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Altruismo digital

Personas paseando

Hace unos días le comentaba a un amigo que una de las experiencias más gratificantes que me ha aportado mi afición a correr fue la de guiar a un atleta con discapacidad visual durante una carrera popular. Recorrimos los 21.097 metros agarrando una pequeña cuerda que nos mantenía unidos a una distancia suficientemente cómoda para llevar el ritmo. Aunque se trataba de una prueba de asfalto, relativamente plana, tuve que permanecer muy atento para indicarle curvas y obstáculos. Me sorprendió su destreza para no tropezar con otros corredores, baches o desniveles, especialmente en los primeros kilómetros, que es cuando hay menos espacio para correr. Cruzar la meta juntos resultó ser tan emocionante como completar mi primera maratón.

¿Por qué nos llena ayudar a los demás? ¿Cuáles son los mecanismos que sustentan nuestra conducta altruista? O simplemente: ¿por qué cooperamos en ocasiones en las que no existe un evidente beneficio personal?

Se ha estudiado mucho sobre la cooperación y el altruismo. Diferentes filósofos, psicólogos, sociólogos y científicos como JohnStuart Mill, Noam Chomsky o Richard Dawkins han escrito acerca del significado de estos conceptos. Estos temas suscitan tanto interés porque son la base de nuestra organización social. El altruismo tiene que ver con pagar un costo personal para ayudar a otros, es decir, con lo que popularmente se conoce como “hacer el bien”. En la cooperación, sin embargo, existe un fin compartido en el que el beneficio es mutuo. Es muy complicado establecer la frontera entre ambos conceptos porque, como me sucedió en aquella carrera, apoyar a alguien sin esperar nada a cambio también proporciona beneficios indirectos o inesperados al que apoya. Esto ha permitido nuestra evolución como sociedad a todos los niveles, porque las relaciones de pareja, las parentales, las relaciones laborales y muchos modelos económicos están basados en la cooperación y el altruismo.

Café senior

Si hay un tema que ha fascinado a psicólogos, genetistas y antropólogos durante siglos ha sido determinar qué parte del comportamiento humano está determinado por nuestra biología o por la influencia del ambiente. Desde hace unos años, investigadores como Michael Tomasello, tratan de averiguar si estamos “programados” para cooperar o si es nuestra educación, cultura y sociedad la que nos hace altruistas.

Según numerosos estudios el altruismo aparece en el ser humano entre los 14 y los 18 meses, al igual que en nuestros primos los chimpancés. Diversas situaciones experimentales han permitido concluir que, entre otras tendencias innatas, nacemos con un impulso natural a ayudar a los demás. Más adelante estas tendencias son moldeadas por el entorno y nuestras relaciones sociales. Estos hallazgos son importantísimos a nivel educativo, pues ya no se trataría de inculcar estos valores en los niños, sino de crear entornos propicios para que se desarrollen.

Cada vez conocemos mejor los mecanismos de “recompensa” que se activan a nivel neurológico al actuar de forma altruista. Sin embargo, como sucede con tantas otras cuestiones relacionadas con nuestra conducta, es muy difícil establecer una teoría única que explique completamente porqué apoyamos a los demás y qué situaciones motivan el desarrollo de estos comportamientos. Como casi todo, se trata de una cuestión multifactorial, que tiene que ver con esa predisposición natural junto a factores evolutivos, cognitivos, emocionales, motivacionales, culturales y sociales que interaccionan de forma única en cada individuo. De esta forma, hay personas que en ciertas situaciones estarían dispuestas incluso a poner en riesgo su propia vida para ayudar a otros sin “a priori” esperar algo a cambio; mientras que otros, ante la misma situación, no moverían un solo dedo. Hay experimentos muy curiosos en este aspecto como los de John Darley y Daniel Batson. A finales de los 70 simularon escenas de auxilio a desconocidos introduciendo variables situacionales relacionadas con la atención, las prisas, hasta la religión, que demuestran lo complejo y singular que resulta el altruismo.

Se discute mucho sobre si nos dirigimos hacia un mundo más o menos solidario; si los valores en los que se basa nuestra sociedad nos “empujan” a ser más o menos egoístas. La mayoría de las personas opinan que vivir en grandes urbes, en las que todo resulta impersonal, donde prima la rapidez, la inmediatez y los valores económicos, está llevándonos a una sociedad donde no tiene cabida el altruismo. Sin embargo, solo hay que observar que, al contrario de lo que puede parecer, cada día hay más recursos, entidades, organizaciones y personas dedicadas a trabajar por los demás. Sería difícil vaticinar, hace apenas un siglo, que existirían políticas sociales globales que pretenden contribuir a la construcción de un mundo más justo. Vivimos en un mundo digital hiperconectado que nos permite cooperar con los que viven al otro lado del mundo, pero también con los que tenemos cerca. En los últimos cinco años han crecido de forma exponencial las iniciativas de economía colaborativa. En este contexto, ATAM ha creado la Comunidad Veracia, un proyecto en el que colaboro activamente y que aspira a promover el apoyo mutuo entre personas cercanas. Si lo pensamos, se trata de facilitar mediante una herramienta tecnológica la tradicional ayuda vecinal. Esta comunidad virtual contribuye a que las personas más vulnerables puedan encontrar apoyo local sin intermediarios, ni contraprestaciones, de manera puntual y rápida; y que los que están dispuestos a ofrecer apoyo puedan hacerlo sin necesidad de implicarse a largo plazo en proyectos de voluntariado. Esto nos ayuda a comprender que las tecnologías digitales, las redes sociales o la comunicación electrónica no tienen por qué alejarnos de los que tenemos más cerca; al contrario, pueden acercarnos y hacernos más sensibles a las necesidades de los demás.

De la curación de la enfermedad al cuidado de la salud

Penicilina

Una bonita historia…

 

En 1916, durante la Primera Guerra Mundial, un médico militar estaba impresionado por la gran mortalidad de las heridas de metralla infectadas. Al finalizar el conflicto regresó al hospital decidido a encontrar un antiséptico capaz de batirse con la gangrena. Su nombre: Alexander Fleming.

Cuenta la leyenda que el laboratorio de Fleming estaba habitualmente desordenado y que esto resultó ser una ventaja para su descubrimiento más famoso. En septiembre de 1928 se encontraba realizando experimentos cuando al inspeccionar sus cultivos antes de destruirlos notó que cierto moho conocido como Penicillium había producido una sustancia con efectos antibacterianos. Consciente de la importancia del descubrimiento, al año siguiente publicó el hallazgo en The British Journal of Experimental Pathology, y decidió no patentarlo para facilitar la difusión del antibiótico entre la población. La reacción de la comunidad científica fue escasa, creyendo que la penicilina sólo sería útil para tratar infecciones de poca monta.

Se equivocaban. La fiebre reumática, la osteomielitis y las fiebres producidas por los estafilococos, entre otras patologías muy populares, desaparecieron prácticamente de golpe entre los años 40 y 60 gracias a la aplicación extensiva de la penicilina. La tuberculosis y la sífils también desaparecieron casi de la noche a la mañana, aunque en el caso de la tuberculosis no fue gracias a la penicilina, sino a la estreptomicina, un antibiótico descubierto con posterioridad (1943). Estos descubrimientos cambiaron la percepción de estas enfermedades hasta entonces tan comunes, precisamente porque prácticamente desaparecieron. Hoy en día apenas se habla de ellas. Todo esto provocó un enorme impacto en la esperanza de vida de la población, incrementando lógicamente el número de personas viviendo en situación de cronicidad. Tal como bromeaba Marcel Proust “La naturaleza nos ha dado enfermedades de corta duración mientras que la medicina ha perfeccionado el arte de prolongarlas”. La ironía de Proust, literalmente falsa, contiene una gran verdad.

 

Esperanza de vida en España al nacer

Gráfico de la evolución de la esperanza de vida en España, publicado por El País con datos de la Revista española de investigaciones sociológicas.

 

El descubrimiento de la penicilina es el ejemplo paradigmático de los espectaculares avances que se produjeron en medicina de mediados del siglo pasado. Tal como describe James LeFanu en “The Rise and Fall of Modern Medicine”, el auge de lo que se vino a llamar la “medicina científica” hizo que muchas enfermedades se convirtieran prácticamente en desconocidas. El descubrimiento de la penicilina es una bonita historia, una historia con final feliz. De hecho, podría emplearse perfectamente para un guion de Hollywood.

 

… donde faltan algunos personajes.

 

Sin embargo, todo gran avance positivo acostumbra a tener efectos secundarios que no son siempre beneficiosos. Thomas Dormandy lo explica en varios de los libros a los que dedicó sus últimos años antes de fallecer en febrero de 2013. Hasta hace unos 100 años, la principal preocupación de los médicos e investigadores ha sido siempre el dolor y los síntomas. Por desgracia, el extraordinario éxito de la “medicina curativa” de mediados de siglo pasado eclipsó a la hasta entonces reinante “medicina paliativa”. Debido a ello, hoy en día, el término “tratamiento sintomático” ha adquirido connotaciones negativas, como si se tratara una medicina de segunda clase.

En su revisión de la historia de la medicina, Dormandy explica que a medida que se sucedían los éxitos, los pacientes diagnosticados con “enfermedades incurables” quedaban abandonados por las élites médicas. Los más ilustres médicos no tenían mucho interés en gastar su precioso tiempo en una medicina que no podía curar. “El tratamiento sintomático era simplemente algo para entretener a los médicos” (Thomas Dormandy, “El peor de los males”).

Tal vez aquí se pueda encontrar la raíz del éxito de las terapias milagrosas y alternativas que han florecido en los últimos años: muchos médicos ven a los pacientes como maquinarias que reparar, y no como personas que sufren los reveses de una enfermedad, curable o no. Sintiéndose abandonados, los pacientes buscan por su cuenta los remedios, a veces desesperados, que pueda ofrecerles cualquiera que muestre empatía con su situación.

Afortunadamente un nuevo concepto de medicina científica está emergiendo. En este nuevo modelo, el paciente es quien está en el centro, y lo relevante no es la capacidad del médico para curar y alcanzar este éxito -siempre deseable, por supuesto- sino que se trata de alcanzar la máxima calidad de vida y la máxima salud percibida para el paciente: aquella que le permita hacer eso que él desea hacer. En esta nueva medicina, el paciente es quien decide qué es lo que le interesa, porque en definitiva es quien sufre la enfermedad, y quien está -o debería estar- en el centro de todo el proceso.

Es decir, el éxito no lo marca la curación. ¡Ojalá pudiera ser así! Ojalá todas las patologías pudieran solucionarse y pudiéramos enfocar todos los esfuerzos en curar. Pero no es así. Sabemos que hay incontables problemas de salud incurables en este momento, y el papel y la implicación del médico es fundamental para asegurar que la evolución sea la mejor posible.

En el contexto de la discapacidad existen casos de discapacidad temporal, que se dan por ejemplo tras un accidente de tráfico o una emergencia cardiovascular. Sin embargo, la mayoría de las situaciones de discapacidad son crónicas o incluso degenerativas. En muchos casos podremos proponernos, por ejemplo, una mejora cognitiva progresiva, como ocurre en los trastornos del espectro autista. En otros en cambio, como ocurre con la esclerosis múltiple, el Párkinson o el Alzheimer, un objetivo realista puede ser que el deterioro sea lo más lento posible. Pero por ahora no sería realista proponernos la curación.

Esta medicina es contextualmente más compleja y técnicamente menos espectacular que otras medicinas, y sin embargo su impacto en la calidad de vida es inmenso en los 7 millones de ciudadanos (sobre un 15% de la población española) que sufren algún tipo de enfermedad neurológica, de los cuales un millón de ellos se enfrentan a un escenario neurodegenerativo, según el informe publicado por la Neuroalianza en febrero de 2016.

En estas situaciones la familia, el entorno social y las organizaciones de apoyo basadas en la solidaridad juegan un papel fundamental, ya que al hecho de la enfermedad en sí hay que sumar el impacto psíquico, familiar, social y laboral de una situación que sabemos que no puede revertirse. Y es en estos mismos elementos donde podemos encontrar la clave para la mejora de las condiciones de vida: en la familia, en el entorno social más cercano y en los grupos de apoyo más o menos institucionales, que junto con el médico y obviamente, el propio interesado, son quienes tienen la clave para que la evolución sea la mejor posible.

Las 7 crisis que explican el mundo que vivimos (y el que viene)

Crisis Mural

Hablamos constantemente de los cambios que viene experimentando el mundo que vivimos. Lo hacemos acompañando esta idea de la palabra crisis. Nos sentimos en crisis y percibimos que nuestro mundo se transforma. Crisis y cambio se convierten en conceptos ineludiblemente unidos.

La crisis no es una cuestión monolítica que explique todo la abarcable de una sola vez. El hombre está diseñado para descomponer la realidad, elaborar abstracciones de la naturaleza y establecer categorías. De este modo se ayuda a sí mismo a interpretar el mundo. Así, normalmente concluimos que detrás de un accidente hay múltiples causas. Una transformación tan profunda como la que experimenta nuestra realidad no podía ser menos. Tras un esforzado análisis identifico siete crisis subyacentes al advenimiento de un mundo que cambiará completamente nuestras vidas.

 

La disrupción tecnológica

Este apartado requiere poca presentación. Lo avanzábamos en nuestro artículo sobre El Datalítico. No obstante, debemos tener presente que la radical disrupción que representa la transformación tecnológica actual se encuentra en el origen de todos los cambios. Esto ha sido siempre así a lo largo de la Historia. 11123530043_1d28f2fa35_oLo fue cuando el desarrollo de la agricultura provocó el paso del Paleolítico al Neolítico. También estuvo
detrás del advenimiento de la Ilustración. Asimismo, es evidente que también tuvo mucho que ver con la aparición y desarrollo de la sociedad industrial.

Actualmente, el avance tecnológico se está produciendo más rápidamente que nunca y está provocando el advenimiento de un mundo exponencialmente más complejo. La complejidad desencadena transformaciones profundas y repentinas. La transformación tecnológica se encuentra, por tanto, en la base de todas las demás crisis que veremos a continuación.

 

Crisis de las instituciones

La tecnología está modificando nuestras vidas. Los cambios de la anterior revolución tecnológica – básicamente, la asociada a la segunda revolución industrial, el motor de explosión y el despliegue de la electricidad – transformaron la vida de nuestros abuelos de manera espectacular. Lo hicieron impactando físicamente en sus vidas.

Esta nueva tecnología que nos invade es menos visible pero impacta en aspectos muy sutiles de la Humanidad. Lo hace sobre la forma en que nos informamos o la forma en que nos comunicamos, nos relacionamos e interactuamos. Cambia incluso la manera en que sentimos y nos emocionamos. En definitiva, se altera nuestra propia interpretación del mundo que vivimos. 

Como consecuencia, se transforman los modelos de negocio y los mecanismos de relación social. Finalmente, entran en crisis las instituciones sociales que heredamos de un mundo completamente distinto y representaron los cimientos en los que se sustentó la convivencia social durante mucho tiempo. El organismo social se tensiona y se acerca a un punto de bifurcación.

Crisis del capitalismo

Una de las primeras instituciones que entra en crisis es el capitalismo. El capitalismo se encuentra muriendo de éxito. Según los fundamentos de este modelo de división social del trabajo, las rentas no consumidas se convierten en ahorro y nutren nuevas inversiones que mejoran la eficiencia de los medios de producción. Todo ello provoca un círculo virtuoso que incrementa el acceso de la población a nuevos y mejores bienes y servicios.

El actual incremento de la eficiencia está siendo exponencial por efecto del desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, así como el de todas las técnicas que se derivan de las mismas: entre otras, la nanotecnología, la robótica y la inteligencia artificial. Esto nos conduce a un nuevo escenario donde los precios se reducen de forma progresiva, rápida e inexorablemente. Es un escenario, por decirlo de alguna manera, estructuralmente deflacionista. Entramos en lo que Jeremy Rifkin denomina la sociedad de coste marginal cero, donde las recetas propias del paradigma económico imperante ya no resultan.

 

Crisis de identidad

Según algunos estudios, el 70% de los actuales alumnos de secundaria van a trabajar en profesiones que aún no existen. Según otras versiones, el 60% de las ocupaciones que tendremos dentro de 20 años (o menos) aún no han sido inventadas.

A esto debemos añadir que ante un entorno incierto y cambiante, las personas deberán habituarse a cambios continuos en su carrera profesional, siendo capaces de adaptarse a diferentes ocupaciones, desempeños y profesiones a lo largo de su vida.

Como resultado de esta nueva realidad, las nuevas generaciones se enfrentan a un escenario tremendo de pérdida de identidad. En efecto, la profesión ha sido tradicionalmente un elemento esencial en la conformación del sentimiento de identidad individual. Al referirnos a San José no decimos que trabajaba de carpintero; de él decimos que era carpintero.

 

Crisis intergeneracional

La incertidumbre que viven las nuevas generaciones da lugar a la siguiente crisis. Por primera vez existe una generación que va a vivir peor que sus padres. Los avances tecnológicos hacen la vida más fácil, pero los progenitores de las nuevas generaciones tuvieron una vida más estable y un acceso más predecible a factores transcendentales como una profesión o la formación de una familia.

La crisis de identidad, la incertidumbre y el peso de la deuda que recae sobre sus hombros, lamina sus expectativas de futuro y provoca grandes dosis de frustración. Así es como brota un sentimiento de rechazo de unas generaciones contra otras. En palabras de Gabriel Masfurroll: “en todas partes hay una lucha entre la renovación y el establishment que lógicamente se resiste a cambiar”.

 

Crisis moral

En el mundo actual la religión está en crisis. Desde el punto de vista del presente artículo, poco importa si las creencias que sustentan nuestras religiones son ciertas o no. A los efectos de lo que estamos analizando, la cuestión relevante es el impacto que tuvo en la humanidad la emergencia de lo que Karl Jaspers vino a denominar el pensamiento axial. Este fenómeno tuvo lugar hace dos mil años aproximadamente. El conjunto de religiones surgido (más o menos) simultáneamente en distintos puntos del planeta, constituyeron los fundamentos de los marcos de relación social, las normas de conducta y códigos de comportamiento de todas las civilizaciones humanas. Sirvieron asimismo como aglutinante de grupos humanos; elementos que vertebraban a las diferentes civilizaciones. De este modo, grandes cantidades de personas eran capaces de movilizarse y comportarse de manera colectivamente eficaz gracias a un acervo de símbolos y creencias compartidas que les movían en una misma dirección.

El declive de las religiones nos trae algo más que una crisis de espiritualidad. Nos trae profundas consecuencias desde el punto de vista de la evolución de nuestra civilización.

 

Crisis del dinero fiduciario

Existe otra institución heredada del Siglo XX que se encuentra atravesando una profunda crisis. Me refiero al dinero fiduciario. Para los economistas de la Escuela Austríaca el dinero fiduciario es, en realidad, un sustitutivo del dinero, en el sentido de que, lo que no tiene valor de uso, no puede tener estrictamente la consideración de dinero real. El dinero fiduciario no tiene una contrapartida real. Cuando creamos dinero artificialmente fijamos como contrapartida una serie de compromisos futuros de pago. De este modo, la impresión de dinero legal comporta la creación de deuda.

3617706196_813634952fSiguiendo la ortodoxia del paradigma económico actual, los bancos centrales están tratando de combatir la deflación para activar el crecimiento económico. Para ello crean cantidades crecientes de dinero. Sin embargo, cometen un error de principio. Cierto, están tratando de corregir un fenómeno de carácter tecnológico –la reducción de los costes provocada por el incremento exponencial de la eficiencia– con medidas de política monetaria. Ese esfuerzo es vano. No se puede compensar un efecto tecnológico estructural con un mecanismo de una naturaleza completamente diferente. En el camino, se está generando una burbuja de deuda que nunca se podrá devolver. El sistema colapsará. Cada nueva burbuja es mayor, su efecto dura menos, tiene un impacto menor en el crecimiento económico y sus efectos colaterales son mayores.

 

Concluimos

Una realidad histórica no se explica desde una sola causa. Los entornos complejos no se pueden interpretar con explicaciones simples. Por otra parte, la realidad no es lineal. Estas siete causas que explican el mundo que vivimos interactúan entre ellas de forma dinámica, de tal modo que incrementan la complejidad de nuestro particular universo. Surgen así realidades nuevas que subyacen a fenómenos emergentes como la economía colaborativa, la aparición de nuevos modelos de distribución o el surgimiento de nuevas ideologías.

Cuando repaso mentalmente estos siete elementos no dejo de sentirme abrumado. Ciertamente tenemos ante nosotros una ingente tarea para reconstruir el organismo social. Tan importante como desarrollar nuevas soluciones tecnológicas es abordar la importancia de edificar nuevos mecanismos de interacción social que resulten más eficaces y más justos. Un número creciente de personas con necesidades especiales de apoyo van a requerir que las organizaciones sociales den un paso al frente y construyan nuevos modelos de instituciones para el siglo digital.

 

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Futuro Singular 2015 en Casa de América, Madrid

Futuro Singular: El nuevo paradigma de las organizaciones sociales

¡Gracias a todos los que participaron en este evento en 2015!

El jueves 19 de noviembre de 2015 celebramos el primer evento denominado “Futuro Singular”, una jornada abierta al público donde se reunieron expertos en inteligencia artificial, telemedicina, genética molecular, ingeniería biomédica y neurociencia. Se trataron los avances en el conocimiento del cerebro y su relación con las enfermedades neurodegenerativas; las propuestas de mejoramiento humano conocidas como transhumanismo y la tecnoética; las posibilidades que ofrecen los modernos análisis genéticos, y otros temas apasionantes.

Entre otros, se contó con la participación de Javier de Felipe, neurocientífico, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y actualmente co-director del “Human Brain Project” de la Comisión Europea.

Durante el evento se pusieron en común distintos enfoques y reflexiones sobre el futuro de las organizaciones que se dedican a la atención a las personas con discapacidad y, en general, a los colectivos con necesidades especiales de apoyo.

 

El programa del evento:

http://vivelibre.es/futurosingular/pdf/Programa-Evento-Futuro-Singular-2015.pdf

Página de Facebook:

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¿Quién decide el nombre de un avión?

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Estás de suerte, un ejercito entero está dispuesto a ayudarte en la batalla de la conquista del mercado.

A Sun Tzu, el general chino autor de El Arte de la Guerra el tratado de estrategia militar y empresarial escrito en el siglo sexto antes de Cristo, esto le hubiera sonado a música celestial. Un ejército entero dispuesto a ayudarte con el único propósito de que ganes la batalla. Bienvenido sea.

Vueling lo descubrió y utilizó este comodín. Hasta ahora el nombre de los aviones lo decidía el director general, el presidente, el ingeniero de nombres o sabe Dios quién. El último de su flota lo decidieron sus clientes, a través de Facebook y por votación. En esta escaramuza contó con la ayuda de sus viajeros.

Tus consumidores están dispuestos a ayudarte, pero para ello piden algo difícil de lograr; que les escuches.

Las empresas gritan, interrumpen películas, cortan artículos pero no escuchan. Lanzan sus productos, fijan los precios, los pintan bonitos, los empaquetan para que supuestamente te gusten, pero no escuchan.

Escuchar requiere una preparación, una entrega, un entrenamiento y un gran esfuerzo de humildad. Dile tú al director financiero que a partir de ahora serán los clientes, por votación, quienes decidan el precio final de los productos. Dile al director de diseño de los coches que ha estudiado aerodinámica durante diez años en Nueva York y cinco más de ergonomía en los estudios de Pininfarina que a partir de ahora son los compradores los que van a tomar la última decisión de como lucirá ese nuevo automóvil al lanzarse al mercado.

¿Pero qué sabe ese tío de Cuenca de diseño y aerodinámica? pensará el príncipe destronado.

El director de poner nombre a los aviones en Vueling no debió tener tanto reparo en aceptarlo y la verdad es que a mí el nombre Air Force Juan, me parece original, distinto y divertido.

No es el hombre de Cuenca, es la masa, es el conjunto, es el colectivo. Los ingleses le llaman crowd, nosotros tenemos más palabras en español.

Por mucho que sepas, por mucho que hayas estudiado, por muchos años de experiencia que tengas, nadie sabe tanto como un puñado de clientes que al fin y al cabo van a decidir dónde gastan su dinero. Y si tú no eres el elegido, debes saber porqué o buscar otro trabajo.

Estamos en una época de cambios, y entre ellos, un superconsumidor digital, la figura del prosumidor (productor y consumidor), o el crowdsourcing y crowdfunding están creando la sociedad de coste marginal cero, y esto obliga a no quedarte impasible a observar o peor aún considerar que nada va afectar a tu empresa, a tu mercado o a tu negocio.

Veamos algunas industrias.

En turismo se han convertido en jugadores clave, AirBNB, Tripavisor, ElTenedor, Trivago, Hotels24, Booking o ClubKviar. En transporte, Uber, BlablaCar, el coche sin conductor de Google o los aviones con wifi abierto para los pasajeros de Norwegian. En seguros y finanzas, Kickstarter, IndieGoGo, Rastreator o Next Seguros los seguros que se pagan según lo que uses el coche. En publicidad y medios de comunicación, Twitter, Huffington Post, El Confidencial

Podríamos seguir viendo otros sectores, está afectando a todos. Esto no es lo más importante, lo importante es que hace cinco años todos estos jugadores prácticamente no existían.

Entre las consecuencias de que los clientes empiecen a decidir y participar activamente en las empresas podemos empezar a identificar algunas:

1.- Las que adopten mecanismos de escucha y tomen decisiones basadas en estos, se quedarán con el control de sus mercados. Vendan hamburguesas o chaquetas.

2.- Las que jueguen con sus clientes, para fomentar su participación, conseguirán unas mejoras en eficiencia que las harán muy rentables.

3.- Las mejoras en costes y la digitalización de procesos hará que los costes de producción en muchos sectores tiendan a cero. Energía autoproducida con células solares de inmensa potencia, baterías interminables, conexión de datos de altísima velocidad segura, abierta y gratuita. Impresoras en tres dimensiones capaces de fabricar berenjenas (como sé que no me vas a creer, te recomiendo que leas el artículo enlazado) o un chuletón de buey. Sin colesterol, sin pesticidas, sano y nutritivo.

4.- Las empresas que no se abran a sus clientes, no escuchen activamente, no les den el bastón de mando, desaparecerán.

5.- Aquellas que opten por estrategias de presión para fomentar las leyes de prohibición frente a nuevos modelos de negocio, se darán cuenta de que han perdido la guerra, el único ejército invencible es el de los clientes.

Deja de gritar y empieza a escuchar.

Qué se entiende hoy por “Diseño para Todos”

Diseño para todos

El concepto de Diseño para Todos tiene distintos orígenes. Por un lado se trata el Universal Design americano cuyo origen se atribuye a Ron Mace, si bien varios profesionales como Elaine Ostroff o Eduard Steinfeld, entre otros, desarrollaron conjuntamente sus principios. El Universal Design estaba inicialmente orientado a que las necesidades de las personas con discapacidad y de las personas mayores fueran tenidas en cuenta en la concepción de productos y servicios dirigidos al conjunto de la población.

Casi simultáneamente apareció el concepto de Inclusive Design en el Reino Unido, con objetivos muy parecidos aunque poniendo más énfasis en las personas mayores ya que uno de sus principales impulsores, Roger Coleman, lideraba el Design for Ageing Network (red de diseño para el envejecimiento).

En 1992 el diseñador Paul Hogan creó, con el apoyo de la Comisión Europea, el European Institute for Design and Disability, hoy Design for All Europe. En las jornadas paralelas a su asamblea general  celebrada en Barcelona en 1995 se tradujo al inglés su título Disseny per a Tothom (Diseño para Todas las Personas) como Design for All. Este Design for All nacía con un aspecto diferencial, más allá de diseñar[1] teniendo en cuenta las personas con discapacidad o las personas mayores, éste pretendía abordar el diseño de forma que tuviera en cuenta todos los aspectos de la diversidad humana (edad, dimensiones, aspectos culturales, capacidades, género, etc.).  Este enfoque lo siguen manteniendo tanto la Design for All Foundation como Design for All Europe si bien la Comisión Europea, en algunos de sus documentos, pone más énfasis en las personas con discapacidad y mayores.

Cuando hacia el año 2000 Japón empezó a interesarse por esta materia adoptaron el Universal Design como término aunque integraron también aspectos como la sostenibilidad y la diversidad en general. Como consecuencia de la primera conferencia en 2002 se creó la International Association for Universal  Design (IAUD). Una de las características distintivas de este movimiento en Japón es que, si bien en otras latitudes el Diseño para Todos nació a instancias de movimientos reivindicativos, de los profesionales o con el apoyo de la administración, el IAUD fue creado por la industria que entendió que era necesario dar un giro hacia un diseño más centrado en el usuario.

En 2012 varias organizaciones internacionales y nacionales acordaron firmar en Fukuoka una declaración que, más allá de las denominaciones define los objetivos comunes de Universal Design, Design for All, Inclusive Design y otras denominaciones afines.

Esta declaración que puede consultarse en societyforall.org define los objetivos actuales del Diseño para Todos.

En ella se definen los siguientes derechos:

Todas las personas deben poder acceder a cualquier entorno, producto y servicio en la mayor medida posible.

Es decir, todos los aspectos de la diversidad humana deben ser considerados en la provisión de bienes y servicios. Tanto las alergias como la orientación sexual, pasando por las dimensiones, el idioma o las capacidades intelectuales, entre otras, son aspectos que deben ser considerados en el proceso de diseño y de prestación de productos y servicios.

Como decía el Príncipe Tomohito, fundador del IAUD, nadie es 100% discapacitado y nadie está 100% sano, todos tenemos aspectos positivos y limitaciones en nuestro ser.

Si además tenemos en cuenta que nuestras características evolucionan a lo largo de nuestra vida nos damos cuenta que la mayoría de productos y servicios que tanto las empresas como el sector público ponen a nuestra disposición solo son adecuados para una pequeña minoría, mientras que los demás o bien tenemos dificultades en su uso o bien no podemos acceder a ellos.

 Las diferencias personales y colectivas deben ser respetadas.

Los derechos humanos no son un bien exclusivo de los hombres occidentales de mediana edad e ingresos suficientes. Todos y cada uno de nosotros, tanto individualmente como sintiéndonos parte de un colectivo ya sea cultural, étnico, religioso, de afectados o de defensores, tenemos derecho a ser como somos sin que nadie tenga derecho a hacernos cambiar nuestra esencia y nuestras creencias, siempre y cuando éstas no impliquen el menoscabo de las diferencias de otros.

Toda persona debe poder desarrollar su potencial personal y en la comunidad.

Nuestra vida es nuestro mayor valor y nuestro desarrollo personal implica un bien para la comunidad. Todos debemos estar agradecidos de que Stephen Hawking tuviera oportunidad de desarrollar su potencial pero, a su vez, todos debemos avergonzarnos de que a tantas mujeres se les esté vetado asumir puestos de responsabilidad.

En cualquier caso, cuando una persona recibe el apoyo necesario para desarrollarse acaba dando con alegría lo mejor de sí misma y eso nos beneficia a todos.

Los beneficios de respetar y promover estos derechos son claros.

Si todas las personas pueden acceder, el número de consumidores potenciales aumenta mientras que el número de personas insatisfechas o desatendidas disminuye.

Si las diferencias individuales y colectivas son respetadas, disminuyen el conflicto y la marginación a la vez que la pluralidad de la sociedad se enriquece.

Si todos desarrollamos nuestro potencial, tendremos una vida más plena y nuestras sociedades gozaran de un nivel mayor de desarrollo.

Para alcanzar estos beneficios es necesario poner el Design for All en práctica tanto en las administraciones como en las empresas y ya son muchas las que gozan de los resultados de su aplicación aunque sea a nivel parcial.

La clave principal para conseguirlo es incluir los requerimientos y expectativas  de todos los ciudadanos/clientes en los procesos de diseño y mejora de los productos y servicios.

Sin embargo, no siempre es posible que un único producto o servicio responda a las necesidades de todos sus usuarios potenciales. Por tanto es importante saber elegir en cada caso entre una de las siete estrategias posibles:

  • Un único producto para todos, como la puerta de unos grandes almacenes.
  • Una gama de productos con dimensiones o prestaciones distintas, como los teléfonos móviles.
  • Un producto regulable o personalizable, como una silla de oficina o un ordenador.
  • Un servicio o producto compatible con accesorios que algunos de los usuarios utilizan, como la megafonía compatible con los audífonos.
  • Un servicio complementado con elementos accesorios para personas con necesidades específicas, como los vídeos con subtítulos o los servicios de acompañamiento de los aeropuertos.
  • Un producto o servicio alternativo al convencional que ofrece prestaciones similares, como los servicios de transporte a la demanda para quien no puede utilizar el transporte público.
  • Un producto personalizado, como lo pueden ser un traje o el asesoramiento legal.

Decidir la estrategia correcta y desarrollarla correctamente dependerá de los conocimientos sobre Diseño para Todos del responsable del proyecto o de su acceso a expertos en la materia ya que, si bien es cierto que escuchar directamente a los usuarios potenciales aporta mucha información, también lo es que en no pocas ocasiones, las medidas que se han tomado para favorecer a un colectivo determinado han perjudicado a otro. Un ejemplo de ello sería el pavimento podotáctil para invidentes que se utiliza en Japón, que es incómodo tanto para mujeres que usan tacones como para usuarios de maletas con ruedas.

En cualquier caso, después de analizar las estrategias y logros de muchas empresas y administraciones, hemos llegado a definir un método que permite abordar secuencialmente el proceso de Diseño pata Todos. El método propone siete fases que en inglés coinciden con las letras que componen la palabra HUMBLES[2]:


  • Highlight Design for All Opportunities (Descubrir las oportunidades y definir los objetivos).
  • User Identification (Identificación de los usuarios).
  • Monitor Interaction (Monitorizar la interacción).
  • Breakthrough Options (Seleccionar las opciones de mejora).
  • Lay Out Solutions (Diseñar las soluciones).
  • Efficient communication (Comunicar de manera eficiente).
  • Success Evaluation (Evaluar los resultados).

La aplicación de este método ha permitido logros significativos en el ámbito de la innovación centrada en el usuario haciendo compatibles la satisfacción de los usuarios y la responsabilidad social con la mejora de los resultados económicos.

Así pues, el Diseño para Todos es actualmente una herramienta muy útil para contribuir a la satisfacción de clientes y ciudadanos considerando el respeto a la diversidad como elemento clave de la innovación responsable.

 

 


Nota 1: Debe tenerse en cuenta que la palabra “diseño” en español proviene de la palabra italiana disegnare que significa dibujar, mientras que design proviene directamente de la palabra latina designare  que significa determinar las características de algo. Así pues debemos entender el término “Diseño para Todos” como no únicamente circunscrito al ámbito de dar forma a nuevos productos si no de concebir o adecuar tanto los entornos como los productos y servicios para que den respuesta a las necesidades y expectativas de todos y cada uno de nosotros. [ Volver ]

 


Nota 2: Universal Design: the HUMBLES method for user-centred business. (2012).ARAGALL, F. MONTANA, J. Gower Publishing Limited. [ Volver ]

 


El tercer estadio

si podemos

Ylia Prigogine (premio nobel de química) nos describió en “La nueva alianza” el cambio de paradigma que supuso el formidable avance de la ciencia durante el siglo XX. La física newtoniana y el racionalismo cartesiano nos proyectaron un mundo antropocéntrico, en el que la razón humana parecía capaz de dominar el mundo. Esta presunta capacidad de dominio sobre la naturaleza creaba la ilusión de un mundo determinista, cognoscible, controlado, y por tanto estable. La inmutabilidad se constituía en un valor al alza.

Este mundo comenzó a tambalearse al ritmo de una ciencia que nos describió una realidad muy diferente. Nos movemos en el escenario de un universo en permanente cambio y transformación; una realidad imprevisible y esencialmente espontanea que no responde a postulados matemáticos deterministas, sino probabilísticos. La nueva ciencia nos trasladó de un mundo estático a uno esencialmente dinámico.

La segunda mitad del siglo XX significó el punto culminante de aquella sociedad industrial, que sobre el dominio de la física clásica y el discurso del método fue capaz de maximizar la producción de bienes y servicios mediante la acumulación de capital, las economías de escala, la estandarización de los procesos de producción y la acción sistemática de planificación y control de los factores de producción.

Ese periodo de la historia económica del hombre está llegando a su fin, como consecuencia de una formidable disrupción tecnológica. El cómo valoremos e interpretemos el impacto que la tecnología está teniendo sobre la historia de la humanidad dependerá de dos factores. En primer lugar, deberemos fijarnos en el horizonte temporal a que nos refiramos. En segundo lugar, habrá que evaluar el impacto del desarrollo tecnológico desde un punto de vista multidisciplinar y no limitarse solo al análisis de la influencia que pueda tener en la mejora de la eficiencia productiva. Ciertamente, el nuevo mundo digital está provocando un efecto formidable sobre la comunicación humana y la forma en que interactuamos. Lo hace incluso sobre la gramática misma, fundamento de lo que somos.

Este nuevo tiempo tecnológico está impactando drásticamente sobre la forma en que las personas se relacionan y se organizan, esto es, en la manera en que empatizan. En definitiva, se está desmoronando el sistema de instituciones que se asocia a la sociedad tribal. Tal es la importancia del impacto que la técnica está ejerciendo sobre la propia humanidad.

A mediados del siglo XX, Karl Jaspers lo vislumbró con notable clarividencia. Murió en 1969 y no llegó a conocer la emergencia del mundo digital. Sin embargo, supo interpretar aquellos patrones universales que anunciaban la entrada en un nuevo periodo de la humanidad como consecuencia de un avance extraordinario de la tecnología.

Para Jaspers, el hombre, tal como lo conocemos, había superado tres grandes periodos. El primero de ellos se refería a la prehistoria. La segunda se correspondía con la etapa prometeica. Tras ella llegó el periodo en el que se desarrolló la era axial, un momento de la historia en el que se forjaron todos aquellos valores y creencias que han cimentado el significado de lo que representa la humanidad misma. Jaspers identificó el fin de esta era sustentada por el pensamiento axial y su reemplazo por una nueva cuyo origen estaba en la revolución técnica. En ese caso nos encontraríamos, desde un punto de vista evolutivo, en los albores del cuarto periodo de la humanidad.

El ser humano tiende a clasificar y categorizar la realidad como mecanismo evolutivo para interpretar el mundo que le rodea. Podemos dividir la historia e interpretarla desde muchos ángulos. Ray Kurzweil lo hace desde el punto de vista de la evolución biológica y tecnológica. Kurzweil identifica seis fases y, en su opinión, la humanidad se encuentra en los albores de la quinta. Esta nueva era en la que nos adentramos no es otra que la de la singularidad tecnológica.

Para Jean Guilaine, antropólogo francés, nos encontramos viviendo actualmente el fin del Neolítico, aquel periodo de la Historia en el que se constituyeron las estructuras tribales que han dominado la organización social durante los últimos ocho mil años. Estamos entrando en el tercer estadio de la humanidad: bienvenidos al Datalítico. Desde este punto de vista, toda la época del desarrollo técnico no es otra cosa que un proceso gradual que habrá de servir de tránsito hacia una nueva concepción de la organización social y de la humanidad misma.

No importa desde qué ángulo nos propongamos interpretar el periodo de la Historia en que nos encontramos. La conclusión necesaria es que el ser humano está viviendo una profunda transformación de su constitución más esencial. Cuanto mayor sea la perspectiva temporal con la que analicemos la cuestión, más profundas serán las connotaciones que detectemos. Todo indica que aquellos que se refieren al momento actual como la Tercera Revolución Industrial se están quedando manifiestamente cortos.

De acuerdo con Ian Morris, el catedrático de Historia de Stanford, cada etapa de la humanidad encuentra el pensamiento que necesita. Desde los tiempos de Karl Jaspers venimos observando el desmoronamiento del pensamiento axial, es decir, de los cimientos que sustentaron la interpretación de nuestra propia existencia. Esta visión del mundo que guio la humanidad durante dos mil quinientos años se encuentra en crisis. Sin embargo, no ha surgido un nuevo pensamiento que pueda reemplazarlo.

Necesitamos un nuevo pensamiento que, preservando las verdades inmutables y los valores universales que identificaron al ser humano durante todo este tiempo, nos sirva para transitar por esta nueva era tecnológica y digital. Necesitamos un nuevo pensamiento que actúe como aglutinante de una sociedad incrementalmente compleja y diversa. Un pensamiento que encuentre los elementos que nos unen y nos permitan defendernos ante los estertores de los residuos tribales que, en su ocaso evolutivo, infringen un daño demoledor.

Precisamos una nueva concepción del hombre: como ser individual y como ser relacional. De otro modo, el caos está servido: el proceso será largo y doloroso.

¿Empa…qué?

Persona viaja y escucha

Entré en el vagón de metro y se sentó a mi lado un hombre vestido de Elvis Presley con un mono blanco de licra repleto de tachuelas, un músico ambulante, pensé.

Llevaba una muleta y desprendía un desagradable olor que me recordó a cuando yo trabajaba en naves de proceso de subproductos cárnicos; también yo desprendía un olor espantoso que no percibía porque me había acostumbrado a él.

Después una mujer se sentó a su lado, dejando un espacio, pero al cabo de un momento, se desplazó al otro extremo del vagón.

Un chico joven entró en la siguiente parada y le dijo: ¡Hola Elvis! ¿Vas de Elvis, no? El otro le ofreció una sonrisa cansada.

Mis ojos recorrieron todo el vagón observando las personas que lo ocupaban. ¡Qué distintos y qué iguales somos!

Distintos tonos de piel y cabello, distintas edades y alturas, distintas miradas y estados de ánimo pero todos los que allí estábamos fuimos niños, amados por alguien, tenemos nuestros problemas e ilusiones y, con suerte, todos envejeceremos.

La metáfora que me vino a la mente fue que, como en la vida, dentro del vagón la mayoría de nosotros viajábamos solos en la misma dirección.

Solos porque construimos una pared entre nosotros y los demás.

¿Somos capaces de ponernos en la piel del otro?

Si lo hiciéramos nos sorprenderíamos más, nos alegraríamos más, aprenderíamos más y, seguramente, seríamos más tolerantes y comprensivos.

Gustave_Caillebotte_-_Jour_de_pluie_à_Paris

Este “meterse en la piel del otro”, la empatía, no solo nos hace más humanos y más abiertos, también puede provocar un reflejo positivo, quizás, al practicarla, las personas de nuestro entorno también nos escuchen, nos respeten, nos ayuden…

Al llegar a su estación “Elvis con muleta” se puso de pié y otro pasajero se ofreció a bajar su amplificador del vagón.

Al llegar a la mía un joven cargaba la cesta de una señora mayor.

Es un comienzo…

Igual si empezamos a derribar el muro que nos separa de los demás descubriremos que las personas del otro lado no son tan distintas, que sienten y desean como nosotros, que todo el mundo agradece una sonrisa sincera y que le echen una mano.

Igual si empezamos a derribar el muro descubrimos que los otros son nuestro espejo y que ya no somos más yo y los otros, sino solo nosotros.

Pruébalo… o no.

Ansias de volar

Ansias de volar

Hace más de cuarenta años, un gran artista, de una energía desbordante, cantaba esta bella canción:

“Tiene casi 20 años y ya está
cansado de soñar,
pero tras la frontera está su hogar,
su mundo y su ciudad.

Piensa que la alambrada sólo es
un trozo de metal,
algo que nunca puede detener
sus ansias de volar.

Libre
como el sol cuando amanece…”

Nino Bravo expresaba con un sentimiento vibrante de libertad algo que todos deseamos y que no siempre podemos alcanzar: ser libres para volar, para hacer realidad nuestros sueños, nuestros anhelos de descubrir otras vidas, otras personas, otros mundos. Ser libres para decidir en nuestras vidas.

Un sentimiento de libertad que siempre nos muestra su luz más cálida cuando florece el respeto por lo más sagrado que nos caracteriza: la dignidad humana. Algo que solo es posible desde el respeto mutuo por la vida y la libertad de cada persona, en toda su diversidad, en toda su rica y compleja diversidad. Lo decía Schiller con claridad meridiana: “Cada ser humano constituye en sí mismo el conjunto de la humanidad”. Cada ser humano, indistintamente de sus capacidades diversas y características únicas.

Sin embargo, en esos mismos tiempos de luces y de grandes avances científicos y culturales,  también se gestó la barbarie más abyecta, mostrando las múltiples faces de la inmensa potencia para la destrucción de que somos capaces. Todas las décadas del siglo pasado… y del actual, nos han mostrado esa oscuridad impenetrable que se extiende cuando prevalece el menosprecio por la vida del ser humano.

Unos tiempos que nos dejan una herencia de guerras y barbarie, pero también una extensa aspiración por una convivencia mundial en la que la libertad y la dignidad del ser humano, de cada ser humano, sea reconocida, respetada y promovida.

En este sentido no podemos olvidar el gran hito que supuso la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 en París.

“…la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.”

Derechos humanos

Estas palabras, que inician la Carta Magna de los Derechos Humanos, aún resuena en nuestras mentes y en nuestros corazones, con la fuerza de quienes declaraban “…que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias.”

Aún muchos años antes, en el lejano siglo XVI, un discreto filosofo francés, el señor de la montaña, Michel de Montaigne, ya postulaba, en una época de fanatismos y guerras de religión, la libertad de conciencia, el espíritu crítico y el respeto por toda forma de vida y de cultura. Un hombre libre en una época oscura que en sus Ensayos hacía gala de templanza, previsión y sentido del necesario progreso humano. Como nos muestran algunas de sus celebres frases:

“Es necesario aprender a sufrir lo que no se puede evitar.”

 “El medio de proceder más acertado es el de estar preparado, antes de que las ocasiones lleguen.”

“Elijamos la (acción) más necesaria y provechosa a la humana sociedad.”

Vivir libres, pues, es un fruto extraño: puede ser dulce, pero también amargo; nace del corazón, pero necesita de una acertada razón para crecer y alcanzar su plenitud; depende de nosotros, de cada uno de nosotros, pero necesitamos de los demás para que nuestras elecciones sean nobles y provechosas.

La libertad va a ser un deseo permanente en nuestras vidas, pero también una conquista diaria de nuestra capacidad para actuar y participar en el bien común.

Al fin, una vida libre va a ser, siempre, una vida consciente y responsable, una vida que cuenta con los demás, una vida dispuesta a compartir con nuestros seres queridos nuestras experiencias y nuestros anhelos; pero también una vida abierta a comprometerse con una de las más bellas aspiraciones humanas: que llegue un día en que en todos los lugares del mundo amanezca el sol de la libertad.

El Datalítico

Neolítico campo de trigo

Cuando éramos pequeños nuestros maestros nos enseñaron que el paso de la piedra tallada a la piedra pulida dio lugar a un nuevo periodo de la Historia llamado Neolítico. Sin embargo, es esta una visión muy reduccionista de lo que comportó tan impresionante periodo para la Humanidad.

Otros llamamos Neolítico al periodo que se inicia con el paso de la vida nómada a la sedentaria. Hubo un avance tecnológico mucho más transcendental que la mera técnica de pulir la piedra. Me refiero a la domesticación de plantas y animales. Con la llegada de  la agricultura, la ganadería y la vida sedentaria llegaron el orden social, nuevas jerarquías, la tribu y nuevas formas de pensamiento colectivo. El ser humano había puesto en marcha la sociedad tribal; una sociedad basada en el ideal de estabilidad. Cada nueva disrupción tecnológica provocaba una alteración de los equilibrios de fuerzas entre las distintas regiones de la tierra, pero la mente llevaba siempre a los humanos a soñar con restaurar el orden anterior.

Las disrupciones tecnológicas que alteraron los equilibrios de fuerzas entre los distintos grupos humanos y dieron lugar al desarrollo social normalmente tuvieron que ver con el acceso a la energía, el acceso a la información, la capacidad de gestionar el incremento de la complejidad y, como no, el poder militar. Esta es al menos la tesis del historiador y profesor de la Universidad de Stanford Ian Morris.Foto datalitico tierra

Hoy vivimos un proceso de profunda disrupción tecnológica. Hace cuarenta años no disponíamos de ordenadores personales, telefonía móvil, Internet, líneas ADSL, correo electrónico, redes sociales, Smartphone o tabletas. Ninguno de estos avances por sí solo es capaz de acabar con un estadio de la Humanidad. Sin embargo, una última derivada de la ecuación representa la palanca definitiva que nos llevará a un nuevo periodo de la Historia. Me refiero al Internet de las cosas. El mundo se está interconectando a una velocidad vertiginosa. Esto significa la globalización absoluta. Un mundo interconectado es un mundo complejo. Un universo en el que sus partes interactúan de manera exponencialmente mayor. De esas interrelaciones surge una realidad cuyas propiedades son nuevas y diferentes a las de sus partes.

La nueva realidad ya no es estática ni inmutable. Todo se mueve, cambia y se transforma. No estamos habituados a escenarios tan dinámicos y perdemos nuestros referentes. Consecuentemente, entramos en crisis. Requeriremos nuevas formas de pensamiento para interpretar la realidad. Es preciso que nos reencontremos con los valores universales que rigen nuestra existencia. Será fundamental entender cuáles son los grandes patrones que subyacen en las relaciones humanas. Una palabra alcanza así un valor principal: cooperación.

El nuevo estadio de la Humanidad trae consigo un manejo exponencialmente mayor de datos relativos a cada persona y a su entorno. Esto modificará radicalmente la actitud de todas las organizaciones de servicios a personas. Dejaremos de segmentar, clasificar y categorizar a las personas. Desarrollaremos respuestas absolutamente individualizadas. Cada persona será una categoría en sí misma. Entramos en el concepto que Jeremy Rifkin denomina enfermedad singular. Y haremos todo esto manteniendo al mismo tiempo una visión ecológica del ser humano como sujeto que interactúa con su entorno.

Esta nueva aproximación al ser humano requiere nuevas herramientas tecnológicas pero también nuevos sistemas operativos, nuevos modelos de instituciones e, incluso, una nueva forma de pensamiento. Todo esto está llegando a gran velocidad. Este cambio ya se ha producido. Seguimos la flecha del tiempo y las cosas no van a volver atrás. Estamos viviendo el final del Neolítico, que en contra de lo que decían nuestros libros de texto infantiles nunca había finalizado. Hemos entrado en una nueva era: ha llegado el Datalítico.