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Altruismo digital

Personas paseando

Hace unos días le comentaba a un amigo que una de las experiencias más gratificantes que me ha aportado mi afición a correr fue la de guiar a un atleta con discapacidad visual durante una carrera popular. Recorrimos los 21.097 metros agarrando una pequeña cuerda que nos mantenía unidos a una distancia suficientemente cómoda para llevar el ritmo. Aunque se trataba de una prueba de asfalto, relativamente plana, tuve que permanecer muy atento para indicarle curvas y obstáculos. Me sorprendió su destreza para no tropezar con otros corredores, baches o desniveles, especialmente en los primeros kilómetros, que es cuando hay menos espacio para correr. Cruzar la meta juntos resultó ser tan emocionante como completar mi primera maratón.

¿Por qué nos llena ayudar a los demás? ¿Cuáles son los mecanismos que sustentan nuestra conducta altruista? O simplemente: ¿por qué cooperamos en ocasiones en las que no existe un evidente beneficio personal?

Se ha estudiado mucho sobre la cooperación y el altruismo. Diferentes filósofos, psicólogos, sociólogos y científicos como JohnStuart Mill, Noam Chomsky o Richard Dawkins han escrito acerca del significado de estos conceptos. Estos temas suscitan tanto interés porque son la base de nuestra organización social. El altruismo tiene que ver con pagar un costo personal para ayudar a otros, es decir, con lo que popularmente se conoce como “hacer el bien”. En la cooperación, sin embargo, existe un fin compartido en el que el beneficio es mutuo. Es muy complicado establecer la frontera entre ambos conceptos porque, como me sucedió en aquella carrera, apoyar a alguien sin esperar nada a cambio también proporciona beneficios indirectos o inesperados al que apoya. Esto ha permitido nuestra evolución como sociedad a todos los niveles, porque las relaciones de pareja, las parentales, las relaciones laborales y muchos modelos económicos están basados en la cooperación y el altruismo.

Café senior

Si hay un tema que ha fascinado a psicólogos, genetistas y antropólogos durante siglos ha sido determinar qué parte del comportamiento humano está determinado por nuestra biología o por la influencia del ambiente. Desde hace unos años, investigadores como Michael Tomasello, tratan de averiguar si estamos “programados” para cooperar o si es nuestra educación, cultura y sociedad la que nos hace altruistas.

Según numerosos estudios el altruismo aparece en el ser humano entre los 14 y los 18 meses, al igual que en nuestros primos los chimpancés. Diversas situaciones experimentales han permitido concluir que, entre otras tendencias innatas, nacemos con un impulso natural a ayudar a los demás. Más adelante estas tendencias son moldeadas por el entorno y nuestras relaciones sociales. Estos hallazgos son importantísimos a nivel educativo, pues ya no se trataría de inculcar estos valores en los niños, sino de crear entornos propicios para que se desarrollen.

Cada vez conocemos mejor los mecanismos de “recompensa” que se activan a nivel neurológico al actuar de forma altruista. Sin embargo, como sucede con tantas otras cuestiones relacionadas con nuestra conducta, es muy difícil establecer una teoría única que explique completamente porqué apoyamos a los demás y qué situaciones motivan el desarrollo de estos comportamientos. Como casi todo, se trata de una cuestión multifactorial, que tiene que ver con esa predisposición natural junto a factores evolutivos, cognitivos, emocionales, motivacionales, culturales y sociales que interaccionan de forma única en cada individuo. De esta forma, hay personas que en ciertas situaciones estarían dispuestas incluso a poner en riesgo su propia vida para ayudar a otros sin “a priori” esperar algo a cambio; mientras que otros, ante la misma situación, no moverían un solo dedo. Hay experimentos muy curiosos en este aspecto como los de John Darley y Daniel Batson. A finales de los 70 simularon escenas de auxilio a desconocidos introduciendo variables situacionales relacionadas con la atención, las prisas, hasta la religión, que demuestran lo complejo y singular que resulta el altruismo.

Se discute mucho sobre si nos dirigimos hacia un mundo más o menos solidario; si los valores en los que se basa nuestra sociedad nos “empujan” a ser más o menos egoístas. La mayoría de las personas opinan que vivir en grandes urbes, en las que todo resulta impersonal, donde prima la rapidez, la inmediatez y los valores económicos, está llevándonos a una sociedad donde no tiene cabida el altruismo. Sin embargo, solo hay que observar que, al contrario de lo que puede parecer, cada día hay más recursos, entidades, organizaciones y personas dedicadas a trabajar por los demás. Sería difícil vaticinar, hace apenas un siglo, que existirían políticas sociales globales que pretenden contribuir a la construcción de un mundo más justo. Vivimos en un mundo digital hiperconectado que nos permite cooperar con los que viven al otro lado del mundo, pero también con los que tenemos cerca. En los últimos cinco años han crecido de forma exponencial las iniciativas de economía colaborativa. En este contexto, ATAM ha creado la Comunidad Veracia, un proyecto en el que colaboro activamente y que aspira a promover el apoyo mutuo entre personas cercanas. Si lo pensamos, se trata de facilitar mediante una herramienta tecnológica la tradicional ayuda vecinal. Esta comunidad virtual contribuye a que las personas más vulnerables puedan encontrar apoyo local sin intermediarios, ni contraprestaciones, de manera puntual y rápida; y que los que están dispuestos a ofrecer apoyo puedan hacerlo sin necesidad de implicarse a largo plazo en proyectos de voluntariado. Esto nos ayuda a comprender que las tecnologías digitales, las redes sociales o la comunicación electrónica no tienen por qué alejarnos de los que tenemos más cerca; al contrario, pueden acercarnos y hacernos más sensibles a las necesidades de los demás.

El futuro del trabajo: liberación o servidumbre

Chefs

Desde los anales más remotos de nuestro devenir histórico el trabajo ha formado parte de todo aquello que nos causa pesadumbre, desasosiego y tribulación… casi siempre. Casi siempre, pero no de manera universal ni con la misma intensidad en las diversas etapas de la más reciente evolución humana. Porque el trabajo puede ser una servidumbre, pero también una liberación. Algo que realizamos por obligación, y sin mayor sentido intrínseco, o bien una acción continuada en el tiempo en un campo de actividad que nos ilusiona y nos realiza. Algo que, en este mundo globalizado y crecientemente tecnificado, va a transformarse de manera radical, hasta el punto de poder llegar a ser causa de una inmensa liberación o de una servidumbre de imprevistas consecuencias. En este breve artículo intentaré esbozar algunos argumentos de una tesis que considero plausible: el trabajo humano, creativo y colaborativo, podrá ser una fuente universal de realización y reconocimiento, si somos capaces de conjugar las tecnologías más avanzadas con crecientes cotas de libertad individual y una avanzada cultura del bien común.

Hombre

Resuena en nuestra memoria colectiva la sentencia bíblica del “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Algo muy distinto a la previa experiencia paradisíaca de vivir sin pensar en trabajar para sobrevivir. Pero no es hacia ese ancestral pasado, hacia esa primera gran crisis de humanidad, cuando el sedentarismo y la agricultura revolucionaron las sociedades humanas, donde pretendería viajar. Creo que nos podemos acercar más en el tiempo para ojear grosso modo el siglo XX, en cierta manera el siglo de la eclosión del trabajo como institución clave del progreso económico y social acontecido en la última centuria.

Allá por el ya lejano, pero reconocible, 1958, Hannah Arendt actualizaba la reflexión aristotélica sobre la vida activa de la condición humana, y diferenciaba el trabajo de la obra y la acción. Según ella el trabajo sería aquello que nos permite atender nuestras necesidades vitales, la obra consistiría en todo aquello que nos permite dejar, como individuos concretos, una impronta, un legado, que nos trasciende y aporta algo valioso a nuestros seres queridos o al conjunto de la Humanidad, y la acción se reservaría a la relación entre los seres humanos, a la pluralidad infinita de relaciones que pueden producirse entre los seres humanos que habitan la Tierra.

Sin entrar en complejos detalles la citada autora vincula la capacidad de realizar estos tres tipos de actividad humana –trabajo, obra y acción- con la posibilidad de un continuado progreso que nos aleje de la servidumbre. Incluso de una servidumbre insospechada: la que podemos adquirir respecto los artificios que somos capaces de crear y, aún más paradójica, aquella que acontece por causa de un crecimiento exponencial de conocimientos que dejamos de hilvanar en un conjunto coherente. Trabajo, obra y acción que requieren, además de conocimientos expertos, de otras capacidades básicas como el pensamiento crítico, la creatividad, las cualidades relacionales y una ética del sentido. Quizás la clave de todo ello: una ética que, naciendo de nuestra propia elaboración individual, sea capaz de aunar voluntades para crear aquello que favorece mejor el bien común, la vida de las personas y del planeta.

Así pues, en lugar de la vieja utopía de liberarnos del trabajo –y por ende, si observamos los comportamientos sociales más habituales, de la obra y de la acción-, creo que hemos de reivindicar la posibilidad de transformar el trabajo de tal manera que el mismo devenga liberador y realizador. Un nuevo concepto de trabajo que, más allá de garantizarnos el sustento, nos abra las puertas para una vida buena en la que podamos crear y compartir bienes valiosos para el goce y el desarrollo humano.

Hackathon

Con todo ello, aterrizando en nuestra época contemporánea, es interesante observar que esa transformación se está produciendo de manera acelerada. En gran medida por la creciente automatización y robotización de múltiples campos de la actividad laboral, pero también por la obsolescencia, cada vez más hiriente, de nuestros conocimientos expertos y habilidades profesionales. Un cambio radical, que gracias al éxito tecnológico, se acerca a un cruce de caminos dónde las opciones serán “menos trabajo para menos personas” o bien “un mejor trabajo al alcance de todas las personas”. Estoy convencido que nuestra mejor elección, que no más fácil, es escoger el segundo camino. Y para ello entiendo que necesitamos avanzar en tres grandes campos:

a) Una “economía del bien común”, al estilo de lo que propugna Christian Felber, o una “prosperidad sin crecimiento”, como nos plantea Tim Jackson. Ambos claros partidarios de sustentar esa nueva economía en los valores de la cooperación y la utilidad efectiva para la vida de las personas y del planeta.
b) La mejora de la calidad del empleo en las diversas dimensiones que, a mi modo de ver, acertadamente postula la Unión Europea. Dimensiones de calidad en el empleo que podemos ver de manera panorámica en el enfoque múltiple que nos proponen Mathilde Guergoat-Larivière y Olivier Marchand, entre las cuales son destacables la educación y formación a lo largo de toda la vida profesional, la salud laboral, la diversidad y no discriminación y la propia calidad organizativa de las empresas.
c) El avance científico y tecnológico. Pero no cualquier avance científico y tecnológico, sino aquel que, como nos exponía Ignacio Aizpún en anteriores artículos del Blog de Vive Libre, sea capaz de fundamentarse en una renovada cultura humanista que valore, antes que nada, la dignidad y la libertad de los seres humanos, de todos y cada uno de los seres humanos que habitan este frágil planeta Tierra.

Enfermera

Y si queremos, honestamente, hacer realidad ese sueño de un trabajo digno y de calidad al alcance de todas las personas, no tenemos otra opción que “trabajar en ello”, pero trabajando desde la obra y desde la acción, desde la reflexión, el debate y la búsqueda de las mejores alternativas para esta loable causa. Una causa que no podemos delegar ni obviar, una causa que cada persona, en función de sus capacidades y posibilidades, ha de intentar emprender. Porque, como nos recordaría John Stuart Mill, en su célebre obra sobre la libertad: “el valor de un Estado, a la larga, siempre será el valor de los individuos que lo forman.” Un valor que solo florecerá si el desarrollo humano se orienta a cultivar los campos de la libertad y el respeto.

Que el trabajo del futuro sea una liberación, dependerá de la calidad de nuestras ideas, de nuestros valores y, sobre todo, de nuestra capacidad para conversar, dialogar y encontrar soluciones compartidas.

El reto de las nuevas tecnologías para las personas con discapacidad intelectual

Brooklyn

Como madre de una persona con discapacidad intelectual y altas necesidades de apoyo, me ha preocupado siempre la vulnerabilidad de todas aquellas personas a las que resulta complicado relacionarse con su entorno. A quienes expresar sus emociones, sus preocupaciones, sus inquietudes y sus deseos les supone enfrentar una muralla que no pueden atravesar.

Brooklyn bridge

 

Desde el siglo XIX el avance tecnológico se ha convertido en un fenómeno impensable, impredecible e imparable. Desde hace 200 años, con un ritmo exponencial, la tecnología amplía conocimientos, recorta distancias y difumina fronteras de todas clases. Sin embargo, la meta de las personas con discapacidad intelectual no es alcanzar ningún lugar remoto, no es solucionar cuestiones complejas ni resolver problemas sociales. La meta de las personas con discapacidad intelectual, es, simplemente, avanzar en la compresión de sus entornos más cercanos y en una relación de integración cómoda con los mismos. Solo así, desde esa comprensión, cobra sentido que hablemos de autonomía personal y de la inclusión social y laboral de estas personas. Solo así, desde la intervención consciente, material y efectiva en las relaciones que les afectan podrán conquistar su propio entorno familiar y ciudadano, y moldear un nuevo escenario desde el que protagonizar sus vidas. Este es el reto que el Siglo XXI plantea a las personas con discapacidad. Este es el muro de incomprensión que las nuevas tecnologías deben empujar.

Porque hasta ahora los avances tecnológicos han supuesto en muchas ocasiones la aparición de una brecha que ahonda la distancia entre la persona con discapacidad intelectual y su entorno. Esta nueva brecha tecnológica se produce tanto por la exigua atención y escasas e insuficientes soluciones que los actuales productos tecnológicos prestan a los problemas de las personas con discapacidad intelectual, como por la incorporación del manejo de los nuevos dispositivos y aplicativos a los estándares culturales de nuestro tiempo, lo que añade una nueva tarea no siempre sencilla para las personas con discapacidad intelectual.

Para salvar esta brecha tecnológica se necesitan puentes que la propia tecnología debe tender. Y para ello, tenemos ciertas herramientas jurídicas. Entre ellas destaca la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad  de 2006 -en vigor en España el 3 de Mayo de 2008- en la que establece un elenco de correlativos derechos de las personas con discapacidad, que son deberes de los estados. Dice esta norma-ariete en su artículo 9.2 que los Estados firmantes de la Convención Los Estados Partes adoptarán, entre otras medidas tendentes a la accesibilidad, las pertinentes para promover el acceso de las personas con discapacidad a los nuevos sistemas y tecnologías de la información y las comunicaciones, incluida Internet.

Puentes tecnológicos

Desde esa base, estamos apostando ahora con toda la fuerza de nuestras organizaciones por proyectos de inclusión tecnológica, pues aun siendo la utilización de las TIC un elemento de suma importancia en la mejora de la calidad de vida, de la normalización y de la integración social de las personas con discapacidad intelectual, si el desarrollo de esas tecnologías no tiene en cuenta las necesidades y particularidades de estas personas, favorecerá, sin duda, la aparición de nuevas formas de exclusión social.

Las personas con discapacidad intelectual que quieren usar las TIC se suelen enfrentar a gran número de dificultades en forma de barreras de uso que pueden llegar a excluirlas socialmente. La accesibilidad y las ayudas técnicas se presentan como las vías más adecuadas para superar estos problemas. De hecho la utilización de sistemas alternativos y aumentativos de comunicación, se han convertido en las claves para avanzar en la mejora de su calidad de vida.

En los últimos años ha existido cierta proliferación de aplicaciones informáticas orientadas a facilitar la comunicación. En el ámbito concreto de las personas con discapacidad intelectual estas aplicaciones se han centrado en traducir a las nuevas tecnologías sistemas de trabajo ya existentes como Bliss, SPC, etc. Otra línea de trabajo ha sido generar plataformas que ponen a disposición de los usuarios bases de pictogramas, como puede ser ARASAC.

Con la utilización de estos pictogramas, han salido al mercado  aplicaciones para móviles y tabletas que permite a la persona con discapacidad intelectual la comunicación con las personas que lo rodean (familiares, cuidadores, etc.), pudiendo personalizarlas según las capacidades de cada persona. El futuro, en definitiva, puede ser esperanzador… o puede derivar en nuevos muros, ahora tecnológicos, que dificulten sus relaciones personales y sociales. Depende del trabajo de nuestras organizaciones, de su habilidad y de su tesón, que el escenario que se alcance sea el más favorable para las personas con discapacidad intelectual.

Si no sé que existe, no existe

Innovación tics

Hoy, en el mundo de la globalización, de la información sin fronteras, de las nuevas tecnologías que han permitido grandes avances en todos los ámbitos -como en medicina y en comunicaciones- nos encontramos con que el mayor reto es la difusión: llevar este conocimiento hasta las personas y hacerles conocedoras de la utilidad de estos avances para sus vidas.

Es paradójico que aun teniendo todos los medios a nuestro alcance para llevar esta información a todos los puntos del planeta, la dificultad esté en conseguir que las personas, entre tanta información, puedan conocer aquello que es realmente útil para ellos y que previamente desconocían de su existencia. Que encuentren lo que no buscan, porque no saben que existe.

La eficacia de una herramienta, tecnología, servicio, producto, etc., está ligada en la mayoría de los casos al número de personas que tienen acceso a ellas y lo utilizan. Por tanto, tan imprescindible son los esfuerzos en investigación y desarrollo de diversas tecnologías, cómo la mejora continua aplicada al proceso de difusión, prueba y aprendizaje de su uso e impacto en la vida de las personas.

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No es posible buscar algo que uno no sabe que existe

Por experiencia personal, me considero una persona con habilidad para acceder a la  información (bien sea a través de redes sociales, internet u oficinas de información físicas). Pero no es posible buscar algo que uno no sabe qué existe. Por esta razón los nuevos avances, dirigidos a cubrir necesidades deben hacerse visibles, accesibles, tanto en su uso como  económicamente, para permitir su acceso a todas las personas que lo necesitan.

En la última década estamos presenciando como los importantes avances en tecnología llegan directamente a las personas para cubrir una serie de necesidades básicas, de cualquier tipología, que facilitan la realización de actividades, la participación en la sociedad, o cubren carencias en la movilidad, la comunicación, la información y el ejercicio de los derechos. Esto cobra mayor relevancia cuando se genera impacto sobre la vida de una persona con discapacidad, o de una persona en situación de dependencia, o simplemente en cualquier persona que de modo temporal se encuentre con circunstancias limitantes; mejorando sus capacidades, o eliminando las dificultades.

Necesitamos organizaciones en las que confiar y que ofrezcan una visión sistémica de los proyectos

Sin embargo, es también una realidad que continúa existiendo gran desconocimiento de todos estos avances entre la sociedad y que la brecha tecnológica o digital se levanta como una gran barrera que impide el aprovechamiento real y masivo de sus beneficios.  Es importante que en los procesos de desarrollo de estos productos y/o servicios se incluya también una fase de prueba por parte de los usuarios que integre correctamente los diferentes usos que responden a la diversidad funcional; y una fase de difusión que permita el acceso y su conocimiento a las personas que lo necesitan.

En la era de la sociedad de la información, necesitamos organizaciones en las que confiar y que ofrezcan una visión sistémica de los proyectos, integrando los grandes avances tecnológicos y metodológicos, haciendo llegar a las personas de forma personalizada la información necesaria que desconocen y pueda serles útil, incluyendo los procesos de entrenamiento que ayuden a derribar barreras permitiendo que sus beneficios sean disfrutados cómodamente por todas las personas, con independencia de sus características.

 

Las 7 crisis que explican el mundo que vivimos (y el que viene)

Crisis Mural

Hablamos constantemente de los cambios que viene experimentando el mundo que vivimos. Lo hacemos acompañando esta idea de la palabra crisis. Nos sentimos en crisis y percibimos que nuestro mundo se transforma. Crisis y cambio se convierten en conceptos ineludiblemente unidos.

La crisis no es una cuestión monolítica que explique todo la abarcable de una sola vez. El hombre está diseñado para descomponer la realidad, elaborar abstracciones de la naturaleza y establecer categorías. De este modo se ayuda a sí mismo a interpretar el mundo. Así, normalmente concluimos que detrás de un accidente hay múltiples causas. Una transformación tan profunda como la que experimenta nuestra realidad no podía ser menos. Tras un esforzado análisis identifico siete crisis subyacentes al advenimiento de un mundo que cambiará completamente nuestras vidas.

 

La disrupción tecnológica

Este apartado requiere poca presentación. Lo avanzábamos en nuestro artículo sobre El Datalítico. No obstante, debemos tener presente que la radical disrupción que representa la transformación tecnológica actual se encuentra en el origen de todos los cambios. Esto ha sido siempre así a lo largo de la Historia. 11123530043_1d28f2fa35_oLo fue cuando el desarrollo de la agricultura provocó el paso del Paleolítico al Neolítico. También estuvo
detrás del advenimiento de la Ilustración. Asimismo, es evidente que también tuvo mucho que ver con la aparición y desarrollo de la sociedad industrial.

Actualmente, el avance tecnológico se está produciendo más rápidamente que nunca y está provocando el advenimiento de un mundo exponencialmente más complejo. La complejidad desencadena transformaciones profundas y repentinas. La transformación tecnológica se encuentra, por tanto, en la base de todas las demás crisis que veremos a continuación.

 

Crisis de las instituciones

La tecnología está modificando nuestras vidas. Los cambios de la anterior revolución tecnológica – básicamente, la asociada a la segunda revolución industrial, el motor de explosión y el despliegue de la electricidad – transformaron la vida de nuestros abuelos de manera espectacular. Lo hicieron impactando físicamente en sus vidas.

Esta nueva tecnología que nos invade es menos visible pero impacta en aspectos muy sutiles de la Humanidad. Lo hace sobre la forma en que nos informamos o la forma en que nos comunicamos, nos relacionamos e interactuamos. Cambia incluso la manera en que sentimos y nos emocionamos. En definitiva, se altera nuestra propia interpretación del mundo que vivimos. 

Como consecuencia, se transforman los modelos de negocio y los mecanismos de relación social. Finalmente, entran en crisis las instituciones sociales que heredamos de un mundo completamente distinto y representaron los cimientos en los que se sustentó la convivencia social durante mucho tiempo. El organismo social se tensiona y se acerca a un punto de bifurcación.

Crisis del capitalismo

Una de las primeras instituciones que entra en crisis es el capitalismo. El capitalismo se encuentra muriendo de éxito. Según los fundamentos de este modelo de división social del trabajo, las rentas no consumidas se convierten en ahorro y nutren nuevas inversiones que mejoran la eficiencia de los medios de producción. Todo ello provoca un círculo virtuoso que incrementa el acceso de la población a nuevos y mejores bienes y servicios.

El actual incremento de la eficiencia está siendo exponencial por efecto del desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, así como el de todas las técnicas que se derivan de las mismas: entre otras, la nanotecnología, la robótica y la inteligencia artificial. Esto nos conduce a un nuevo escenario donde los precios se reducen de forma progresiva, rápida e inexorablemente. Es un escenario, por decirlo de alguna manera, estructuralmente deflacionista. Entramos en lo que Jeremy Rifkin denomina la sociedad de coste marginal cero, donde las recetas propias del paradigma económico imperante ya no resultan.

 

Crisis de identidad

Según algunos estudios, el 70% de los actuales alumnos de secundaria van a trabajar en profesiones que aún no existen. Según otras versiones, el 60% de las ocupaciones que tendremos dentro de 20 años (o menos) aún no han sido inventadas.

A esto debemos añadir que ante un entorno incierto y cambiante, las personas deberán habituarse a cambios continuos en su carrera profesional, siendo capaces de adaptarse a diferentes ocupaciones, desempeños y profesiones a lo largo de su vida.

Como resultado de esta nueva realidad, las nuevas generaciones se enfrentan a un escenario tremendo de pérdida de identidad. En efecto, la profesión ha sido tradicionalmente un elemento esencial en la conformación del sentimiento de identidad individual. Al referirnos a San José no decimos que trabajaba de carpintero; de él decimos que era carpintero.

 

Crisis intergeneracional

La incertidumbre que viven las nuevas generaciones da lugar a la siguiente crisis. Por primera vez existe una generación que va a vivir peor que sus padres. Los avances tecnológicos hacen la vida más fácil, pero los progenitores de las nuevas generaciones tuvieron una vida más estable y un acceso más predecible a factores transcendentales como una profesión o la formación de una familia.

La crisis de identidad, la incertidumbre y el peso de la deuda que recae sobre sus hombros, lamina sus expectativas de futuro y provoca grandes dosis de frustración. Así es como brota un sentimiento de rechazo de unas generaciones contra otras. En palabras de Gabriel Masfurroll: “en todas partes hay una lucha entre la renovación y el establishment que lógicamente se resiste a cambiar”.

 

Crisis moral

En el mundo actual la religión está en crisis. Desde el punto de vista del presente artículo, poco importa si las creencias que sustentan nuestras religiones son ciertas o no. A los efectos de lo que estamos analizando, la cuestión relevante es el impacto que tuvo en la humanidad la emergencia de lo que Karl Jaspers vino a denominar el pensamiento axial. Este fenómeno tuvo lugar hace dos mil años aproximadamente. El conjunto de religiones surgido (más o menos) simultáneamente en distintos puntos del planeta, constituyeron los fundamentos de los marcos de relación social, las normas de conducta y códigos de comportamiento de todas las civilizaciones humanas. Sirvieron asimismo como aglutinante de grupos humanos; elementos que vertebraban a las diferentes civilizaciones. De este modo, grandes cantidades de personas eran capaces de movilizarse y comportarse de manera colectivamente eficaz gracias a un acervo de símbolos y creencias compartidas que les movían en una misma dirección.

El declive de las religiones nos trae algo más que una crisis de espiritualidad. Nos trae profundas consecuencias desde el punto de vista de la evolución de nuestra civilización.

 

Crisis del dinero fiduciario

Existe otra institución heredada del Siglo XX que se encuentra atravesando una profunda crisis. Me refiero al dinero fiduciario. Para los economistas de la Escuela Austríaca el dinero fiduciario es, en realidad, un sustitutivo del dinero, en el sentido de que, lo que no tiene valor de uso, no puede tener estrictamente la consideración de dinero real. El dinero fiduciario no tiene una contrapartida real. Cuando creamos dinero artificialmente fijamos como contrapartida una serie de compromisos futuros de pago. De este modo, la impresión de dinero legal comporta la creación de deuda.

3617706196_813634952fSiguiendo la ortodoxia del paradigma económico actual, los bancos centrales están tratando de combatir la deflación para activar el crecimiento económico. Para ello crean cantidades crecientes de dinero. Sin embargo, cometen un error de principio. Cierto, están tratando de corregir un fenómeno de carácter tecnológico –la reducción de los costes provocada por el incremento exponencial de la eficiencia– con medidas de política monetaria. Ese esfuerzo es vano. No se puede compensar un efecto tecnológico estructural con un mecanismo de una naturaleza completamente diferente. En el camino, se está generando una burbuja de deuda que nunca se podrá devolver. El sistema colapsará. Cada nueva burbuja es mayor, su efecto dura menos, tiene un impacto menor en el crecimiento económico y sus efectos colaterales son mayores.

 

Concluimos

Una realidad histórica no se explica desde una sola causa. Los entornos complejos no se pueden interpretar con explicaciones simples. Por otra parte, la realidad no es lineal. Estas siete causas que explican el mundo que vivimos interactúan entre ellas de forma dinámica, de tal modo que incrementan la complejidad de nuestro particular universo. Surgen así realidades nuevas que subyacen a fenómenos emergentes como la economía colaborativa, la aparición de nuevos modelos de distribución o el surgimiento de nuevas ideologías.

Cuando repaso mentalmente estos siete elementos no dejo de sentirme abrumado. Ciertamente tenemos ante nosotros una ingente tarea para reconstruir el organismo social. Tan importante como desarrollar nuevas soluciones tecnológicas es abordar la importancia de edificar nuevos mecanismos de interacción social que resulten más eficaces y más justos. Un número creciente de personas con necesidades especiales de apoyo van a requerir que las organizaciones sociales den un paso al frente y construyan nuevos modelos de instituciones para el siglo digital.

 

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Las 14 condiciones para la organización social del mundo digital

Social Media

En artículos anteriores hemos puesto énfasis en el formidable incremento de la complejidad que experimenta el mundo que vivimos. Quienes gestionamos organizaciones sociales habremos de familiarizarnos con este nuevo mundo exponencialmente más complejo.

Los patrones que rigen la complejidad aplican tanto a los organismos biológicos como a los organismos sociales. Consecuentemente, si queremos comprender cómo podemos desarrollar una organización que resulte eficaz en un entorno complejo, conviene que nos fijemos en cómo la Naturaleza afronta y resuelve el hecho de la complejidad. Para el profesor Malik, las escuelas de negocio deberían enseñarnos algo más que técnicas de planificación y control o finanzas. Para interactuar con entornos complejos debemos realizar una aproximación a ciencias como la biología, la biónica o la cibernética. A la propuesta de Malik yo añadiría otros campos del saber, como la termodinámica y la teoría general de sistemas.

En la medida que profundizamos en estas materias y descubrimos cómo funcionan los organismos eficientes en la Naturaleza, podemos deducir cuáles son las condiciones que habrán de reunir las organizaciones sociales para resultar eficaces en un entorno complejo. En Vivelibre las hemos estudiado y del análisis han surgido 14 características esenciales.

1.- Evolución

Vivimos en un entorno de cambio continuo. Nuestra realidad se transforma constantemente. El crecimiento exponencial de la potencia de la tecnología está provocando una profunda transformación del mundo que vivimos. El entorno en el que nos desenvolvemos cambia de forma cada vez más rápida y más profunda.

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Necesitamos organizaciones capaces de adaptarse continuamente a un medio en permanente cambio y transformación. Ya no nos vale la mejora continua o una mera reingeniería de procesos. Los tradicionales procesos de cambio se tornan insuficientes. En muchas ocasiones se precisa una verdadera evolución en la genética de la organización, con objeto de transformar modelos industriales en organizaciones propias del mundo digital.

2.- Dinamismo

De la primera característica se deduce que necesitamos organizaciones dinámicas, capaces de moverse con agilidad. Esto comporta actuar sobre los elementos estructurales y organizativos de la institución, pero ante todo tendremos que actuar sobre los elementos más intangibles. El ser humano cuenta con una doble dimensión; es un ente biológico pero a su vez una realidad cultural. Transformar una organización diseñada para actuar en entornos estables para ser eficaz en un mundo dinámico requiere modificar nuestros procesos, pero también cultura, nuestra forma de hacer las cosas, nuestras pautas de comportamiento y nuestras creencias.

3.- Flexibilidad

Convertirnos en una organización dinámica exige altos niveles de flexibilidad. Por flexibilidad entendemos lo que siempre hemos interpretado como tal en el mundo del management, esto es, la capacidad de adaptarnos a los requerimientos del cliente, diseñando soluciones a la medida de sus particulares necesidades.

No obstante, en el momento que vivimos actualmente, el concepto de flexibilidad alcanza también una segunda dimensión, en tanto en cuanto habremos de ser flexibles en nuestra capacidad de adaptarnos a las nuevas exigencias del nuevo mundo digital que se transforma continuamente.

4.- Capacidad de aprender (y de desaprender)

Evolucionar, esto es, mutar, comporta hacer las cosas de otra manera, y requiere cambios en nuestra cultura. Asimismo, es preciso hacer esto de forma muy rápida. Necesitamos por tanto organizaciones capaces de aprender muy rápidamente.images

No obstante, no podemos pasar de ser una organización de la sociedad industrial a convertirnos en una organización del mundo digital si no dejamos de hacer algunas (o muchas) cosas de las que hacíamos antes. Tenemos que dejar de hacer las cosas como las hacíamos antes. Consecuentemente tenemos que provocar un cambio en nuestras creencias, nuestros apriorismos y nuestros prejuicios. En definitiva, tenemos que cambiar nuestra visión de la realidad en lo que al trabajo se refiere. No solamente tenemos que aprender cosas nuevas, sino que es un requisito previo desarrollar la capacidad de desaprender.

5.- Creatividad

Como diría el científico húngaro Ervin Laszlo, el cosmos es un lugar esencialmente creativo. La vida es un acto continuo de creatividad. Tanto evolucionar como aprender, esto es, transformarse, comporta altas dosis de creatividad. Las organizaciones que pretendan sobrevivir habrán de ser altamente creativas.

6.- Tamaño

La necesidad de alcanzar el dimensionamiento adecuado es un axioma básico en la gestión empresarial. Hoy más que nunca es un elemento que debemos mantener presente. Sin embargo, el tamaño tiene hoy un significado profundamente distinto.

En el mundo industrial que hoy recesa nos movíamos conforme a un paradigma que potenciaba las economías de escala; hablar de tamaño llevaba implícito hablar de grandes volúmenes. Sin embargo, cuando hoy hablamos de tamaño nos referimos a lo contrario. Una organización dinámica, flexible, creativa y con alta capacidad de respuesta ante los cambios del entorno habrá de ser necesariamente pequeña. Como dijera el célebre López de Arriortúa todavía en el siglo pasado: “en el Siglo XXI el pez rápido se comerá al pez lento”.

7.- Recursividad

Una entidad pequeña habrá de tener por naturaleza una capacidad limitada de dar respuesta a las necesidades de la gente. Necesitaremos por tanto encontrar el modo de escalar la acción reproduciéndola muchas veces, de modo que lleguemos a todas las personas que nos necesitan.

Para ello, desarrollaremos una nueva cualidad: la recursividad. De este modo seremos capaces de replicar los mismos modos organizativos, los mismos procesos, pautas de intervención, paradigmas y principios que dan lugar a una forma única de entender la intervención sobre las personas con necesidades especiales de apoyo y sus familias. Imitando a la Naturaleza, crearemos una realidad holográfica, creciendo en círculos concéntricos y conformando una realidad que se reconoce a sí misma.

8.- Identidad

Surge por tanto como consecuencia de la anterior una nueva característica esencial a la que llamamos identidad. Nuestras organizaciones deben estar dotadas de una identidad fuerte. Las señas de identidad son mucho más que un ejercicio de marketing o de comunicación. Nuestra identidad se configura a través de una forma única de hacer las cosas que surge de nuestra verdadera fuente de valor: nuestros principios.Fingerprint_picture.svg

La sociedad debe ser capaz de identificarnos de una forma clara por el valor que aportamos a las familias y por el papel que nuestra entidad juega en la sociedad o, en su caso, en el mercado.

9.- Autenticidad

La derivada lógica de la anterior se llama autenticidad. Hoy en día la sociedad cuenta con un ejército de expertos en marketing y comunicación. Normalmente, todos reproducen los mismos clichés, se expresan conforme a los mismos patrones y utilizan las mismas muletillas. Da igual si prestan servicios sociosanitarios o venden refrescos: todos producen calidad de vida y quieren hacerte feliz.

De este modo, el lenguaje se vacía de contenido. Las palabras pierden su significado. Como dijera Confucio, cuando las palabras pierden su significado las personas pierden su libertad.

Nuestras organizaciones deben ser auténticas. No debemos dejarnos llevar por el “mainstream” de la comunicación o por lo generalmente aceptado. Debemos hacer aquello en lo que creemos y comunicar lo que pensamos. Si es preciso seremos disruptivos, pero nunca caeremos en la trivialidad.

10.- Cibernética

La cibernética fue desarrollada fundamentalmente por Norbert Wiener a mediados del pasado siglo XX. La cibernética es la ciencia de la retroalimentación. También podemos interpretarla como la ciencia que trata de la interacción del individuo (o la máquina) con el medio. Lógicamente, la cibernética tiene mucho que ver con el intercambio de información.

Una organización que interactúa con un entorno complejo requiere ser necesariamente cibernética. Todas nuestras organizaciones acostumbran a registrar información sobre el entorno. No obstante, ser una organización cibernética significa centrarse en aquellos datos que provocan un cambio en el estado de las cosas. En nuestro caso, en el estado del usuario y en el estado de la relación del usuario con nuestra sistema operativo.

11.- Sensibilidad

Una entidad cibernética comporta dotarse de una especial sensibilidad. Las organizaciones cibernéticas habrán de ser particularmente sensibles para detectar los cambios en el entorno. Lo primero que nos sugiere esta cuestión es que necesitamos sensores, esto es, medidores de la realidad.

No obstante, la sensibilidad de la que hablamos alcanza un significado mucho más profundo. No solamente necesitamos sensores sino también sistemas avanzados de tratamiento de la información, procesos, sistemas operativos y modelos organizacionales adecuados a esta forma de entender nuestra actividad. A todos estos aspectos de carácter logístico y operativo debemos añadir otro elemento esencial: la cultura. En efecto, necesitamos desarrollar en nuestras organizaciones personas dotadas de una cultura alineada con esta interpretación de la realidad, esta forma de hacer las cosas y, ante todo, comprometidas con nuestros valores. La sensibilidad es una cuestión de sistemas y de personas.

12.- Complejidad

“El crecimiento del desarrollo social depende de que las sociedades sean más grandes, más complicadas y más difíciles de gestionar”. La cita es de Ian Morris. Cuando el mundo en el que vivimos se vuelve mucho más complejo, necesitamos dotar a las personas de soluciones sencillas. Sin embargo, hacer esto comporta la paradoja de tener que desarrollar sistemas organizativamente mucho más complejos.

Los organismos complejos desarrollan propiedades emergentes. Esto significa que el organismo está dotado de unas propiedades que son más que la mera suma de las partes. De la interacción dinámica de sus partes surgen propiedades que son distintas de las de sus partes constituyentes.

Para reconocer nuestras propiedades emergentes Malik nos propone el concepto de fuente de valor (“source of value”). En nuestro caso, la fuente de valor de nuestras propiedades emergentes se encuentra en todo ese acervo de principios, valores y paradigmas que definen nuestra forma de abordar la intervención sobre las personas con discapacidad y sus familias, y producen un resultado que es mucho mayor que la suma de las especificaciones del servicio.

Hablamos de conceptos como el paradigma de los apoyos, el principio de autodirección, el paradigma de las capacidades humanas, los principios de inclusión y participación social, el modelo de calidad de vida o la planificación centrada en la persona. Son esas creencias que nos dotan de una fuerza y una convicción cuando realizamos nuestro trabajo que nos hacen ser mucho más competitivos: esto es, hacer las cosas mejor.

Puede haber quien hable de estos conceptos teóricamente, incluso quien los utilice como instrumento de marketing, pero pocas entidades las aplican de forma auténtica, y todas las que lo hacen provienen del mundo de las discapacidad o de las organizaciones de pacientes. Todo esto tiene mucho que ver con una palabra: compromiso.

13.- Universalidad

Jeremy Rifkin nos habla de la enfermedad singular. En el futuro dispondremos de una información tan asombrosamente amplia y detallada del estado de salud de cada persona que ya no hablaremos de enfermedades genéricas, sino que cada persona comportará, por así decirlo, una enfermedad en sí mismo. En realidad, lo volveremos por pasiva, y cada persona comportará una descripción de su estado de salud. Esta descripción incluirá información amplia y muy diversa, entre la que se encontrará la descripción de su genoma. La información puramente biológica se completará con otras de carácter psicosocial o medioambiental.

Consecuentemente, en el mundo digital avanzamos hacia la individualización absoluta. Esto va traer una transformación radical del sector de atención personas por el lado de la oferta, hasta ahora orientado la gestión de segmentos de mercado.

Las organizaciones sociales del mundo digital prestaremos servicios universales. Todas las personas recibirán el mismo servicio. Sin embargo, un proceso absolutamente individualizado proveerá una solución diferente a cada persona. Un mismo servicio; una solución diferente.

14.- Complementariedad

Nuestras organizaciones se comportan como sistemas disipativos. Los sistemas disipativos son organismos estructuralmente cerrados pero energéticamente abiertos. Hablamos de organismos que intercambian constantemente energía con el entorno. Así habrán de ser nuestras entidades: capaces de intercambiar energía. Como dice Peter Atkins (El dedo de Galileo), “la energía es verdaderamente la moneda de la contabilidad cósmica”.

Por lo tanto, una estructura disipativa es una entidad cooperadora. La implicación más profunda es la necesidad de desarrollar redes de colaboración para encontrar modelos donde todos intercambiemos energía y nos complementemos mutuamente.

 

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Gestión del talento antes que desarrollo de habilidades

jazz music

La mayoría de los planes de formación se centran en el desarrollo de habilidades, que consiste en aprender aquello que no sabemos. Esto está bien, pero no es lo más prioritario. Antes, mucho antes, deberíamos gestionar bien los talentos que ya tenemos.

Durante el pasado año, Alicia no ha demostrado tener la capacidad de mantener la calma trabajando bajo presión. ¿Significa esto que Alicia no tiene dicha habilidad? No lo sabemos. Alicia siempre recibe encargos rutinarios y predecibles.

Álex no ha demostrado tener soltura para hablar en público. ¿Será capaz de hacerlo? No lo sé. Yo siempre le veo enfrascado en su ordenador, con sus gafas de pasta. Parece el prototipo de friki.

Si durante el próximo año Álex demuestra ser un gran orador, y Alicia gestionar hábilmente las situaciones tensas ¿es esto un gran avance? ¿Un avance de quién? ¿De ellos, que han desarrollado una cualidad que antes no tenían? ¿O de la organización, que ha facilitado las oportunidades para sacar a la luz y poner en práctica capacidades ocultas de sus empleados?

Hay tres tipos de habilidades:

  • las que tenemos y usamos;
  • las que tenemos, pero que por algún motivo no usamos;
  • las que no tenemos.

Toda organización conoce perfectamente las primeras: aquellas habilidades que tenemos y usamos. Seguramente nos contrataron por ello. Pero por lo general, a la empresa le resulta difícil distinguir entre las otras dos.

Desde el punto de vista económico y humano; desde el puro interés tanto empresarial como personal, lo primero es seguir aplicando nuestras habilidades que ya tenemos y que usamos habitualmente; en segundo lugar, aplicar también los talentos ocultos; y sólo en tercer lugar, adquirir nuevas habilidades.

Lamentablemente, siempre tendremos alguna habilidad del segundo tipo: capacidades infrautilizadas. Es muy complicado tener siempre a todos los recursos trabajando a pleno rendimiento y aprovechando todas sus capacidades.

Sin embargo no debemos olvidar que las capacidades infrautilizadas provocan frustración. Son una pérdida de tiempo y recursos. Es como tirar dinero; por eso provocan frustración: porque es estúpido tener unas habilidades y no aplicarlas. Si nuestro empleado es especialmente brillante en algunos aspectos que no puede desarrollar en su trabajo, tarde o temprano encontrará alternativas fuera de la compañía. Y no tanto porque pueda ser más rentable en otro puesto, sino por el malestar que le produce estar desperdiciando su talento.

Evidentemente nos encantaría que Alicia liderara el próximo proyecto, muy complicado, pero que puede abrir una nueva línea de negocio. También queremos que Álex tome el micrófono el próximo jueves para explicar a los periodistas y posibles inversores las características técnicas del nuevo producto que estamos desarrollando. Claro que sí.

¿Nos atrevemos?

Los recursos humanos pueden ser al mismo tiempo los más caros, los más rentables, y los más desconocidos. Son críticos. ¿Acertaremos con Alicia y Álex? ¿Qué hacemos? ¿Les damos la oportunidad o no?

Este tipo de decisiones son vitales para la organización. Son la diferencia entre rentabilizar o desperdiciar los recursos más valiosos de los que disponemos. Y pueden suponer la diferencia competitiva que nos convierta en el número uno del mercado.

¿Tenemos la información necesaria para tomar la decisión? Cuando arranco un proyecto con un nuevo equipo, me siento como si gestionara un gigantesco almacén lleno de cajas, cada una de las cuales es un skill de un empleado. Algunas cajas tienen un letrero que indica su contenido, y otras no. ¿Sabemos lo que tenemos? Antes de tratar de adquirir nuevas cajas, ¿estamos gestionando bien nuestro almacén de habilidades?

Para lograrlo, podemos trabajar en dos direcciones complementarias:

  • Crear las condiciones para que las cualidades ocultas salgan a la luz, aun cuando no sepamos a priori cuáles son.
  • Identificar cuáles son esas cualidades ocultas, y ponerlas a trabajar inmediatamente.

Empecemos por el primer punto. Para crear las condiciones necesarias para que las cualidades ocultas de los empleados salgan a la luz, debemos preguntarnos: ¿por qué no se han manifestado dichas habilidades? Puede haber varios motivos:

  • Inseguridad. El miedo puede anular cualquier habilidad. Conozco músicos y actores con treinta años de experiencia a sus espaldas, que confiesan pánico absoluto cada vez que suben a un escenario.
  • Prejuicios (de los demás). La imagen que los demás tienen de mí, así como sus experiencias previas, determinarán su relación conmigo, haciéndome encajar en un rol determinado. Después de comprarme un teléfono modernísimo, hice exactamente el mismo comentario a dos compañeros de trabajo: “esta mañana he configurado la alarma como despertador, pero no ha sonado”. Uno dijo: “seguro que lo has hecho mal, eres un manazas”. El otro en cambio aseguró que los nuevos dispositivos siempre vienen con problemas, ya que no se prueban lo suficiente antes de salir al mercado.
  • Prejuicios (propios). La edad media de los directores comerciales es de 45 años. El más joven tiene 32. Por tanto, es imposible que yo sea el nuevo director comercial, a mis 29 años. ¿Imposible?
  • Falta de oportunidad. Una ejecutiva de cuentas demostró que es perfectamente posible trepar por una verja de cinco metros de altura, monísima con sus tacones y minifalda. Sólo le faltaba la motivación suficiente. La perseguían tres dóberman.
  • La cualidad no está madura. La capacidad analítica o las aptitudes para la venta necesitan de un cierto ejercicio para desarrollarse. A veces las cualidades están ahí, pero es necesario trabajarlas un poquito, darles un rodaje.
  • La habilidad oculta no existe. Obviamente, no siempre existen tesoros enterrados. Puede que todas las habilidades estén ya al descubierto.

Una vez identificados los motivos, es sencillo dar con las palancas que nos permitirán crear las condiciones para el óptimo desarrollo de personas: crear un clima de confianza; hacer un esfuerzo por distinguir entre hechos y prejuicios; y tomar riesgos controlados, facilitará sacar a la luz estos skills ocultos.

Esto ya lo hacen muchas compañías. Al menos las modernas. ¿Podemos hacer algo más? Crear las condiciones para que los skills ocultos afloren es necesario, pero puede ser un camino lento. El proceso lo podemos acelerar si identificamos cuáles son esas habilidades ocultas, directamente echando un vistazo a esas “cajas de habilidades” del almacén, y viendo qué contienen.

¿Cómo hacerlo?

Existe un mecanismo terriblemente sencillo: preguntándoselo. Este es para mí uno de los principales objetivos de los cuestionarios de autoevaluación: el descubrimiento de las habilidades que tenemos, y que por algún motivo, no usamos.

 

Qué se entiende hoy por “Diseño para Todos”

Diseño para todos

El concepto de Diseño para Todos tiene distintos orígenes. Por un lado se trata el Universal Design americano cuyo origen se atribuye a Ron Mace, si bien varios profesionales como Elaine Ostroff o Eduard Steinfeld, entre otros, desarrollaron conjuntamente sus principios. El Universal Design estaba inicialmente orientado a que las necesidades de las personas con discapacidad y de las personas mayores fueran tenidas en cuenta en la concepción de productos y servicios dirigidos al conjunto de la población.

Casi simultáneamente apareció el concepto de Inclusive Design en el Reino Unido, con objetivos muy parecidos aunque poniendo más énfasis en las personas mayores ya que uno de sus principales impulsores, Roger Coleman, lideraba el Design for Ageing Network (red de diseño para el envejecimiento).

En 1992 el diseñador Paul Hogan creó, con el apoyo de la Comisión Europea, el European Institute for Design and Disability, hoy Design for All Europe. En las jornadas paralelas a su asamblea general  celebrada en Barcelona en 1995 se tradujo al inglés su título Disseny per a Tothom (Diseño para Todas las Personas) como Design for All. Este Design for All nacía con un aspecto diferencial, más allá de diseñar[1] teniendo en cuenta las personas con discapacidad o las personas mayores, éste pretendía abordar el diseño de forma que tuviera en cuenta todos los aspectos de la diversidad humana (edad, dimensiones, aspectos culturales, capacidades, género, etc.).  Este enfoque lo siguen manteniendo tanto la Design for All Foundation como Design for All Europe si bien la Comisión Europea, en algunos de sus documentos, pone más énfasis en las personas con discapacidad y mayores.

Cuando hacia el año 2000 Japón empezó a interesarse por esta materia adoptaron el Universal Design como término aunque integraron también aspectos como la sostenibilidad y la diversidad en general. Como consecuencia de la primera conferencia en 2002 se creó la International Association for Universal  Design (IAUD). Una de las características distintivas de este movimiento en Japón es que, si bien en otras latitudes el Diseño para Todos nació a instancias de movimientos reivindicativos, de los profesionales o con el apoyo de la administración, el IAUD fue creado por la industria que entendió que era necesario dar un giro hacia un diseño más centrado en el usuario.

En 2012 varias organizaciones internacionales y nacionales acordaron firmar en Fukuoka una declaración que, más allá de las denominaciones define los objetivos comunes de Universal Design, Design for All, Inclusive Design y otras denominaciones afines.

Esta declaración que puede consultarse en societyforall.org define los objetivos actuales del Diseño para Todos.

En ella se definen los siguientes derechos:

Todas las personas deben poder acceder a cualquier entorno, producto y servicio en la mayor medida posible.

Es decir, todos los aspectos de la diversidad humana deben ser considerados en la provisión de bienes y servicios. Tanto las alergias como la orientación sexual, pasando por las dimensiones, el idioma o las capacidades intelectuales, entre otras, son aspectos que deben ser considerados en el proceso de diseño y de prestación de productos y servicios.

Como decía el Príncipe Tomohito, fundador del IAUD, nadie es 100% discapacitado y nadie está 100% sano, todos tenemos aspectos positivos y limitaciones en nuestro ser.

Si además tenemos en cuenta que nuestras características evolucionan a lo largo de nuestra vida nos damos cuenta que la mayoría de productos y servicios que tanto las empresas como el sector público ponen a nuestra disposición solo son adecuados para una pequeña minoría, mientras que los demás o bien tenemos dificultades en su uso o bien no podemos acceder a ellos.

 Las diferencias personales y colectivas deben ser respetadas.

Los derechos humanos no son un bien exclusivo de los hombres occidentales de mediana edad e ingresos suficientes. Todos y cada uno de nosotros, tanto individualmente como sintiéndonos parte de un colectivo ya sea cultural, étnico, religioso, de afectados o de defensores, tenemos derecho a ser como somos sin que nadie tenga derecho a hacernos cambiar nuestra esencia y nuestras creencias, siempre y cuando éstas no impliquen el menoscabo de las diferencias de otros.

Toda persona debe poder desarrollar su potencial personal y en la comunidad.

Nuestra vida es nuestro mayor valor y nuestro desarrollo personal implica un bien para la comunidad. Todos debemos estar agradecidos de que Stephen Hawking tuviera oportunidad de desarrollar su potencial pero, a su vez, todos debemos avergonzarnos de que a tantas mujeres se les esté vetado asumir puestos de responsabilidad.

En cualquier caso, cuando una persona recibe el apoyo necesario para desarrollarse acaba dando con alegría lo mejor de sí misma y eso nos beneficia a todos.

Los beneficios de respetar y promover estos derechos son claros.

Si todas las personas pueden acceder, el número de consumidores potenciales aumenta mientras que el número de personas insatisfechas o desatendidas disminuye.

Si las diferencias individuales y colectivas son respetadas, disminuyen el conflicto y la marginación a la vez que la pluralidad de la sociedad se enriquece.

Si todos desarrollamos nuestro potencial, tendremos una vida más plena y nuestras sociedades gozaran de un nivel mayor de desarrollo.

Para alcanzar estos beneficios es necesario poner el Design for All en práctica tanto en las administraciones como en las empresas y ya son muchas las que gozan de los resultados de su aplicación aunque sea a nivel parcial.

La clave principal para conseguirlo es incluir los requerimientos y expectativas  de todos los ciudadanos/clientes en los procesos de diseño y mejora de los productos y servicios.

Sin embargo, no siempre es posible que un único producto o servicio responda a las necesidades de todos sus usuarios potenciales. Por tanto es importante saber elegir en cada caso entre una de las siete estrategias posibles:

  • Un único producto para todos, como la puerta de unos grandes almacenes.
  • Una gama de productos con dimensiones o prestaciones distintas, como los teléfonos móviles.
  • Un producto regulable o personalizable, como una silla de oficina o un ordenador.
  • Un servicio o producto compatible con accesorios que algunos de los usuarios utilizan, como la megafonía compatible con los audífonos.
  • Un servicio complementado con elementos accesorios para personas con necesidades específicas, como los vídeos con subtítulos o los servicios de acompañamiento de los aeropuertos.
  • Un producto o servicio alternativo al convencional que ofrece prestaciones similares, como los servicios de transporte a la demanda para quien no puede utilizar el transporte público.
  • Un producto personalizado, como lo pueden ser un traje o el asesoramiento legal.

Decidir la estrategia correcta y desarrollarla correctamente dependerá de los conocimientos sobre Diseño para Todos del responsable del proyecto o de su acceso a expertos en la materia ya que, si bien es cierto que escuchar directamente a los usuarios potenciales aporta mucha información, también lo es que en no pocas ocasiones, las medidas que se han tomado para favorecer a un colectivo determinado han perjudicado a otro. Un ejemplo de ello sería el pavimento podotáctil para invidentes que se utiliza en Japón, que es incómodo tanto para mujeres que usan tacones como para usuarios de maletas con ruedas.

En cualquier caso, después de analizar las estrategias y logros de muchas empresas y administraciones, hemos llegado a definir un método que permite abordar secuencialmente el proceso de Diseño pata Todos. El método propone siete fases que en inglés coinciden con las letras que componen la palabra HUMBLES[2]:


  • Highlight Design for All Opportunities (Descubrir las oportunidades y definir los objetivos).
  • User Identification (Identificación de los usuarios).
  • Monitor Interaction (Monitorizar la interacción).
  • Breakthrough Options (Seleccionar las opciones de mejora).
  • Lay Out Solutions (Diseñar las soluciones).
  • Efficient communication (Comunicar de manera eficiente).
  • Success Evaluation (Evaluar los resultados).

La aplicación de este método ha permitido logros significativos en el ámbito de la innovación centrada en el usuario haciendo compatibles la satisfacción de los usuarios y la responsabilidad social con la mejora de los resultados económicos.

Así pues, el Diseño para Todos es actualmente una herramienta muy útil para contribuir a la satisfacción de clientes y ciudadanos considerando el respeto a la diversidad como elemento clave de la innovación responsable.

 

 


Nota 1: Debe tenerse en cuenta que la palabra “diseño” en español proviene de la palabra italiana disegnare que significa dibujar, mientras que design proviene directamente de la palabra latina designare  que significa determinar las características de algo. Así pues debemos entender el término “Diseño para Todos” como no únicamente circunscrito al ámbito de dar forma a nuevos productos si no de concebir o adecuar tanto los entornos como los productos y servicios para que den respuesta a las necesidades y expectativas de todos y cada uno de nosotros. [ Volver ]

 


Nota 2: Universal Design: the HUMBLES method for user-centred business. (2012).ARAGALL, F. MONTANA, J. Gower Publishing Limited. [ Volver ]

 


Nuestro enfoque sobre la autonomía personal

Colaboración

Hoy, que todo lo buscamos en INTERNET, vemos que la primera frase con la que Wikipedia define Autonomía personal es la que sigue: “La manera de pensar por sí mismo, su decisión”. Más formalmente podemos decir que Autonomía es un vocablo que proviene del Griego (Auto + nomos) y, contextualizado correctamente, significa la facultad humana para gobernar las propias acciones y dirigir la vida de uno mismo con libertad. Como decíamos en el artículo anterior, esto es relativo, cada persona define qué es para ella libertad y, por tanto, qué es para ella su propia autonomía personal.

Hoy en día no se entiende el funcionamiento de la persona sin algo tan inherente al ser humano como el derecho a decidir acerca de cómo vivir y “por tanto” el derecho a utilizar y disfrutar de aquello que la sociedad pone a su alcance. Y esto aplica a cualquier persona, con independencia de sus capacidades.

En este sentido, ante cualquier pérdida de autonomía, seguimos queriendo decidir qué apoyos o ayudas queremos utilizar y cómo utilizarlas. Y ante una falta de autonomía para poder decidir, nos asiste el derecho a que nos ayuden o apoyen conforme a los valores y preferencias mostrados a lo largo de nuestra vida.

Por estas razones el diseño de un servicio para promover la autonomía personal debe concebir desde su inicio este enfoque.

Cada vez se hacen más necesarias las soluciones individualizadas y creadas expresamente atendiendo a las capacidades y necesidades de cada persona; soluciones que nos permitan desarrollar nuestro proyecto de vida donde queramos, con quien queramos y de la manera elegida, por tanto, los apoyos que presta un servicio que pretende promover la autonomía deben estar perfectamente integrados y coordinados con este proyecto de vida y el plan para llevarlo a cabo.

Para lograrlo, el primer paso es siempre “escuchar” a la persona para comprender sus necesidades. Se necesita conocer quién es, cómo es su funcionamiento, cómo es el entorno en el que desarrolla su vida, cuáles son sus apoyos naturales, qué ayuda le brindan estos apoyos y de qué manera, cuáles son sus deseos, prioridades y valores. Con todo esto se podrá empezar a componer “la solución” para promover SU autonomía personal.

La metodología de ViveLibre abriga esta concepción: desde una visión integral de la persona y contando con el papel activo de ésta, se define la solución personalizada que la empodera considerablemente, permitiéndole impulsar en mayor medida su autonomía.

De esta forma en ViveLibre utilizamos las funcionalidades y apoyos, hoy disponibles en nuestro sistema, para construir la solución de promoción de la autonomía personal de CADA persona en CADA situación y momento de SU vida.

Ciencia y creencia – El factor cooperación en la evolución

Foto ciencia estrellas

“¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?” 

–Chico Marx en “Sopa de ganso”

 

Me interesan las ideas. Mucho. Las examino, las desarrollo y las combino. También las pulo y las recorto. Idea es cada una de las frases de este artículo, que ha llegado a tener tres veces su longitud actual. Estoy convencido de que el método científico se basa en desarrollar ideas con libertad, honestidad y escepticismo. La falsabilidad de Karl Popper es entre otras cosas, una actitud.

Ahora les contaré un secreto: defiendo ideas, pero no las ataco en público. O si lo hago, será de la forma más discreta posible.

Un momento: si me gustan las ideas, es lógico defenderlas, argumentarlas y mejorarlas, pero ¿quién ha hablado de atacarlas? Ocurre que aún más que las ideas, me gusta la verdad, y ese es precisamente el objetivo de la ciencia: descubrir la verdad. O más bien, caminar hacia ella. Lamentablemente, se confunde una y otra vez el hecho de atacar y defender ideas, con el hecho de atacar y defender personas.

Dejémoslo claro de una vez. El buen científico no critica personas: critica ideas, y eso es bueno. Y cuando el buen científico ataca a las ideas mediante pruebas o razonamientos, de ninguna forma estará tratando de hacer callar las voces discordantes, sino todo lo contrario. La fortaleza de la ciencia se basa precisamente en la tensión entre ideas diferentes. Deben existir siempre esas voces diferentes, y como en la cita de Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Sin embargo, una y otra vez se confunde el ataque a las ideas con el ataque a las personas. Las teorías no sólo se ponen a prueba en el laboratorio: también deben hacerlo en un contexto de divulgación. Y frecuentemente las personas son mucho más difíciles de “convencer” que los “hechos” materiales y los teoremas previos.

Otras veces ocurre lo contrario: si eres capaz de convencer a las personas, ya no hace falta convencer a los hechos.

Hay científicos que se obsesionan con una única teoría, y dedican años o incluso toda su vida a demostrarla y tratar convencer a los demás. No debería sorprendernos. Es perfectamente humano encariñarnos de unas ideas más que de otras, e incluso es útil para la ciencia, ya que cuando los científicos toman partido por una u otra idea, la defienden y la desarrollan apasionadamente, dedicándole toda su energía.

Sin embargo, no todos los científicos son así. Es más, en mi caso he comprobado que es posible desarrollar apasionadamente una teoría, y también la contraria, porque lo que realmente se está desarrollando apasionadamente es un tema de investigación.

En medio de un debate, cuando alguien me pregunta “¿Y tú qué crees?” o dice: “He leído tu artículo. En resumen entonces, ¿cuál es la teoría que tú defiendes?” tengo la sensación de que hablamos lenguajes diferentes, y que en realidad me están preguntando acerca de cuál es mi equipo de fútbol, cuando yo NO TENGO EQUIPO DE FÚTBOL.

Me explicaré. Por supuesto que creo ciertas cosas y, con creer, me refiero a que estoy muy seguro de ellas, algunas con más o menos probabilidad, pero todas con probabilidad muy alta.Foto pez

Creo que la evolución está produciendo incrementos de complejidad. No creo que haya una tetera de porcelana china orbitando alrededor de Marte. Creo que los mamíferos sienten con una intensidad igual a la de nosotros los humanos. Y creo que los peces también sienten dolor.

Para mí estas afirmaciones son tan obvias que me resulta algo excéntrico debatir sobre ellas.

Hay otras que en mi opinión están menos claras. Por ejemplo ¿debemos contener el gasto público o realizar inversiones para mejorar la situación económica? ¿Será el bitcoin la moneda del futuro? ¿Los moluscos son seres sintientes como nosotros? ¿Es más efectivo tratar de abolir la esclavitud que sufren los animales defendiendo la revolucionaria idea de que son personas, o en cambio debemos tratar de mejorar sus condiciones gradualmente?

Los enfrentamientos entre teorías de este tipo han sido notorios y creo que deberían sonrojarnos. He observado esta situación en Inteligencia Artificial, donde se debatía acaloradamente sobre los enfoques bottom-up y top-down para la creación de inteligencia. En lingüística acerca de la existencia o no de conocimiento innato, y en evolución acerca de la selección de grupos, o de la bondad o maldad intrínseca de los seres vivos y de la dirección de la evolución.

Este ha sido siempre uno de los temas más polémicos: ¿nos está llevando la naturaleza hacia una sociedad más cooperativa, o hacia una más despiadadamente competitiva?

Para unos, la selección natural ha fomentado el egoísmo y para otros, lo que provoca es el altruismo. Parece como si hubiera que tomar partido y no es así. En primer lugar, porque no se trata de elegir cuál de las dos opciones nos gusta más y tratar de convencer a los demás de ello. Esto me parece una actitud muy poco científica. Y en segundo lugar, porque existe una tercera opción.

La competición que se da en la naturaleza también se produce en el mundo de las ideas. Existe una fuerza conservadora, egoísta, que busca una convergencia rápida hacia una solución. La opuesta es la fuerza innovadora, altruista, que trata de explotar más a fondo el espacio de búsqueda. Ambas tendencias son útiles, deseables y contradictorias, por lo que se llega a un compromiso: la cooperación.

Es obvio que si defraudamos al prójimo, obtendremos un beneficio a corto plazo. Pero si alguien todavía duda del éxito de la cooperación, debe explicarme cómo ha sido posible construir una tostadora. Prácticamente todo lo que vemos a nuestro alrededor es obra de la cooperación humana.

La disyuntiva entre egoísmo y altruismo es similar a la que existe entre recoger beneficios y seguir apostando. Recoger beneficios está bien, pero no permite progresar más que hasta cierto punto. Si queremos más, debemos arriesgarnos a probar cosas nuevas.

¿Y quiénes están decididos a probar cosas nuevas? Aquellos a quienes el entorno les supone un reto. Los peces bien adaptados y exitosos no necesitaban ser anfibios ni mucho menos reptiles. Si un animal obtuvo ventajas fuera del agua es porque tenía problemas dentro de ella. Los adaptados son conservadores. Los que viven en un mundo incierto, en cambio, necesitan innovar para sobrevivir. La evolución por tanto es la línea del camino marcado por los inadaptados. El futuro viene de su mano.