Evolución y cuántica

planeta tierra

El científico Timothy Lenton ha dado pruebas de que la evolución depende mucho más de la interacción entre las especies que de la interacción entre individuos de la misma especie, así que la evolución se convierte más en una cuestión de supervivencia de los grupos más adaptables, que de los grupos más adaptados.

Lepton, de esta forma, suscribiría la hipótesis sobre Gaia de James Lovelock, que sostiene que el planeta Tierra con todas sus especies conforma un organismo vivo e interactivo.

Sería, también, el razonamiento ecológico basado en la conjunción de distintas disciplinas científicas bajo la idea de considerar a la naturaleza como un todo, como un organismo, es decir, un mismo cuerpo con un mismo hálito vital.

Por mi parte, todo lo que he formulado sobre el “homúnculo cuántico”, la libertad del ser vivo y el mismo “apunte sobre la consciencia” conduce a una profunda revalorización de la “consciencia animal”, como emergencia de una nueva cualidad, que es la misma que alienta en nosotros. Habrá diferencias cuantitativas, pero cualitativamente todo ser vivo encierra en sí mismo un germen de libertad, voluntad, deseo y por ende de sensibilidad.

En cuanto aval de la supuesta conexión cuántica de la vida, me hago eco de dos recientes descubrimientos.

En primer lugar, la revista del MIT, Technology Review, refleja en un artículo que los procesos de entrelazamiento cuántico podrían explicar la forma en que los pájaros se orientan en vuelo utilizando el campo magnético de la Tierra.

Un equipo dirigido por el Dr. Vladko Vedral, de la Universidad de Oxford, ha aportado varios elementos que completan y precisan los evocados con anterioridad por el Dr. Yannis Kominis, de la Universidad de Creta.

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En su opinión, los pájaros disponen de moléculas detrás de sus ojos, sobre la retina, que son sensibles tanto a los fotones de luz que reciben por el ojo, como al campo magnético terrestre. Cuando tales moléculas absorben un fotón, se genera un par de electrones “entrelazados”, de los que uno de ellos se transfiere a la otra parte de la molécula. En ausencia del campo magnético, la pareja de electrones entrelazados se unen restituyendo al electrón en su estado inicial. Mas el campo magnético puede modificar el spin de uno de tales electrones entrelazados, permitiendo a los dos recolocarse en un estado diferente. La molécula, pues, adopta entonces un nuevo estado que el pájaro puede percibir.

El estado de entrelazamiento podría ser mantenido “antes de la decoherencia” durante unos 100 microsegundos (mientras que en los experimentos físicos que se realizan en el laboratorio el estado de entrelazamiento no dura más de 80 microsegundos).

La utilización de fenómenos de entrelazamiento cuántico en los procesos de magnetorrecepción biológica estudiados, son sólo un subproducto de tales procesos, no su verdadera esencia. Es como si el organismo biológico, en su evolución, se hubiera aprovechado de esta propiedad cuántica que se encontraba disponible… Esto abre un horizonte fabuloso de investigación, pues es fácil suponer que tales entrelazamientos cuánticos podrían estar subyaciendo en el funcionamiento de células, cerebro y cuerpo.

El segundo descubrimiento hace referencia a la sugerencia y después confirmación de que el formidable proceso fotosintético es también un proceso cuántico.

Así lo puso en claro un estudio realizado por investigadores del Departamento de Energía del Lawrence Berkeley National Laboratory.

 

planta final

 

Como sabemos, la fotosíntesis consiste en una serie de procesos por los que las plantas y cianobacterias captan energía luminosa, transfiriéndola a los centros de las reacciones moleculares, convirtiéndola en energía química de forma casi instantánea y con una eficiencia de prácticamente el 100%.

Y es que obtuvieron evidencias directas de que la “coherencia cuántica” electrónica ondulatoria juega un importante papel en tal proceso de transferencia energética.

Según el primer responsable de la investigación, Graham Fleming, las características ondulatorias del fenómeno de coherencia cuántica podrían explicar la gran eficiencia de la fotosíntesis, al poderse probar simultáneamente todos los “caminos” o posibles vías de energía potencial antes de elegir el más eficiente de ellos.

El equipo de Fleming consiguió detectar, por medio de mediciones electrónicas espectroscópicas a una escala de femtosegundos (un femtosegundo es la milbillonésima parte del segundo), señales cuánticas u oscilaciones electrónicas coherentes, tanto en moléculas donantes como receptoras, generadas por excitaciones energéticas inducidas por la luz. Y tales oscilaciones se encuentran y se interfieren, formando movimientos ondulantes de energía (superposición) que exploran todas las vías de energía potenciales de manera simultánea y reversible, eligiendo las de mayor eficiencia energética.

Esta investigación ha sido posible gracias al desarrollo de una técnica denominada “espectroscopia electrónica de dos dimensiones”, que permite observar el flujo de excitación energética provocada por la luz en complejos moleculares y con una asombrosa resolución temporal.

Estos experimentos han demostrado que los procesos de transferencia energética implican una coherencia electrónica mucho más intensa de lo que se esperaba, lo que significa que tal proceso es mucho más eficiente de lo que clásicamente se imaginaba.

 

 

 

 

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