuevas complicaciones en un proceso recursivo que no tiene fin. Pero podemos vivir la vida con pasión, plantarle cara con valentía y dotarle de un sentido.

Huxley escribió esta distopía en 1931 impresionado por el creciente poder de la ciencia y la tecnología. Su obra es una advertencia sobre los peligros de la deshumanización. Piensen ustedes en lo que la tecnología ha avanzado desde entonces. Pero seguimos siendo humanos. Está en nuestras manos la creación de organizaciones sociales que nos ayuden a enfrentar este inmenso desarrollo tecnológico. Con respeto a nuestra condición humana.

Las 14 condiciones para la organización social del mundo digital

Social Media

En artículos anteriores hemos puesto énfasis en el formidable incremento de la complejidad que experimenta el mundo que vivimos. Quienes gestionamos organizaciones sociales habremos de familiarizarnos con este nuevo mundo exponencialmente más complejo.

Los patrones que rigen la complejidad aplican tanto a los organismos biológicos como a los organismos sociales. Consecuentemente, si queremos comprender cómo podemos desarrollar una organización que resulte eficaz en un entorno complejo, conviene que nos fijemos en cómo la Naturaleza afronta y resuelve el hecho de la complejidad. Para el profesor Malik, las escuelas de negocio deberían enseñarnos algo más que técnicas de planificación y control o finanzas. Para interactuar con entornos complejos debemos realizar una aproximación a ciencias como la biología, la biónica o la cibernética. A la propuesta de Malik yo añadiría otros campos del saber, como la termodinámica y la teoría general de sistemas.

En la medida que profundizamos en estas materias y descubrimos cómo funcionan los organismos eficientes en la Naturaleza, podemos deducir cuáles son las condiciones que habrán de reunir las organizaciones sociales para resultar eficaces en un entorno complejo. En Vivelibre las hemos estudiado y del análisis han surgido 14 características esenciales.

1.- Evolución

Vivimos en un entorno de cambio continuo. Nuestra realidad se transforma constantemente. El crecimiento exponencial de la potencia de la tecnología está provocando una profunda transformación del mundo que vivimos. El entorno en el que nos desenvolvemos cambia de forma cada vez más rápida y más profunda.

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Necesitamos organizaciones capaces de adaptarse continuamente a un medio en permanente cambio y transformación. Ya no nos vale la mejora continua o una mera reingeniería de procesos. Los tradicionales procesos de cambio se tornan insuficientes. En muchas ocasiones se precisa una verdadera evolución en la genética de la organización, con objeto de transformar modelos industriales en organizaciones propias del mundo digital.

2.- Dinamismo

De la primera característica se deduce que necesitamos organizaciones dinámicas, capaces de moverse con agilidad. Esto comporta actuar sobre los elementos estructurales y organizativos de la institución, pero ante todo tendremos que actuar sobre los elementos más intangibles. El ser humano cuenta con una doble dimensión; es un ente biológico pero a su vez una realidad cultural. Transformar una organización diseñada para actuar en entornos estables para ser eficaz en un mundo dinámico requiere modificar nuestros procesos, pero también cultura, nuestra forma de hacer las cosas, nuestras pautas de comportamiento y nuestras creencias.

3.- Flexibilidad

Convertirnos en una organización dinámica exige altos niveles de flexibilidad. Por flexibilidad entendemos lo que siempre hemos interpretado como tal en el mundo del management, esto es, la capacidad de adaptarnos a los requerimientos del cliente, diseñando soluciones a la medida de sus particulares necesidades.

No obstante, en el momento que vivimos actualmente, el concepto de flexibilidad alcanza también una segunda dimensión, en tanto en cuanto habremos de ser flexibles en nuestra capacidad de adaptarnos a las nuevas exigencias del nuevo mundo digital que se transforma continuamente.

4.- Capacidad de aprender (y de desaprender)

Evolucionar, esto es, mutar, comporta hacer las cosas de otra manera, y requiere cambios en nuestra cultura. Asimismo, es preciso hacer esto de forma muy rápida. Necesitamos por tanto organizaciones capaces de aprender muy rápidamente.images

No obstante, no podemos pasar de ser una organización de la sociedad industrial a convertirnos en una organización del mundo digital si no dejamos de hacer algunas (o muchas) cosas de las que hacíamos antes. Tenemos que dejar de hacer las cosas como las hacíamos antes. Consecuentemente tenemos que provocar un cambio en nuestras creencias, nuestros apriorismos y nuestros prejuicios. En definitiva, tenemos que cambiar nuestra visión de la realidad en lo que al trabajo se refiere. No solamente tenemos que aprender cosas nuevas, sino que es un requisito previo desarrollar la capacidad de desaprender.

5.- Creatividad

Como diría el científico húngaro Ervin Laszlo, el cosmos es un lugar esencialmente creativo. La vida es un acto continuo de creatividad. Tanto evolucionar como aprender, esto es, transformarse, comporta altas dosis de creatividad. Las organizaciones que pretendan sobrevivir habrán de ser altamente creativas.

6.- Tamaño

La necesidad de alcanzar el dimensionamiento adecuado es un axioma básico en la gestión empresarial. Hoy más que nunca es un elemento que debemos mantener presente. Sin embargo, el tamaño tiene hoy un significado profundamente distinto.

En el mundo industrial que hoy recesa nos movíamos conforme a un paradigma que potenciaba las economías de escala; hablar de tamaño llevaba implícito hablar de grandes volúmenes. Sin embargo, cuando hoy hablamos de tamaño nos referimos a lo contrario. Una organización dinámica, flexible, creativa y con alta capacidad de respuesta ante los cambios del entorno habrá de ser necesariamente pequeña. Como dijera el célebre López de Arriortúa todavía en el siglo pasado: “en el Siglo XXI el pez rápido se comerá al pez lento”.

7.- Recursividad

Una entidad pequeña habrá de tener por naturaleza una capacidad limitada de dar respuesta a las necesidades de la gente. Necesitaremos por tanto encontrar el modo de escalar la acción reproduciéndola muchas veces, de modo que lleguemos a todas las personas que nos necesitan.

Para ello, desarrollaremos una nueva cualidad: la recursividad. De este modo seremos capaces de replicar los mismos modos organizativos, los mismos procesos, pautas de intervención, paradigmas y principios que dan lugar a una forma única de entender la intervención sobre las personas con necesidades especiales de apoyo y sus familias. Imitando a la Naturaleza, crearemos una realidad holográfica, creciendo en círculos concéntricos y conformando una realidad que se reconoce a sí misma.

8.- Identidad

Surge por tanto como consecuencia de la anterior una nueva característica esencial a la que llamamos identidad. Nuestras organizaciones deben estar dotadas de una identidad fuerte. Las señas de identidad son mucho más que un ejercicio de marketing o de comunicación. Nuestra identidad se configura a través de una forma única de hacer las cosas que surge de nuestra verdadera fuente de valor: nuestros principios.Fingerprint_picture.svg

La sociedad debe ser capaz de identificarnos de una forma clara por el valor que aportamos a las familias y por el papel que nuestra entidad juega en la sociedad o, en su caso, en el mercado.

9.- Autenticidad

La derivada lógica de la anterior se llama autenticidad. Hoy en día la sociedad cuenta con un ejército de expertos en marketing y comunicación. Normalmente, todos reproducen los mismos clichés, se expresan conforme a los mismos patrones y utilizan las mismas muletillas. Da igual si prestan servicios sociosanitarios o venden refrescos: todos producen calidad de vida y quieren hacerte feliz.

De este modo, el lenguaje se vacía de contenido. Las palabras pierden su significado. Como dijera Confucio, cuando las palabras pierden su significado las personas pierden su libertad.

Nuestras organizaciones deben ser auténticas. No debemos dejarnos llevar por el “mainstream” de la comunicación o por lo generalmente aceptado. Debemos hacer aquello en lo que creemos y comunicar lo que pensamos. Si es preciso seremos disruptivos, pero nunca caeremos en la trivialidad.

10.- Cibernética

La cibernética fue desarrollada fundamentalmente por Norbert Wiener a mediados del pasado siglo XX. La cibernética es la ciencia de la retroalimentación. También podemos interpretarla como la ciencia que trata de la interacción del individuo (o la máquina) con el medio. Lógicamente, la cibernética tiene mucho que ver con el intercambio de información.

Una organización que interactúa con un entorno complejo requiere ser necesariamente cibernética. Todas nuestras organizaciones acostumbran a registrar información sobre el entorno. No obstante, ser una organización cibernética significa centrarse en aquellos datos que provocan un cambio en el estado de las cosas. En nuestro caso, en el estado del usuario y en el estado de la relación del usuario con nuestra sistema operativo.

11.- Sensibilidad

Una entidad cibernética comporta dotarse de una especial sensibilidad. Las organizaciones cibernéticas habrán de ser particularmente sensibles para detectar los cambios en el entorno. Lo primero que nos sugiere esta cuestión es que necesitamos sensores, esto es, medidores de la realidad.

No obstante, la sensibilidad de la que hablamos alcanza un significado mucho más profundo. No solamente necesitamos sensores sino también sistemas avanzados de tratamiento de la información, procesos, sistemas operativos y modelos organizacionales adecuados a esta forma de entender nuestra actividad. A todos estos aspectos de carácter logístico y operativo debemos añadir otro elemento esencial: la cultura. En efecto, necesitamos desarrollar en nuestras organizaciones personas dotadas de una cultura alineada con esta interpretación de la realidad, esta forma de hacer las cosas y, ante todo, comprometidas con nuestros valores. La sensibilidad es una cuestión de sistemas y de personas.

12.- Complejidad

“El crecimiento del desarrollo social depende de que las sociedades sean más grandes, más complicadas y más difíciles de gestionar”. La cita es de Ian Morris. Cuando el mundo en el que vivimos se vuelve mucho más complejo, necesitamos dotar a las personas de soluciones sencillas. Sin embargo, hacer esto comporta la paradoja de tener que desarrollar sistemas organizativamente mucho más complejos.

Los organismos complejos desarrollan propiedades emergentes. Esto significa que el organismo está dotado de unas propiedades que son más que la mera suma de las partes. De la interacción dinámica de sus partes surgen propiedades que son distintas de las de sus partes constituyentes.

Para reconocer nuestras propiedades emergentes Malik nos propone el concepto de fuente de valor (“source of value”). En nuestro caso, la fuente de valor de nuestras propiedades emergentes se encuentra en todo ese acervo de principios, valores y paradigmas que definen nuestra forma de abordar la intervención sobre las personas con discapacidad y sus familias, y producen un resultado que es mucho mayor que la suma de las especificaciones del servicio.

Hablamos de conceptos como el paradigma de los apoyos, el principio de autodirección, el paradigma de las capacidades humanas, los principios de inclusión y participación social, el modelo de calidad de vida o la planificación centrada en la persona. Son esas creencias que nos dotan de una fuerza y una convicción cuando realizamos nuestro trabajo que nos hacen ser mucho más competitivos: esto es, hacer las cosas mejor.

Puede haber quien hable de estos conceptos teóricamente, incluso quien los utilice como instrumento de marketing, pero pocas entidades las aplican de forma auténtica, y todas las que lo hacen provienen del mundo de las discapacidad o de las organizaciones de pacientes. Todo esto tiene mucho que ver con una palabra: compromiso.

13.- Universalidad

Jeremy Rifkin nos habla de la enfermedad singular. En el futuro dispondremos de una información tan asombrosamente amplia y detallada del estado de salud de cada persona que ya no hablaremos de enfermedades genéricas, sino que cada persona comportará, por así decirlo, una enfermedad en sí mismo. En realidad, lo volveremos por pasiva, y cada persona comportará una descripción de su estado de salud. Esta descripción incluirá información amplia y muy diversa, entre la que se encontrará la descripción de su genoma. La información puramente biológica se completará con otras de carácter psicosocial o medioambiental.

Consecuentemente, en el mundo digital avanzamos hacia la individualización absoluta. Esto va traer una transformación radical del sector de atención personas por el lado de la oferta, hasta ahora orientado la gestión de segmentos de mercado.

Las organizaciones sociales del mundo digital prestaremos servicios universales. Todas las personas recibirán el mismo servicio. Sin embargo, un proceso absolutamente individualizado proveerá una solución diferente a cada persona. Un mismo servicio; una solución diferente.

14.- Complementariedad

Nuestras organizaciones se comportan como sistemas disipativos. Los sistemas disipativos son organismos estructuralmente cerrados pero energéticamente abiertos. Hablamos de organismos que intercambian constantemente energía con el entorno. Así habrán de ser nuestras entidades: capaces de intercambiar energía. Como dice Peter Atkins (El dedo de Galileo), “la energía es verdaderamente la moneda de la contabilidad cósmica”.

Por lo tanto, una estructura disipativa es una entidad cooperadora. La implicación más profunda es la necesidad de desarrollar redes de colaboración para encontrar modelos donde todos intercambiemos energía y nos complementemos mutuamente.

 

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Futuro Singular 2015 en Casa de América, Madrid

Futuro Singular: El nuevo paradigma de las organizaciones sociales

¡Gracias a todos los que participaron en este evento en 2015!

El jueves 19 de noviembre de 2015 celebramos el primer evento denominado “Futuro Singular”, una jornada abierta al público donde se reunieron expertos en inteligencia artificial, telemedicina, genética molecular, ingeniería biomédica y neurociencia. Se trataron los avances en el conocimiento del cerebro y su relación con las enfermedades neurodegenerativas; las propuestas de mejoramiento humano conocidas como transhumanismo y la tecnoética; las posibilidades que ofrecen los modernos análisis genéticos, y otros temas apasionantes.

Entre otros, se contó con la participación de Javier de Felipe, neurocientífico, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y actualmente co-director del “Human Brain Project” de la Comisión Europea.

Durante el evento se pusieron en común distintos enfoques y reflexiones sobre el futuro de las organizaciones que se dedican a la atención a las personas con discapacidad y, en general, a los colectivos con necesidades especiales de apoyo.

 

El programa del evento:

http://vivelibre.es/futurosingular/pdf/Programa-Evento-Futuro-Singular-2015.pdf

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Prohibido segmentar

segmentar

“No segmente: sí, sí, como lo lee. Sólo usted lo necesita y no su consumidor”

–Javier Rovira (Consumering)

Vivimos tiempos de cambio. Este cambio alcanza no solamente a la dimensión tecnológica de las cosas sino también a nuestra forma de ver el mundo y a nuestros valores. Sin embargo, nuestra forma de hacer las cosas sigue siendo muchas veces la misma de siempre. Esto resulta muy frecuente en el mundo del management, particularmente en el campo de los servicios de atención a personas. Todas las empresas insisten en que ofrecen una atención personalizada. Sin embargo, la industria del sector sociosanitario se encuentra más estandarizada que nunca. Los individuos son vistos muchas veces como una fracción de un segmento de mercado.

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Me pregunto si esto tiene que ver con el eterno dilema filosófico de los universales. Los humanos tendemos a reificar constructos que solamente son abstracciones de nuestra mente: recursos mentales para explicar e interpretar el mundo. Para Guillermo de Ockham todo lo que existe es individual, de lo cual se sigue que todas nuestras ideas generales no son por naturaleza ni imágenes, ni retratos, ni representaciones mentales de alguna cosa real. Intentar clasificar una realidad diversa en segmentos de población va en contra de la realidad de las cosas.

En este sentido se pronuncia Humberto Maturana, el biólogo de la escuela de Santiago: “todos los fenómenos biológicos ocurren a través de la realización individual de los seres vivos”. La especie es un constructo mental que se refiere a la colección de individuos que comparten una serie de patrones y son capaces de entrecruzamiento reproductivo. Por pura economía de lenguaje lo expresamos con una palabra. Pero lo único real es el individuo: la persona.

Podemos decirlo también desde un punto de vista matemático. Para el célebre matemático Leopold Kronecker, “Dios creó los números naturales. Todo lo demás es obra del hombre”. La Naturaleza solamente cuenta unidades; las fracciones son invenciones del hombre.

La segmentación fue un recurso útil en el mundo industrial. Se trataba de un escenario relativamente estático, lineal, estable y previsible. Contábamos con información limitada sobre la realidad de la gente. Tratábamos de encontrar así pautas comunes entre diferentes grupos. Hoy el mundo ha cambiado y ha devenido en una realidad compleja, dinámica, incierta y, ante todo, diversa. No podemos generalizar. Ya no contamos con una información reducida, sino que tenemos a nuestro alcance una cantidad de información impresionante sobre cada individuo. El ejemplo más representativo es la posibilidad de descifrar el genoma de cualquier individuo. Ya no se justifica la generalización.

Cuando se segmenta a las personas se crean diferentes categorías artificialmente definidas. De este modo despersonalizamos a nuestros clientes, reduciéndolos a la parte proporcional de un segmento de mercado. Reificamos ese segmento como si realmente fuera una realidad ontológica. Así hablamos de los mayores o los discapacitados como si esas expresiones se refirieran a una unidad homogénea.

Chico silla

Sin embargo, cada individuo es una realidad única, diversa y compleja. No podemos seguir pensando en términos de categorías. Estamos en el Siglo XXI. Disponemos de tecnología e información como no hemos dispuesto nunca. Estamos ante la posibilidad de la personalización absoluta. Podemos dejar de tratar a las personas como pedazos de una realidad homogénea que llamamos mercado para comenzar a tratarlos como seres humanos individualmente considerados, diversos y únicos.

Esta visión requiere transformar todos los modelos de negocio, los sistemas operativos y las herramientas que empleábamos hasta ahora; en suma, las viejas instituciones ya no nos valen. Tendremos que empezar por cambiar nuestra forma de ver el mundo y de entender nuestro trabajo (cultura).

En ViveLibre tenemos prohibido segmentar, categorizar, clasificar o etiquetar a las personas. Cada ViveLibre es único. Un mismo servicio; una solución diferente.

ViveLibre en mano

El tercer estadio

si podemos

Ylia Prigogine (premio nobel de química) nos describió en “La nueva alianza” el cambio de paradigma que supuso el formidable avance de la ciencia durante el siglo XX. La física newtoniana y el racionalismo cartesiano nos proyectaron un mundo antropocéntrico, en el que la razón humana parecía capaz de dominar el mundo. Esta presunta capacidad de dominio sobre la naturaleza creaba la ilusión de un mundo determinista, cognoscible, controlado, y por tanto estable. La inmutabilidad se constituía en un valor al alza.

Este mundo comenzó a tambalearse al ritmo de una ciencia que nos describió una realidad muy diferente. Nos movemos en el escenario de un universo en permanente cambio y transformación; una realidad imprevisible y esencialmente espontanea que no responde a postulados matemáticos deterministas, sino probabilísticos. La nueva ciencia nos trasladó de un mundo estático a uno esencialmente dinámico.

La segunda mitad del siglo XX significó el punto culminante de aquella sociedad industrial, que sobre el dominio de la física clásica y el discurso del método fue capaz de maximizar la producción de bienes y servicios mediante la acumulación de capital, las economías de escala, la estandarización de los procesos de producción y la acción sistemática de planificación y control de los factores de producción.

Ese periodo de la historia económica del hombre está llegando a su fin, como consecuencia de una formidable disrupción tecnológica. El cómo valoremos e interpretemos el impacto que la tecnología está teniendo sobre la historia de la humanidad dependerá de dos factores. En primer lugar, deberemos fijarnos en el horizonte temporal a que nos refiramos. En segundo lugar, habrá que evaluar el impacto del desarrollo tecnológico desde un punto de vista multidisciplinar y no limitarse solo al análisis de la influencia que pueda tener en la mejora de la eficiencia productiva. Ciertamente, el nuevo mundo digital está provocando un efecto formidable sobre la comunicación humana y la forma en que interactuamos. Lo hace incluso sobre la gramática misma, fundamento de lo que somos.

Este nuevo tiempo tecnológico está impactando drásticamente sobre la forma en que las personas se relacionan y se organizan, esto es, en la manera en que empatizan. En definitiva, se está desmoronando el sistema de instituciones que se asocia a la sociedad tribal. Tal es la importancia del impacto que la técnica está ejerciendo sobre la propia humanidad.

A mediados del siglo XX, Karl Jaspers lo vislumbró con notable clarividencia. Murió en 1969 y no llegó a conocer la emergencia del mundo digital. Sin embargo, supo interpretar aquellos patrones universales que anunciaban la entrada en un nuevo periodo de la humanidad como consecuencia de un avance extraordinario de la tecnología.

Para Jaspers, el hombre, tal como lo conocemos, había superado tres grandes periodos. El primero de ellos se refería a la prehistoria. La segunda se correspondía con la etapa prometeica. Tras ella llegó el periodo en el que se desarrolló la era axial, un momento de la historia en el que se forjaron todos aquellos valores y creencias que han cimentado el significado de lo que representa la humanidad misma. Jaspers identificó el fin de esta era sustentada por el pensamiento axial y su reemplazo por una nueva cuyo origen estaba en la revolución técnica. En ese caso nos encontraríamos, desde un punto de vista evolutivo, en los albores del cuarto periodo de la humanidad.

El ser humano tiende a clasificar y categorizar la realidad como mecanismo evolutivo para interpretar el mundo que le rodea. Podemos dividir la historia e interpretarla desde muchos ángulos. Ray Kurzweil lo hace desde el punto de vista de la evolución biológica y tecnológica. Kurzweil identifica seis fases y, en su opinión, la humanidad se encuentra en los albores de la quinta. Esta nueva era en la que nos adentramos no es otra que la de la singularidad tecnológica.

Para Jean Guilaine, antropólogo francés, nos encontramos viviendo actualmente el fin del Neolítico, aquel periodo de la Historia en el que se constituyeron las estructuras tribales que han dominado la organización social durante los últimos ocho mil años. Estamos entrando en el tercer estadio de la humanidad: bienvenidos al Datalítico. Desde este punto de vista, toda la época del desarrollo técnico no es otra cosa que un proceso gradual que habrá de servir de tránsito hacia una nueva concepción de la organización social y de la humanidad misma.

No importa desde qué ángulo nos propongamos interpretar el periodo de la Historia en que nos encontramos. La conclusión necesaria es que el ser humano está viviendo una profunda transformación de su constitución más esencial. Cuanto mayor sea la perspectiva temporal con la que analicemos la cuestión, más profundas serán las connotaciones que detectemos. Todo indica que aquellos que se refieren al momento actual como la Tercera Revolución Industrial se están quedando manifiestamente cortos.

De acuerdo con Ian Morris, el catedrático de Historia de Stanford, cada etapa de la humanidad encuentra el pensamiento que necesita. Desde los tiempos de Karl Jaspers venimos observando el desmoronamiento del pensamiento axial, es decir, de los cimientos que sustentaron la interpretación de nuestra propia existencia. Esta visión del mundo que guio la humanidad durante dos mil quinientos años se encuentra en crisis. Sin embargo, no ha surgido un nuevo pensamiento que pueda reemplazarlo.

Necesitamos un nuevo pensamiento que, preservando las verdades inmutables y los valores universales que identificaron al ser humano durante todo este tiempo, nos sirva para transitar por esta nueva era tecnológica y digital. Necesitamos un nuevo pensamiento que actúe como aglutinante de una sociedad incrementalmente compleja y diversa. Un pensamiento que encuentre los elementos que nos unen y nos permitan defendernos ante los estertores de los residuos tribales que, en su ocaso evolutivo, infringen un daño demoledor.

Precisamos una nueva concepción del hombre: como ser individual y como ser relacional. De otro modo, el caos está servido: el proceso será largo y doloroso.

ViveLibre y las propiedades emergentes

Abarcas

ViveLibre representa mucho más que el nombre con que ATAM denominará a partir de ahora a su plataforma de servicios para la autonomía personal. ViveLibre expresa la simbiosis entre la tecnología digital más avanzada y la experiencia de más de 40 años atendiendo a personas con necesidades especiales.

Podemos afirmar que ViveLibre cuenta con la tecnología más avanzada que puede encontrase hoy en día en este tipo de servicios. Estamos ante un sofisticado sistema que nos permite personalizar el servicio como ningún otro y alcanzar una gran precisión a través de su amplio sistema de alertas y funcionalidades. Sin embargo, esa no es la importancia última de ViveLibre.

Cuando los usuarios de ViveLibre nos cuentan su experiencia nos trasladan un mensaje mucho más profundo que lo que inicialmente uno pudiera esperar de un sencillo servicio que opera sobre el Smartphone. Vivimos una verdadera profusión de aplicaciones móviles y nuevos modelos de negocio cada vez más ocurrentes. Pero, de alguna manera, el nuevo mundo digital se comporta en ocasiones como un escenario muy efímero. Todo cambia y se transforma constantemente.

movilmano

Quienes tenemos a nuestro cargo a personas que requieren un cuidado especial necesitamos algo más que une mera solución tecnológica. Necesitamos modelos de instituciones en las que poder confiar: por su profesionalidad, sus valores y su consistencia. Para poder confiar en una Organización necesitamos creer que estará allí mañana, cuando la necesitemos. Cuidar de la salud, la seguridad y la autonomía personal de nuestros seres queridos requiere estabilidad en el tiempo y, en un mundo tan mudable como el actual, este es un valor escaso.

Vivimos en un mundo incrementalmente complejo. Las instituciones tradicionales del mundo sociosanitario fueron diseñadas mayoritariamente en un mundo estable, casi inmutable, mucho más sencillo, dominado por procesos lineales y simples. Necesitamos dotarnos de nuevos modelos institucionales; organizaciones propias del mundo digital, que habrán de ser diseñadas para afrontar una realidad compleja. Dar solución a necesidades complejas exige a su vez crear sistemas más complejos. Resulta paradójico, pero solamente los sistemas complejos pueden ofrecernos soluciones sencillas.


Recientemente tuve ocasión de asistir a una conferencia de D. Higinio Marín, gran profesor de filosofía. De él aprendí que la palabra “complejo” viene del latín “complexus” y significa “hecho de una sola pieza”, esto es, sin costuras. Así habrán de estar diseñados los sistemas operativos para la provisión de servicios de atención a personas con necesidades de apoyo: de una sola pieza. En términos de management, esto significa la integración de la cadena de valor.

ATAM ha venido trabajando durante más de diez años en un proceso de reingeniería por el que ha integrado todos los elementos y competencias organizacionales que le permiten ofrecer un servicio de una sola pieza: sin costuras. De este modo, ViveLibre controla desde el contacto directo con el usuario hasta el desarrollo de las soluciones tecnológicas, pasando por un equipo clínico experto en discapacidad y dependencia, una red profesional de apoyo psicosocial a familias y un contact center con más de 400 teleoperadores.

alarmas VivelibreCuando un sistema operativo se encuentra totalmente integrado bajo una dirección única ofrece un resultado mucho mayor que la mera suma de sus partes. Esta es la otra gran característica de los
sistemas complejos: están dotados de propiedades emergentes. Esto significa que el conjunto del sistema cuenta con propiedades que son diferentes a las de las partes que lo componen. De la interacción dinámica entre las partes surgen propiedades nuevas. Solamente las propiedades emergentes de ViveLibre explican la experiencia de utilizar un servicio aparentemente tan sencillo.

Las propiedades emergentes son mucho más que una mera analogía con el mundo de la biología. Friedmund Malik, el célebre consultor austríaco, las considera un elemento fundamental para la competitividad de cualquier empresa. Malik las relaciona con lo que denomina Source of Value y tienen que ver con ese conjunto de principios y valores en los que la organización cree firmemente; esas creencias que sirven de base para una cultura compartida y dotan a la entidad de una fuerza especial para hacer aquello en lo que creen. En este caso, hablamos del compromiso que resulta tras 40 años atendiendo a personas con necesidades de apoyo y sus familias.