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Venimos diciendo que el internet de las cosas es el fenómeno tecnológico que más va a transformar nuestras vidas. Esto es así porque el IOT está interconectando el mundo a un ritmo exponencial. Y un mundo incrementalmente más interconectado es un mundo extraordinariamente más complejo. Es cierto, la complejidad surge de la interacción dinámica de unidades sencillas. De esa interacción dinámica de los componentes de un organismo emergen propiedades nuevas, propiedades que son distintas de las que atesoran sus partes constituyentes.

Eso significa que, en la medida que el mundo se interconecta, nos proyectamos hacia una realidad completamente desconocida. Hablamos de un mundo que contará con unas propiedades que hoy no podemos ni imaginar. De ahí que el principal rasgo definitorio de los tiempos actuales sea el de la incertidumbre. Todo es incierto, cambiante, superficial, voluble, inestable y relativo. Esto tendrá profundas consecuencias sobre la visión de la gente acerca de la realidad, sobre las relaciones personales, sus creencias y –esto es lo más importante– sobre su propia identidad.

Surge así una nueva interpretación del ser humano y del universo que le rodea, es decir, una nueva cosmovisión. Cuando esto ha sucedido a lo largo de la Historia, la nueva visión de la realidad ha traído consigo una nueva concepción de la discapacidad. Tiene que ser así necesariamente desde el momento en que la discapacidad es una realidad que tiene una dimensión fisiológica pero tiene también un componente social. La discapacidad se aborda desde la relación de la persona con el entorno, y ahora esas relaciones entre la persona y el entorno se van a transformar radicalmente.

Así, podemos decir que la tecnología ha creado un mundo conectado, pero éste a su vez altera el efecto que la tecnología produce sobre nosotros. O dicho de otro modo, el hombre hace la técnica y la técnica hace al hombre.

Pero la revolución tecnológica no afectará solamente a las personas sino que también impactará sobre las propias organizaciones. El mundo industrial era un mundo previsible, esto es, más estable. En el mundo económico se planificaba a largo plazo, porque podíamos prever las conductas y comportamientos humanos de una forma razonablemente fiable.

Sin embargo, hoy ya no podemos prever, predecir ni planificar. Tendremos que aprender a funcionar sin certezas, actuar conforme a patrones generales, y aprender a identificar aquellas tendencias que tengan un carácter universal.

Un ejemplo de cómo podemos hacer esto lo tenemos en la ciencia de la cibernética. En 1950 Norbert Wienner, padre de la cibernética, escribía lo siguiente:

“En el futuro, el desarrollo de las infraestructuras de comunicación, los mensajes entre el hombre y la máquina, entre máquinas y hombres, y entre máquina con máquina, están destinados a jugar un papel cada vez mayor”.

Si Wienner fue tan clarividente veinte años antes de que se inventara el microprocesador y medio siglo antes de la emergencia del mundo digital, fue sin duda por su capacidad de comprender patrones universales. Esta es la clave de lo que tenemos que hacer: ser capaces de comprender las implicaciones tan profundas que la tecnología va a tener sobre nuestras vidas.

Foto: Flickr

Las verdades incontestables en medicina

Batas blancas de medicina

“La base de un buen diagnóstico es una buena historia clínica y una buena exploración física”. Este era uno de los mantras que se recitaban incesantemente en la facultad de medicina. Verdad incontestable.

Más adelante me di de bruces con la realidad y escuché por primera vez que se deben contextualizar las verdades incontestables. No con esas palabras. Me lo recomendó un adjunto de urgencias en uno de mis primeros días de guardia como residente: “No pierdas el tiempo intentando que te lo cuente bien. Dile que te señale con un dedo dónde-dolor-ahora y pídele una radiografía”.

Funcionó. La radiografía, sin ser perfecta, ofreció un diagnóstico aceptable que permitió resolver la situación rápidamente. En una urgencia se dispone de poco tiempo y la verdad debe ser contextualizada, con preguntas como la siguiente: ¿de cuánto tiempo dispongo realmente?

 

“Los pacientes no se despachan, se atienden”

La anécdota pertenece a un pasado para mí remoto. En mi especialidad -la medicina familiar- aunque el tiempo también apremia, no debería hacerlo. Hace años percibí claramente que sin tiempo de calidad que dedicar a los pacientes, el trabajo como médico de familia perdía parte de su sentido. La relación con el médico es una relación de confianza, de vínculo sobre el que se construye todo lo demás. Y para ello los pacientes se atienden. No se despachan.

Pero si menciono esta anécdota es para recordar que las circunstancias son siempre cambiantes y que nuestro saber-hacer debe evolucionar con ellas. Parece obvio y de sentido común que cuando tienes menos recursos disponibles (tiempo, pruebas complementarias…) debes adaptar el protocolo a la realidad en la que te encuentras.

 

“No es lo mismo tener dos valores de tensión al mes que sesenta”

Bien, pero ¿qué ocurre cuando no tienes menos, sino más recursos a tu disposición? También en este caso es pertinente hacer evolucionar los protocolos. El seguimiento continuo de tipo domiciliario que permite la tecnología actual aporta un nuevo tipo de información con el que antes no se contaba, y esto supone adaptar las pautas de actuación clínica.

Así lo hicimos en el servicio de ViveLibre Salud, demostrándose su utilidad, por ejemplo, en el reciente caso de Isabel, de 80 años. No es lo mismo tener dos valores de frecuencia cardiaca al mes que sesenta mediciones (dos diarias), gracias a la comodidad de la aplicación. Tener más mediciones permitió detectar en Isabel bradicardias habituales secundarias al tratamiento farmacológico, ajustar este e intervenir sobre los mareos que padecía al incorporarse. Nuestra experiencia nos dice que además es una forma de reducir el riesgo de fracturas por caídas.

Mejorar la calidad de vida y prevenir complicaciones para los usuarios de ViveLibre es lo que da sentido a nuestro trabajo. Todo ello ha sido posible gracias a la estrecha colaboración entre los equipos de usuarios, ingenieros y profesionales de la salud, con contactos continuos para establecer los protocolos de atención en experiencias piloto. Y es ahora cuando recogemos los frutos. Al disponer de más información, podemos mejorar y anticipar el diagnóstico, así como afinar las prescripciones posteriores. Eso es lo que estamos haciendo: adaptándonos al nuevo contexto.

Después de esto ¿qué queda de las verdades incontestables? Mi verdad incontestable es la que apunta Pedro Laín Entralgo en su “Historia de la medicina”: la voluntad de ayuda por parte del médico, ya sea como asistencia inmediata, o como consejo a distancia, mediante un proceder técnico. Porque la medicina es ciencia pero también es en cierto modo un arte, un servicio que prestamos a los demás en el que aplicamos conocimiento que necesariamente debe estar sujeto a revisión y examen.

Dicho de otra forma: actuamos sabiendo por qué hacemos lo que hacemos, y al mismo tiempo, estando abiertos a que lo que ahora sabemos, cambie y deje de ser incontestable.

 

Tiempo, complejidad y diversidad

Expansión, universo.

El universo se encuentra en expansión. Según algunos científicos, la expansión del universo se acelera. Para Stephen Hawking, sin esta expansión no habría tiempo. El tiempo resulta un concepto verdaderamente intrigante, hasta el punto que algunos optan por negar su existencia. Para Murray Gell-Mann la verdadera flecha del tiempo cosmológica es la que se asocia al proceso de envejecimiento del universo y de sus componentes. Esto así porque si en un momento dado el universo comenzara a contraerse el envejecimiento no se detendría. Consecuentemente, la contracción del cosmos no sería simétrica. Los sucesos pasados no volverán a producirse. Vivimos en un mundo de procesos irreversibles. El tiempo es, en definitiva, la unidad de medida de la entropía.

En la medida que se expande el universo incrementa su complejidad. Este proceso se acompaña de un aumento de la diversidad y de la individualidad que corre de la mano de la formación progresiva de las galaxias, estrellas y planetas. Pero estas propiedades, nos enseña Gell-Mann, adquieren un nuevo significado con la aparición de los sistemas adaptivos complejos. Sin duda, los que más nos interesan entre todos ellos son los sistemas que se asocian al surgimiento de la vida y la evolución biológica.

Me pregunto si la contracción futura del universo irá aparejada a una pérdida de diversidad e individualidad en la medida que éste se condense y se comprima. Un proceso de esta índole conllevaría el fin de la vida en el universo, lo que me lleva a pensar que la entropía alcanzaría su punto álgido. Al contrario de lo que ocurre ahora, complejidad y entropía transitarían en direcciones opuestas.

Son reflexiones de un profano que obviamente carecen de entidad científica. Lo que me ocupa es la intrigante similitud del proceso que guía la humanidad. La tecnología lo conecta todo en un proceso entrópico que todo lo homogeneiza. El mundo se hace uno y desaparecen las diferencias al tiempo que lo hacen las categorías a través de las cuales interpretamos la realidad. El mundo humano pierde diversidad, que es fuente de vida.

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En cada época, la evolución humana ha encontrado la teoría que necesitaba, y surge hoy un nuevo ideario posthumanista que, sobre las bases de la singularidad tecnológica, aspira a un humano mejorado. Nos ofrece el ideal de un hombre sumamente inteligente que habrá vencido a la enfermedad y la muerte. En un mundo así, la singularidad pondrá a nuestro alcance una tecnología prodigiosa por la que podremos alcanzar cotas increíbles de individualización. De la mano de la singularidad tecnológica podrá venir una absoluta singularidad personal. Sin embargo, después de la expansión y la diversidad llega la contracción. La complejidad se reduce y todo se vuelve uniforme. Lo vivimos todos los días en los mercados económicos donde la tendencia a la concentración de los operadores es generalizada en la mayoría de los sectores. La concentración de la oferta viene aparejada a una inevitable estandarización en las soluciones tecnológicas. No quiero imaginar lo que esta concentración –y estandarización– podría representar en un mundo transhumano donde los individuos hayan traspasado la barrera de la evolución biológica.

Se vislumbra el riesgo potencial de una regresión que nos conduciría a una pérdida futura de complejidad, diversidad e individualidad. No es este el significado que queremos de la palabra singularidad. Queremos un ser humano, singular, único, diverso e irrepetible. Tarde o temprano será preciso constituir nuevos modelos de instituciones económicas y sociales que prometan proteger la identidad personal de los individuos. Diríase que vivimos en un mundo paradójico en el que percibimos un incremento exponencial de la complejidad en las sociedades humanas, al mismo tiempo que asistimos a los albores de nuestro particular BigCrunch. Una situación así solamente puede comprenderse como la confrontación de dos grandes fuerzas cósmicas. Una nos mueve en un proceso entrópico hacia la uniformidad, la homogenización, el desorden y la muerte. La otra crea orden a partir del desorden, complejidad, diversidad y vida. Nada de lo que hagamos alterará estas dos realidades principales que rigen el devenir del universo y de sus componentes, pero podemos tomar partido y experimentar una vida plena en la medida que observemos nuestro compromiso con la vida. A fin de cuentas, lo que identifica al ser humano es la búsqueda de un sentido.

¿En qué lado de la fuerza quieres vivir?

El futuro del trabajo: liberación o servidumbre

Chefs

Desde los anales más remotos de nuestro devenir histórico el trabajo ha formado parte de todo aquello que nos causa pesadumbre, desasosiego y tribulación… casi siempre. Casi siempre, pero no de manera universal ni con la misma intensidad en las diversas etapas de la más reciente evolución humana. Porque el trabajo puede ser una servidumbre, pero también una liberación. Algo que realizamos por obligación, y sin mayor sentido intrínseco, o bien una acción continuada en el tiempo en un campo de actividad que nos ilusiona y nos realiza. Algo que, en este mundo globalizado y crecientemente tecnificado, va a transformarse de manera radical, hasta el punto de poder llegar a ser causa de una inmensa liberación o de una servidumbre de imprevistas consecuencias. En este breve artículo intentaré esbozar algunos argumentos de una tesis que considero plausible: el trabajo humano, creativo y colaborativo, podrá ser una fuente universal de realización y reconocimiento, si somos capaces de conjugar las tecnologías más avanzadas con crecientes cotas de libertad individual y una avanzada cultura del bien común.

Hombre

Resuena en nuestra memoria colectiva la sentencia bíblica del “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Algo muy distinto a la previa experiencia paradisíaca de vivir sin pensar en trabajar para sobrevivir. Pero no es hacia ese ancestral pasado, hacia esa primera gran crisis de humanidad, cuando el sedentarismo y la agricultura revolucionaron las sociedades humanas, donde pretendería viajar. Creo que nos podemos acercar más en el tiempo para ojear grosso modo el siglo XX, en cierta manera el siglo de la eclosión del trabajo como institución clave del progreso económico y social acontecido en la última centuria.

Allá por el ya lejano, pero reconocible, 1958, Hannah Arendt actualizaba la reflexión aristotélica sobre la vida activa de la condición humana, y diferenciaba el trabajo de la obra y la acción. Según ella el trabajo sería aquello que nos permite atender nuestras necesidades vitales, la obra consistiría en todo aquello que nos permite dejar, como individuos concretos, una impronta, un legado, que nos trasciende y aporta algo valioso a nuestros seres queridos o al conjunto de la Humanidad, y la acción se reservaría a la relación entre los seres humanos, a la pluralidad infinita de relaciones que pueden producirse entre los seres humanos que habitan la Tierra.

Sin entrar en complejos detalles la citada autora vincula la capacidad de realizar estos tres tipos de actividad humana –trabajo, obra y acción- con la posibilidad de un continuado progreso que nos aleje de la servidumbre. Incluso de una servidumbre insospechada: la que podemos adquirir respecto los artificios que somos capaces de crear y, aún más paradójica, aquella que acontece por causa de un crecimiento exponencial de conocimientos que dejamos de hilvanar en un conjunto coherente. Trabajo, obra y acción que requieren, además de conocimientos expertos, de otras capacidades básicas como el pensamiento crítico, la creatividad, las cualidades relacionales y una ética del sentido. Quizás la clave de todo ello: una ética que, naciendo de nuestra propia elaboración individual, sea capaz de aunar voluntades para crear aquello que favorece mejor el bien común, la vida de las personas y del planeta.

Así pues, en lugar de la vieja utopía de liberarnos del trabajo –y por ende, si observamos los comportamientos sociales más habituales, de la obra y de la acción-, creo que hemos de reivindicar la posibilidad de transformar el trabajo de tal manera que el mismo devenga liberador y realizador. Un nuevo concepto de trabajo que, más allá de garantizarnos el sustento, nos abra las puertas para una vida buena en la que podamos crear y compartir bienes valiosos para el goce y el desarrollo humano.

Hackathon

Con todo ello, aterrizando en nuestra época contemporánea, es interesante observar que esa transformación se está produciendo de manera acelerada. En gran medida por la creciente automatización y robotización de múltiples campos de la actividad laboral, pero también por la obsolescencia, cada vez más hiriente, de nuestros conocimientos expertos y habilidades profesionales. Un cambio radical, que gracias al éxito tecnológico, se acerca a un cruce de caminos dónde las opciones serán “menos trabajo para menos personas” o bien “un mejor trabajo al alcance de todas las personas”. Estoy convencido que nuestra mejor elección, que no más fácil, es escoger el segundo camino. Y para ello entiendo que necesitamos avanzar en tres grandes campos:

a) Una “economía del bien común”, al estilo de lo que propugna Christian Felber, o una “prosperidad sin crecimiento”, como nos plantea Tim Jackson. Ambos claros partidarios de sustentar esa nueva economía en los valores de la cooperación y la utilidad efectiva para la vida de las personas y del planeta.
b) La mejora de la calidad del empleo en las diversas dimensiones que, a mi modo de ver, acertadamente postula la Unión Europea. Dimensiones de calidad en el empleo que podemos ver de manera panorámica en el enfoque múltiple que nos proponen Mathilde Guergoat-Larivière y Olivier Marchand, entre las cuales son destacables la educación y formación a lo largo de toda la vida profesional, la salud laboral, la diversidad y no discriminación y la propia calidad organizativa de las empresas.
c) El avance científico y tecnológico. Pero no cualquier avance científico y tecnológico, sino aquel que, como nos exponía Ignacio Aizpún en anteriores artículos del Blog de Vive Libre, sea capaz de fundamentarse en una renovada cultura humanista que valore, antes que nada, la dignidad y la libertad de los seres humanos, de todos y cada uno de los seres humanos que habitan este frágil planeta Tierra.

Enfermera

Y si queremos, honestamente, hacer realidad ese sueño de un trabajo digno y de calidad al alcance de todas las personas, no tenemos otra opción que “trabajar en ello”, pero trabajando desde la obra y desde la acción, desde la reflexión, el debate y la búsqueda de las mejores alternativas para esta loable causa. Una causa que no podemos delegar ni obviar, una causa que cada persona, en función de sus capacidades y posibilidades, ha de intentar emprender. Porque, como nos recordaría John Stuart Mill, en su célebre obra sobre la libertad: “el valor de un Estado, a la larga, siempre será el valor de los individuos que lo forman.” Un valor que solo florecerá si el desarrollo humano se orienta a cultivar los campos de la libertad y el respeto.

Que el trabajo del futuro sea una liberación, dependerá de la calidad de nuestras ideas, de nuestros valores y, sobre todo, de nuestra capacidad para conversar, dialogar y encontrar soluciones compartidas.

Las 7 crisis que explican el mundo que vivimos (y el que viene)

Crisis Mural

Hablamos constantemente de los cambios que viene experimentando el mundo que vivimos. Lo hacemos acompañando esta idea de la palabra crisis. Nos sentimos en crisis y percibimos que nuestro mundo se transforma. Crisis y cambio se convierten en conceptos ineludiblemente unidos.

La crisis no es una cuestión monolítica que explique todo la abarcable de una sola vez. El hombre está diseñado para descomponer la realidad, elaborar abstracciones de la naturaleza y establecer categorías. De este modo se ayuda a sí mismo a interpretar el mundo. Así, normalmente concluimos que detrás de un accidente hay múltiples causas. Una transformación tan profunda como la que experimenta nuestra realidad no podía ser menos. Tras un esforzado análisis identifico siete crisis subyacentes al advenimiento de un mundo que cambiará completamente nuestras vidas.

 

La disrupción tecnológica

Este apartado requiere poca presentación. Lo avanzábamos en nuestro artículo sobre El Datalítico. No obstante, debemos tener presente que la radical disrupción que representa la transformación tecnológica actual se encuentra en el origen de todos los cambios. Esto ha sido siempre así a lo largo de la Historia. 11123530043_1d28f2fa35_oLo fue cuando el desarrollo de la agricultura provocó el paso del Paleolítico al Neolítico. También estuvo
detrás del advenimiento de la Ilustración. Asimismo, es evidente que también tuvo mucho que ver con la aparición y desarrollo de la sociedad industrial.

Actualmente, el avance tecnológico se está produciendo más rápidamente que nunca y está provocando el advenimiento de un mundo exponencialmente más complejo. La complejidad desencadena transformaciones profundas y repentinas. La transformación tecnológica se encuentra, por tanto, en la base de todas las demás crisis que veremos a continuación.

 

Crisis de las instituciones

La tecnología está modificando nuestras vidas. Los cambios de la anterior revolución tecnológica – básicamente, la asociada a la segunda revolución industrial, el motor de explosión y el despliegue de la electricidad – transformaron la vida de nuestros abuelos de manera espectacular. Lo hicieron impactando físicamente en sus vidas.

Esta nueva tecnología que nos invade es menos visible pero impacta en aspectos muy sutiles de la Humanidad. Lo hace sobre la forma en que nos informamos o la forma en que nos comunicamos, nos relacionamos e interactuamos. Cambia incluso la manera en que sentimos y nos emocionamos. En definitiva, se altera nuestra propia interpretación del mundo que vivimos. 

Como consecuencia, se transforman los modelos de negocio y los mecanismos de relación social. Finalmente, entran en crisis las instituciones sociales que heredamos de un mundo completamente distinto y representaron los cimientos en los que se sustentó la convivencia social durante mucho tiempo. El organismo social se tensiona y se acerca a un punto de bifurcación.

Crisis del capitalismo

Una de las primeras instituciones que entra en crisis es el capitalismo. El capitalismo se encuentra muriendo de éxito. Según los fundamentos de este modelo de división social del trabajo, las rentas no consumidas se convierten en ahorro y nutren nuevas inversiones que mejoran la eficiencia de los medios de producción. Todo ello provoca un círculo virtuoso que incrementa el acceso de la población a nuevos y mejores bienes y servicios.

El actual incremento de la eficiencia está siendo exponencial por efecto del desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, así como el de todas las técnicas que se derivan de las mismas: entre otras, la nanotecnología, la robótica y la inteligencia artificial. Esto nos conduce a un nuevo escenario donde los precios se reducen de forma progresiva, rápida e inexorablemente. Es un escenario, por decirlo de alguna manera, estructuralmente deflacionista. Entramos en lo que Jeremy Rifkin denomina la sociedad de coste marginal cero, donde las recetas propias del paradigma económico imperante ya no resultan.

 

Crisis de identidad

Según algunos estudios, el 70% de los actuales alumnos de secundaria van a trabajar en profesiones que aún no existen. Según otras versiones, el 60% de las ocupaciones que tendremos dentro de 20 años (o menos) aún no han sido inventadas.

A esto debemos añadir que ante un entorno incierto y cambiante, las personas deberán habituarse a cambios continuos en su carrera profesional, siendo capaces de adaptarse a diferentes ocupaciones, desempeños y profesiones a lo largo de su vida.

Como resultado de esta nueva realidad, las nuevas generaciones se enfrentan a un escenario tremendo de pérdida de identidad. En efecto, la profesión ha sido tradicionalmente un elemento esencial en la conformación del sentimiento de identidad individual. Al referirnos a San José no decimos que trabajaba de carpintero; de él decimos que era carpintero.

 

Crisis intergeneracional

La incertidumbre que viven las nuevas generaciones da lugar a la siguiente crisis. Por primera vez existe una generación que va a vivir peor que sus padres. Los avances tecnológicos hacen la vida más fácil, pero los progenitores de las nuevas generaciones tuvieron una vida más estable y un acceso más predecible a factores transcendentales como una profesión o la formación de una familia.

La crisis de identidad, la incertidumbre y el peso de la deuda que recae sobre sus hombros, lamina sus expectativas de futuro y provoca grandes dosis de frustración. Así es como brota un sentimiento de rechazo de unas generaciones contra otras. En palabras de Gabriel Masfurroll: “en todas partes hay una lucha entre la renovación y el establishment que lógicamente se resiste a cambiar”.

 

Crisis moral

En el mundo actual la religión está en crisis. Desde el punto de vista del presente artículo, poco importa si las creencias que sustentan nuestras religiones son ciertas o no. A los efectos de lo que estamos analizando, la cuestión relevante es el impacto que tuvo en la humanidad la emergencia de lo que Karl Jaspers vino a denominar el pensamiento axial. Este fenómeno tuvo lugar hace dos mil años aproximadamente. El conjunto de religiones surgido (más o menos) simultáneamente en distintos puntos del planeta, constituyeron los fundamentos de los marcos de relación social, las normas de conducta y códigos de comportamiento de todas las civilizaciones humanas. Sirvieron asimismo como aglutinante de grupos humanos; elementos que vertebraban a las diferentes civilizaciones. De este modo, grandes cantidades de personas eran capaces de movilizarse y comportarse de manera colectivamente eficaz gracias a un acervo de símbolos y creencias compartidas que les movían en una misma dirección.

El declive de las religiones nos trae algo más que una crisis de espiritualidad. Nos trae profundas consecuencias desde el punto de vista de la evolución de nuestra civilización.

 

Crisis del dinero fiduciario

Existe otra institución heredada del Siglo XX que se encuentra atravesando una profunda crisis. Me refiero al dinero fiduciario. Para los economistas de la Escuela Austríaca el dinero fiduciario es, en realidad, un sustitutivo del dinero, en el sentido de que, lo que no tiene valor de uso, no puede tener estrictamente la consideración de dinero real. El dinero fiduciario no tiene una contrapartida real. Cuando creamos dinero artificialmente fijamos como contrapartida una serie de compromisos futuros de pago. De este modo, la impresión de dinero legal comporta la creación de deuda.

3617706196_813634952fSiguiendo la ortodoxia del paradigma económico actual, los bancos centrales están tratando de combatir la deflación para activar el crecimiento económico. Para ello crean cantidades crecientes de dinero. Sin embargo, cometen un error de principio. Cierto, están tratando de corregir un fenómeno de carácter tecnológico –la reducción de los costes provocada por el incremento exponencial de la eficiencia– con medidas de política monetaria. Ese esfuerzo es vano. No se puede compensar un efecto tecnológico estructural con un mecanismo de una naturaleza completamente diferente. En el camino, se está generando una burbuja de deuda que nunca se podrá devolver. El sistema colapsará. Cada nueva burbuja es mayor, su efecto dura menos, tiene un impacto menor en el crecimiento económico y sus efectos colaterales son mayores.

 

Concluimos

Una realidad histórica no se explica desde una sola causa. Los entornos complejos no se pueden interpretar con explicaciones simples. Por otra parte, la realidad no es lineal. Estas siete causas que explican el mundo que vivimos interactúan entre ellas de forma dinámica, de tal modo que incrementan la complejidad de nuestro particular universo. Surgen así realidades nuevas que subyacen a fenómenos emergentes como la economía colaborativa, la aparición de nuevos modelos de distribución o el surgimiento de nuevas ideologías.

Cuando repaso mentalmente estos siete elementos no dejo de sentirme abrumado. Ciertamente tenemos ante nosotros una ingente tarea para reconstruir el organismo social. Tan importante como desarrollar nuevas soluciones tecnológicas es abordar la importancia de edificar nuevos mecanismos de interacción social que resulten más eficaces y más justos. Un número creciente de personas con necesidades especiales de apoyo van a requerir que las organizaciones sociales den un paso al frente y construyan nuevos modelos de instituciones para el siglo digital.

 

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Las 14 condiciones para la organización social del mundo digital

Social Media

En artículos anteriores hemos puesto énfasis en el formidable incremento de la complejidad que experimenta el mundo que vivimos. Quienes gestionamos organizaciones sociales habremos de familiarizarnos con este nuevo mundo exponencialmente más complejo.

Los patrones que rigen la complejidad aplican tanto a los organismos biológicos como a los organismos sociales. Consecuentemente, si queremos comprender cómo podemos desarrollar una organización que resulte eficaz en un entorno complejo, conviene que nos fijemos en cómo la Naturaleza afronta y resuelve el hecho de la complejidad. Para el profesor Malik, las escuelas de negocio deberían enseñarnos algo más que técnicas de planificación y control o finanzas. Para interactuar con entornos complejos debemos realizar una aproximación a ciencias como la biología, la biónica o la cibernética. A la propuesta de Malik yo añadiría otros campos del saber, como la termodinámica y la teoría general de sistemas.

En la medida que profundizamos en estas materias y descubrimos cómo funcionan los organismos eficientes en la Naturaleza, podemos deducir cuáles son las condiciones que habrán de reunir las organizaciones sociales para resultar eficaces en un entorno complejo. En Vivelibre las hemos estudiado y del análisis han surgido 14 características esenciales.

1.- Evolución

Vivimos en un entorno de cambio continuo. Nuestra realidad se transforma constantemente. El crecimiento exponencial de la potencia de la tecnología está provocando una profunda transformación del mundo que vivimos. El entorno en el que nos desenvolvemos cambia de forma cada vez más rápida y más profunda.

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Necesitamos organizaciones capaces de adaptarse continuamente a un medio en permanente cambio y transformación. Ya no nos vale la mejora continua o una mera reingeniería de procesos. Los tradicionales procesos de cambio se tornan insuficientes. En muchas ocasiones se precisa una verdadera evolución en la genética de la organización, con objeto de transformar modelos industriales en organizaciones propias del mundo digital.

2.- Dinamismo

De la primera característica se deduce que necesitamos organizaciones dinámicas, capaces de moverse con agilidad. Esto comporta actuar sobre los elementos estructurales y organizativos de la institución, pero ante todo tendremos que actuar sobre los elementos más intangibles. El ser humano cuenta con una doble dimensión; es un ente biológico pero a su vez una realidad cultural. Transformar una organización diseñada para actuar en entornos estables para ser eficaz en un mundo dinámico requiere modificar nuestros procesos, pero también cultura, nuestra forma de hacer las cosas, nuestras pautas de comportamiento y nuestras creencias.

3.- Flexibilidad

Convertirnos en una organización dinámica exige altos niveles de flexibilidad. Por flexibilidad entendemos lo que siempre hemos interpretado como tal en el mundo del management, esto es, la capacidad de adaptarnos a los requerimientos del cliente, diseñando soluciones a la medida de sus particulares necesidades.

No obstante, en el momento que vivimos actualmente, el concepto de flexibilidad alcanza también una segunda dimensión, en tanto en cuanto habremos de ser flexibles en nuestra capacidad de adaptarnos a las nuevas exigencias del nuevo mundo digital que se transforma continuamente.

4.- Capacidad de aprender (y de desaprender)

Evolucionar, esto es, mutar, comporta hacer las cosas de otra manera, y requiere cambios en nuestra cultura. Asimismo, es preciso hacer esto de forma muy rápida. Necesitamos por tanto organizaciones capaces de aprender muy rápidamente.images

No obstante, no podemos pasar de ser una organización de la sociedad industrial a convertirnos en una organización del mundo digital si no dejamos de hacer algunas (o muchas) cosas de las que hacíamos antes. Tenemos que dejar de hacer las cosas como las hacíamos antes. Consecuentemente tenemos que provocar un cambio en nuestras creencias, nuestros apriorismos y nuestros prejuicios. En definitiva, tenemos que cambiar nuestra visión de la realidad en lo que al trabajo se refiere. No solamente tenemos que aprender cosas nuevas, sino que es un requisito previo desarrollar la capacidad de desaprender.

5.- Creatividad

Como diría el científico húngaro Ervin Laszlo, el cosmos es un lugar esencialmente creativo. La vida es un acto continuo de creatividad. Tanto evolucionar como aprender, esto es, transformarse, comporta altas dosis de creatividad. Las organizaciones que pretendan sobrevivir habrán de ser altamente creativas.

6.- Tamaño

La necesidad de alcanzar el dimensionamiento adecuado es un axioma básico en la gestión empresarial. Hoy más que nunca es un elemento que debemos mantener presente. Sin embargo, el tamaño tiene hoy un significado profundamente distinto.

En el mundo industrial que hoy recesa nos movíamos conforme a un paradigma que potenciaba las economías de escala; hablar de tamaño llevaba implícito hablar de grandes volúmenes. Sin embargo, cuando hoy hablamos de tamaño nos referimos a lo contrario. Una organización dinámica, flexible, creativa y con alta capacidad de respuesta ante los cambios del entorno habrá de ser necesariamente pequeña. Como dijera el célebre López de Arriortúa todavía en el siglo pasado: “en el Siglo XXI el pez rápido se comerá al pez lento”.

7.- Recursividad

Una entidad pequeña habrá de tener por naturaleza una capacidad limitada de dar respuesta a las necesidades de la gente. Necesitaremos por tanto encontrar el modo de escalar la acción reproduciéndola muchas veces, de modo que lleguemos a todas las personas que nos necesitan.

Para ello, desarrollaremos una nueva cualidad: la recursividad. De este modo seremos capaces de replicar los mismos modos organizativos, los mismos procesos, pautas de intervención, paradigmas y principios que dan lugar a una forma única de entender la intervención sobre las personas con necesidades especiales de apoyo y sus familias. Imitando a la Naturaleza, crearemos una realidad holográfica, creciendo en círculos concéntricos y conformando una realidad que se reconoce a sí misma.

8.- Identidad

Surge por tanto como consecuencia de la anterior una nueva característica esencial a la que llamamos identidad. Nuestras organizaciones deben estar dotadas de una identidad fuerte. Las señas de identidad son mucho más que un ejercicio de marketing o de comunicación. Nuestra identidad se configura a través de una forma única de hacer las cosas que surge de nuestra verdadera fuente de valor: nuestros principios.Fingerprint_picture.svg

La sociedad debe ser capaz de identificarnos de una forma clara por el valor que aportamos a las familias y por el papel que nuestra entidad juega en la sociedad o, en su caso, en el mercado.

9.- Autenticidad

La derivada lógica de la anterior se llama autenticidad. Hoy en día la sociedad cuenta con un ejército de expertos en marketing y comunicación. Normalmente, todos reproducen los mismos clichés, se expresan conforme a los mismos patrones y utilizan las mismas muletillas. Da igual si prestan servicios sociosanitarios o venden refrescos: todos producen calidad de vida y quieren hacerte feliz.

De este modo, el lenguaje se vacía de contenido. Las palabras pierden su significado. Como dijera Confucio, cuando las palabras pierden su significado las personas pierden su libertad.

Nuestras organizaciones deben ser auténticas. No debemos dejarnos llevar por el “mainstream” de la comunicación o por lo generalmente aceptado. Debemos hacer aquello en lo que creemos y comunicar lo que pensamos. Si es preciso seremos disruptivos, pero nunca caeremos en la trivialidad.

10.- Cibernética

La cibernética fue desarrollada fundamentalmente por Norbert Wiener a mediados del pasado siglo XX. La cibernética es la ciencia de la retroalimentación. También podemos interpretarla como la ciencia que trata de la interacción del individuo (o la máquina) con el medio. Lógicamente, la cibernética tiene mucho que ver con el intercambio de información.

Una organización que interactúa con un entorno complejo requiere ser necesariamente cibernética. Todas nuestras organizaciones acostumbran a registrar información sobre el entorno. No obstante, ser una organización cibernética significa centrarse en aquellos datos que provocan un cambio en el estado de las cosas. En nuestro caso, en el estado del usuario y en el estado de la relación del usuario con nuestra sistema operativo.

11.- Sensibilidad

Una entidad cibernética comporta dotarse de una especial sensibilidad. Las organizaciones cibernéticas habrán de ser particularmente sensibles para detectar los cambios en el entorno. Lo primero que nos sugiere esta cuestión es que necesitamos sensores, esto es, medidores de la realidad.

No obstante, la sensibilidad de la que hablamos alcanza un significado mucho más profundo. No solamente necesitamos sensores sino también sistemas avanzados de tratamiento de la información, procesos, sistemas operativos y modelos organizacionales adecuados a esta forma de entender nuestra actividad. A todos estos aspectos de carácter logístico y operativo debemos añadir otro elemento esencial: la cultura. En efecto, necesitamos desarrollar en nuestras organizaciones personas dotadas de una cultura alineada con esta interpretación de la realidad, esta forma de hacer las cosas y, ante todo, comprometidas con nuestros valores. La sensibilidad es una cuestión de sistemas y de personas.

12.- Complejidad

“El crecimiento del desarrollo social depende de que las sociedades sean más grandes, más complicadas y más difíciles de gestionar”. La cita es de Ian Morris. Cuando el mundo en el que vivimos se vuelve mucho más complejo, necesitamos dotar a las personas de soluciones sencillas. Sin embargo, hacer esto comporta la paradoja de tener que desarrollar sistemas organizativamente mucho más complejos.

Los organismos complejos desarrollan propiedades emergentes. Esto significa que el organismo está dotado de unas propiedades que son más que la mera suma de las partes. De la interacción dinámica de sus partes surgen propiedades que son distintas de las de sus partes constituyentes.

Para reconocer nuestras propiedades emergentes Malik nos propone el concepto de fuente de valor (“source of value”). En nuestro caso, la fuente de valor de nuestras propiedades emergentes se encuentra en todo ese acervo de principios, valores y paradigmas que definen nuestra forma de abordar la intervención sobre las personas con discapacidad y sus familias, y producen un resultado que es mucho mayor que la suma de las especificaciones del servicio.

Hablamos de conceptos como el paradigma de los apoyos, el principio de autodirección, el paradigma de las capacidades humanas, los principios de inclusión y participación social, el modelo de calidad de vida o la planificación centrada en la persona. Son esas creencias que nos dotan de una fuerza y una convicción cuando realizamos nuestro trabajo que nos hacen ser mucho más competitivos: esto es, hacer las cosas mejor.

Puede haber quien hable de estos conceptos teóricamente, incluso quien los utilice como instrumento de marketing, pero pocas entidades las aplican de forma auténtica, y todas las que lo hacen provienen del mundo de las discapacidad o de las organizaciones de pacientes. Todo esto tiene mucho que ver con una palabra: compromiso.

13.- Universalidad

Jeremy Rifkin nos habla de la enfermedad singular. En el futuro dispondremos de una información tan asombrosamente amplia y detallada del estado de salud de cada persona que ya no hablaremos de enfermedades genéricas, sino que cada persona comportará, por así decirlo, una enfermedad en sí mismo. En realidad, lo volveremos por pasiva, y cada persona comportará una descripción de su estado de salud. Esta descripción incluirá información amplia y muy diversa, entre la que se encontrará la descripción de su genoma. La información puramente biológica se completará con otras de carácter psicosocial o medioambiental.

Consecuentemente, en el mundo digital avanzamos hacia la individualización absoluta. Esto va traer una transformación radical del sector de atención personas por el lado de la oferta, hasta ahora orientado la gestión de segmentos de mercado.

Las organizaciones sociales del mundo digital prestaremos servicios universales. Todas las personas recibirán el mismo servicio. Sin embargo, un proceso absolutamente individualizado proveerá una solución diferente a cada persona. Un mismo servicio; una solución diferente.

14.- Complementariedad

Nuestras organizaciones se comportan como sistemas disipativos. Los sistemas disipativos son organismos estructuralmente cerrados pero energéticamente abiertos. Hablamos de organismos que intercambian constantemente energía con el entorno. Así habrán de ser nuestras entidades: capaces de intercambiar energía. Como dice Peter Atkins (El dedo de Galileo), “la energía es verdaderamente la moneda de la contabilidad cósmica”.

Por lo tanto, una estructura disipativa es una entidad cooperadora. La implicación más profunda es la necesidad de desarrollar redes de colaboración para encontrar modelos donde todos intercambiemos energía y nos complementemos mutuamente.

 

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Futuro Singular 2015 en Casa de América, Madrid

Futuro Singular: El nuevo paradigma de las organizaciones sociales

¡Gracias a todos los que participaron en este evento en 2015!

El jueves 19 de noviembre de 2015 celebramos el primer evento denominado “Futuro Singular”, una jornada abierta al público donde se reunieron expertos en inteligencia artificial, telemedicina, genética molecular, ingeniería biomédica y neurociencia. Se trataron los avances en el conocimiento del cerebro y su relación con las enfermedades neurodegenerativas; las propuestas de mejoramiento humano conocidas como transhumanismo y la tecnoética; las posibilidades que ofrecen los modernos análisis genéticos, y otros temas apasionantes.

Entre otros, se contó con la participación de Javier de Felipe, neurocientífico, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y actualmente co-director del “Human Brain Project” de la Comisión Europea.

Durante el evento se pusieron en común distintos enfoques y reflexiones sobre el futuro de las organizaciones que se dedican a la atención a las personas con discapacidad y, en general, a los colectivos con necesidades especiales de apoyo.

 

El programa del evento:

http://vivelibre.es/futurosingular/pdf/Programa-Evento-Futuro-Singular-2015.pdf

Página de Facebook:

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Prohibido segmentar

segmentar

“No segmente: sí, sí, como lo lee. Sólo usted lo necesita y no su consumidor”

–Javier Rovira (Consumering)

Vivimos tiempos de cambio. Este cambio alcanza no solamente a la dimensión tecnológica de las cosas sino también a nuestra forma de ver el mundo y a nuestros valores. Sin embargo, nuestra forma de hacer las cosas sigue siendo muchas veces la misma de siempre. Esto resulta muy frecuente en el mundo del management, particularmente en el campo de los servicios de atención a personas. Todas las empresas insisten en que ofrecen una atención personalizada. Sin embargo, la industria del sector sociosanitario se encuentra más estandarizada que nunca. Los individuos son vistos muchas veces como una fracción de un segmento de mercado.

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Me pregunto si esto tiene que ver con el eterno dilema filosófico de los universales. Los humanos tendemos a reificar constructos que solamente son abstracciones de nuestra mente: recursos mentales para explicar e interpretar el mundo. Para Guillermo de Ockham todo lo que existe es individual, de lo cual se sigue que todas nuestras ideas generales no son por naturaleza ni imágenes, ni retratos, ni representaciones mentales de alguna cosa real. Intentar clasificar una realidad diversa en segmentos de población va en contra de la realidad de las cosas.

En este sentido se pronuncia Humberto Maturana, el biólogo de la escuela de Santiago: “todos los fenómenos biológicos ocurren a través de la realización individual de los seres vivos”. La especie es un constructo mental que se refiere a la colección de individuos que comparten una serie de patrones y son capaces de entrecruzamiento reproductivo. Por pura economía de lenguaje lo expresamos con una palabra. Pero lo único real es el individuo: la persona.

Podemos decirlo también desde un punto de vista matemático. Para el célebre matemático Leopold Kronecker, “Dios creó los números naturales. Todo lo demás es obra del hombre”. La Naturaleza solamente cuenta unidades; las fracciones son invenciones del hombre.

La segmentación fue un recurso útil en el mundo industrial. Se trataba de un escenario relativamente estático, lineal, estable y previsible. Contábamos con información limitada sobre la realidad de la gente. Tratábamos de encontrar así pautas comunes entre diferentes grupos. Hoy el mundo ha cambiado y ha devenido en una realidad compleja, dinámica, incierta y, ante todo, diversa. No podemos generalizar. Ya no contamos con una información reducida, sino que tenemos a nuestro alcance una cantidad de información impresionante sobre cada individuo. El ejemplo más representativo es la posibilidad de descifrar el genoma de cualquier individuo. Ya no se justifica la generalización.

Cuando se segmenta a las personas se crean diferentes categorías artificialmente definidas. De este modo despersonalizamos a nuestros clientes, reduciéndolos a la parte proporcional de un segmento de mercado. Reificamos ese segmento como si realmente fuera una realidad ontológica. Así hablamos de los mayores o los discapacitados como si esas expresiones se refirieran a una unidad homogénea.

Chico silla

Sin embargo, cada individuo es una realidad única, diversa y compleja. No podemos seguir pensando en términos de categorías. Estamos en el Siglo XXI. Disponemos de tecnología e información como no hemos dispuesto nunca. Estamos ante la posibilidad de la personalización absoluta. Podemos dejar de tratar a las personas como pedazos de una realidad homogénea que llamamos mercado para comenzar a tratarlos como seres humanos individualmente considerados, diversos y únicos.

Esta visión requiere transformar todos los modelos de negocio, los sistemas operativos y las herramientas que empleábamos hasta ahora; en suma, las viejas instituciones ya no nos valen. Tendremos que empezar por cambiar nuestra forma de ver el mundo y de entender nuestro trabajo (cultura).

En ViveLibre tenemos prohibido segmentar, categorizar, clasificar o etiquetar a las personas. Cada ViveLibre es único. Un mismo servicio; una solución diferente.

ViveLibre en mano

Qué se entiende hoy por “Diseño para Todos”

Diseño para todos

El concepto de Diseño para Todos tiene distintos orígenes. Por un lado se trata el Universal Design americano cuyo origen se atribuye a Ron Mace, si bien varios profesionales como Elaine Ostroff o Eduard Steinfeld, entre otros, desarrollaron conjuntamente sus principios. El Universal Design estaba inicialmente orientado a que las necesidades de las personas con discapacidad y de las personas mayores fueran tenidas en cuenta en la concepción de productos y servicios dirigidos al conjunto de la población.

Casi simultáneamente apareció el concepto de Inclusive Design en el Reino Unido, con objetivos muy parecidos aunque poniendo más énfasis en las personas mayores ya que uno de sus principales impulsores, Roger Coleman, lideraba el Design for Ageing Network (red de diseño para el envejecimiento).

En 1992 el diseñador Paul Hogan creó, con el apoyo de la Comisión Europea, el European Institute for Design and Disability, hoy Design for All Europe. En las jornadas paralelas a su asamblea general  celebrada en Barcelona en 1995 se tradujo al inglés su título Disseny per a Tothom (Diseño para Todas las Personas) como Design for All. Este Design for All nacía con un aspecto diferencial, más allá de diseñar[1] teniendo en cuenta las personas con discapacidad o las personas mayores, éste pretendía abordar el diseño de forma que tuviera en cuenta todos los aspectos de la diversidad humana (edad, dimensiones, aspectos culturales, capacidades, género, etc.).  Este enfoque lo siguen manteniendo tanto la Design for All Foundation como Design for All Europe si bien la Comisión Europea, en algunos de sus documentos, pone más énfasis en las personas con discapacidad y mayores.

Cuando hacia el año 2000 Japón empezó a interesarse por esta materia adoptaron el Universal Design como término aunque integraron también aspectos como la sostenibilidad y la diversidad en general. Como consecuencia de la primera conferencia en 2002 se creó la International Association for Universal  Design (IAUD). Una de las características distintivas de este movimiento en Japón es que, si bien en otras latitudes el Diseño para Todos nació a instancias de movimientos reivindicativos, de los profesionales o con el apoyo de la administración, el IAUD fue creado por la industria que entendió que era necesario dar un giro hacia un diseño más centrado en el usuario.

En 2012 varias organizaciones internacionales y nacionales acordaron firmar en Fukuoka una declaración que, más allá de las denominaciones define los objetivos comunes de Universal Design, Design for All, Inclusive Design y otras denominaciones afines.

Esta declaración que puede consultarse en societyforall.org define los objetivos actuales del Diseño para Todos.

En ella se definen los siguientes derechos:

Todas las personas deben poder acceder a cualquier entorno, producto y servicio en la mayor medida posible.

Es decir, todos los aspectos de la diversidad humana deben ser considerados en la provisión de bienes y servicios. Tanto las alergias como la orientación sexual, pasando por las dimensiones, el idioma o las capacidades intelectuales, entre otras, son aspectos que deben ser considerados en el proceso de diseño y de prestación de productos y servicios.

Como decía el Príncipe Tomohito, fundador del IAUD, nadie es 100% discapacitado y nadie está 100% sano, todos tenemos aspectos positivos y limitaciones en nuestro ser.

Si además tenemos en cuenta que nuestras características evolucionan a lo largo de nuestra vida nos damos cuenta que la mayoría de productos y servicios que tanto las empresas como el sector público ponen a nuestra disposición solo son adecuados para una pequeña minoría, mientras que los demás o bien tenemos dificultades en su uso o bien no podemos acceder a ellos.

 Las diferencias personales y colectivas deben ser respetadas.

Los derechos humanos no son un bien exclusivo de los hombres occidentales de mediana edad e ingresos suficientes. Todos y cada uno de nosotros, tanto individualmente como sintiéndonos parte de un colectivo ya sea cultural, étnico, religioso, de afectados o de defensores, tenemos derecho a ser como somos sin que nadie tenga derecho a hacernos cambiar nuestra esencia y nuestras creencias, siempre y cuando éstas no impliquen el menoscabo de las diferencias de otros.

Toda persona debe poder desarrollar su potencial personal y en la comunidad.

Nuestra vida es nuestro mayor valor y nuestro desarrollo personal implica un bien para la comunidad. Todos debemos estar agradecidos de que Stephen Hawking tuviera oportunidad de desarrollar su potencial pero, a su vez, todos debemos avergonzarnos de que a tantas mujeres se les esté vetado asumir puestos de responsabilidad.

En cualquier caso, cuando una persona recibe el apoyo necesario para desarrollarse acaba dando con alegría lo mejor de sí misma y eso nos beneficia a todos.

Los beneficios de respetar y promover estos derechos son claros.

Si todas las personas pueden acceder, el número de consumidores potenciales aumenta mientras que el número de personas insatisfechas o desatendidas disminuye.

Si las diferencias individuales y colectivas son respetadas, disminuyen el conflicto y la marginación a la vez que la pluralidad de la sociedad se enriquece.

Si todos desarrollamos nuestro potencial, tendremos una vida más plena y nuestras sociedades gozaran de un nivel mayor de desarrollo.

Para alcanzar estos beneficios es necesario poner el Design for All en práctica tanto en las administraciones como en las empresas y ya son muchas las que gozan de los resultados de su aplicación aunque sea a nivel parcial.

La clave principal para conseguirlo es incluir los requerimientos y expectativas  de todos los ciudadanos/clientes en los procesos de diseño y mejora de los productos y servicios.

Sin embargo, no siempre es posible que un único producto o servicio responda a las necesidades de todos sus usuarios potenciales. Por tanto es importante saber elegir en cada caso entre una de las siete estrategias posibles:

  • Un único producto para todos, como la puerta de unos grandes almacenes.
  • Una gama de productos con dimensiones o prestaciones distintas, como los teléfonos móviles.
  • Un producto regulable o personalizable, como una silla de oficina o un ordenador.
  • Un servicio o producto compatible con accesorios que algunos de los usuarios utilizan, como la megafonía compatible con los audífonos.
  • Un servicio complementado con elementos accesorios para personas con necesidades específicas, como los vídeos con subtítulos o los servicios de acompañamiento de los aeropuertos.
  • Un producto o servicio alternativo al convencional que ofrece prestaciones similares, como los servicios de transporte a la demanda para quien no puede utilizar el transporte público.
  • Un producto personalizado, como lo pueden ser un traje o el asesoramiento legal.

Decidir la estrategia correcta y desarrollarla correctamente dependerá de los conocimientos sobre Diseño para Todos del responsable del proyecto o de su acceso a expertos en la materia ya que, si bien es cierto que escuchar directamente a los usuarios potenciales aporta mucha información, también lo es que en no pocas ocasiones, las medidas que se han tomado para favorecer a un colectivo determinado han perjudicado a otro. Un ejemplo de ello sería el pavimento podotáctil para invidentes que se utiliza en Japón, que es incómodo tanto para mujeres que usan tacones como para usuarios de maletas con ruedas.

En cualquier caso, después de analizar las estrategias y logros de muchas empresas y administraciones, hemos llegado a definir un método que permite abordar secuencialmente el proceso de Diseño pata Todos. El método propone siete fases que en inglés coinciden con las letras que componen la palabra HUMBLES[2]:


  • Highlight Design for All Opportunities (Descubrir las oportunidades y definir los objetivos).
  • User Identification (Identificación de los usuarios).
  • Monitor Interaction (Monitorizar la interacción).
  • Breakthrough Options (Seleccionar las opciones de mejora).
  • Lay Out Solutions (Diseñar las soluciones).
  • Efficient communication (Comunicar de manera eficiente).
  • Success Evaluation (Evaluar los resultados).

La aplicación de este método ha permitido logros significativos en el ámbito de la innovación centrada en el usuario haciendo compatibles la satisfacción de los usuarios y la responsabilidad social con la mejora de los resultados económicos.

Así pues, el Diseño para Todos es actualmente una herramienta muy útil para contribuir a la satisfacción de clientes y ciudadanos considerando el respeto a la diversidad como elemento clave de la innovación responsable.

 

 


Nota 1: Debe tenerse en cuenta que la palabra “diseño” en español proviene de la palabra italiana disegnare que significa dibujar, mientras que design proviene directamente de la palabra latina designare  que significa determinar las características de algo. Así pues debemos entender el término “Diseño para Todos” como no únicamente circunscrito al ámbito de dar forma a nuevos productos si no de concebir o adecuar tanto los entornos como los productos y servicios para que den respuesta a las necesidades y expectativas de todos y cada uno de nosotros. [ Volver ]

 


Nota 2: Universal Design: the HUMBLES method for user-centred business. (2012).ARAGALL, F. MONTANA, J. Gower Publishing Limited. [ Volver ]

 


El tercer estadio

si podemos

Ylia Prigogine (premio nobel de química) nos describió en “La nueva alianza” el cambio de paradigma que supuso el formidable avance de la ciencia durante el siglo XX. La física newtoniana y el racionalismo cartesiano nos proyectaron un mundo antropocéntrico, en el que la razón humana parecía capaz de dominar el mundo. Esta presunta capacidad de dominio sobre la naturaleza creaba la ilusión de un mundo determinista, cognoscible, controlado, y por tanto estable. La inmutabilidad se constituía en un valor al alza.

Este mundo comenzó a tambalearse al ritmo de una ciencia que nos describió una realidad muy diferente. Nos movemos en el escenario de un universo en permanente cambio y transformación; una realidad imprevisible y esencialmente espontanea que no responde a postulados matemáticos deterministas, sino probabilísticos. La nueva ciencia nos trasladó de un mundo estático a uno esencialmente dinámico.

La segunda mitad del siglo XX significó el punto culminante de aquella sociedad industrial, que sobre el dominio de la física clásica y el discurso del método fue capaz de maximizar la producción de bienes y servicios mediante la acumulación de capital, las economías de escala, la estandarización de los procesos de producción y la acción sistemática de planificación y control de los factores de producción.

Ese periodo de la historia económica del hombre está llegando a su fin, como consecuencia de una formidable disrupción tecnológica. El cómo valoremos e interpretemos el impacto que la tecnología está teniendo sobre la historia de la humanidad dependerá de dos factores. En primer lugar, deberemos fijarnos en el horizonte temporal a que nos refiramos. En segundo lugar, habrá que evaluar el impacto del desarrollo tecnológico desde un punto de vista multidisciplinar y no limitarse solo al análisis de la influencia que pueda tener en la mejora de la eficiencia productiva. Ciertamente, el nuevo mundo digital está provocando un efecto formidable sobre la comunicación humana y la forma en que interactuamos. Lo hace incluso sobre la gramática misma, fundamento de lo que somos.

Este nuevo tiempo tecnológico está impactando drásticamente sobre la forma en que las personas se relacionan y se organizan, esto es, en la manera en que empatizan. En definitiva, se está desmoronando el sistema de instituciones que se asocia a la sociedad tribal. Tal es la importancia del impacto que la técnica está ejerciendo sobre la propia humanidad.

A mediados del siglo XX, Karl Jaspers lo vislumbró con notable clarividencia. Murió en 1969 y no llegó a conocer la emergencia del mundo digital. Sin embargo, supo interpretar aquellos patrones universales que anunciaban la entrada en un nuevo periodo de la humanidad como consecuencia de un avance extraordinario de la tecnología.

Para Jaspers, el hombre, tal como lo conocemos, había superado tres grandes periodos. El primero de ellos se refería a la prehistoria. La segunda se correspondía con la etapa prometeica. Tras ella llegó el periodo en el que se desarrolló la era axial, un momento de la historia en el que se forjaron todos aquellos valores y creencias que han cimentado el significado de lo que representa la humanidad misma. Jaspers identificó el fin de esta era sustentada por el pensamiento axial y su reemplazo por una nueva cuyo origen estaba en la revolución técnica. En ese caso nos encontraríamos, desde un punto de vista evolutivo, en los albores del cuarto periodo de la humanidad.

El ser humano tiende a clasificar y categorizar la realidad como mecanismo evolutivo para interpretar el mundo que le rodea. Podemos dividir la historia e interpretarla desde muchos ángulos. Ray Kurzweil lo hace desde el punto de vista de la evolución biológica y tecnológica. Kurzweil identifica seis fases y, en su opinión, la humanidad se encuentra en los albores de la quinta. Esta nueva era en la que nos adentramos no es otra que la de la singularidad tecnológica.

Para Jean Guilaine, antropólogo francés, nos encontramos viviendo actualmente el fin del Neolítico, aquel periodo de la Historia en el que se constituyeron las estructuras tribales que han dominado la organización social durante los últimos ocho mil años. Estamos entrando en el tercer estadio de la humanidad: bienvenidos al Datalítico. Desde este punto de vista, toda la época del desarrollo técnico no es otra cosa que un proceso gradual que habrá de servir de tránsito hacia una nueva concepción de la organización social y de la humanidad misma.

No importa desde qué ángulo nos propongamos interpretar el periodo de la Historia en que nos encontramos. La conclusión necesaria es que el ser humano está viviendo una profunda transformación de su constitución más esencial. Cuanto mayor sea la perspectiva temporal con la que analicemos la cuestión, más profundas serán las connotaciones que detectemos. Todo indica que aquellos que se refieren al momento actual como la Tercera Revolución Industrial se están quedando manifiestamente cortos.

De acuerdo con Ian Morris, el catedrático de Historia de Stanford, cada etapa de la humanidad encuentra el pensamiento que necesita. Desde los tiempos de Karl Jaspers venimos observando el desmoronamiento del pensamiento axial, es decir, de los cimientos que sustentaron la interpretación de nuestra propia existencia. Esta visión del mundo que guio la humanidad durante dos mil quinientos años se encuentra en crisis. Sin embargo, no ha surgido un nuevo pensamiento que pueda reemplazarlo.

Necesitamos un nuevo pensamiento que, preservando las verdades inmutables y los valores universales que identificaron al ser humano durante todo este tiempo, nos sirva para transitar por esta nueva era tecnológica y digital. Necesitamos un nuevo pensamiento que actúe como aglutinante de una sociedad incrementalmente compleja y diversa. Un pensamiento que encuentre los elementos que nos unen y nos permitan defendernos ante los estertores de los residuos tribales que, en su ocaso evolutivo, infringen un daño demoledor.

Precisamos una nueva concepción del hombre: como ser individual y como ser relacional. De otro modo, el caos está servido: el proceso será largo y doloroso.