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Racionalismo, empirismo y extremidades fantasma

Bartolomeu

Apología del racionalismo…

La epilepsia ha sido considerada históricamente la “enfermedad sagrada” por su relación con estados alterados de conciencia vinculados a una fuerte religiosidad y misticismo. En España la padecen unas 400.000 personas y muchos de nosotros hemos sido –y seremos- testigos de convulsiones epilépticas, por lo que es ciertamente recomendable tener algunas nociones básicas sobre cómo actuar frente a una de estas crisis. Afortunadamente, hoy en día tenemos una explicación científica de su origen, la cual incluye factores hereditarios, lesiones, tumores e intoxicación, entre otros. Ya no es necesario invocar un componente sobrenatural para explicar los episodios.

La enfermedad y la discapacidad no tienen un origen divino, y no son consecuencia de ningún pecado. Especialmente desde el siglo XVII, el racionalismo primó el uso de la razón frente a otras consideraciones como la superstición, el mito, la intuición, la autoridad o la fe. El avance que supuso este nuevo enfoque fue extraordinario. Paralelamente, y también como reacción al pensamiento medieval, surgió el empirismo que defiende como conocimiento válido aquel que es obtenido a partir de los sentidos.

El problema del empirismo es que sirve para demostrar casi cualquier cosa. Tenemos la experiencia de que las cosas caen hacia “abajo”, aunque ahora sabemos que “abajo” no existe; al menos, no existe de forma objetiva. “Abajo” es un concepto engañoso, o cuanto menos, subjetivo, de ámbito local. También tenemos la experiencia de que el Sol gira en torno a la Tierra, cuando sabemos que es al contrario. La teoría heliocéntrica es mejor que la geocéntrica, y esto supone una victoria del racionalismo frente al empirismo; una victoria de la razón frente a la experiencia.

… y refutación

Lo cierto es que la Tierra no gira exactamente alrededor del Sol. Ni el Sol gira alrededor de la Tierra, sino que ambos giran en torno al centro de masas, como dos patinadores sobre una pista de hielo tomados de la mano. El centro de masas del Sistema Solar está, es cierto, dentro del Sol, pero no en su centro.

Volviendo al asunto, los empiristas critican a los racionalistas diciendo que todo conocimiento, incluso el racional, proviene, en última instancia, de la experiencia. Y en mi opinión, tienen razón, ya que somos experiencia. En última instancia, todo lo que hacemos es sentir, experimentar. Si bien es cierto que las experiencias, convergentes, nos hablan de un mundo objetivo material único “ahí fuera”, de lo único que podemos estar completamente seguros es de la experiencia subjetiva. Del mundo objetivo “ahí fuera” no estamos completamente seguros, sino casi completamente seguros.

Si veo un árbol, si observo la caída del sol, o si tengo dolor en la pierna, y después hablo de esto con otros –y salvo que esté mintiendo- los demás podrán estar completamente seguros de que yo he visto un árbol, la caída del sol, y que he tenido dolor en la pierna.

Incluso aunque la pierna no exista.

Según distintos estudios, en aproximadamente un 65% de las amputaciones los individuos manifiestan seguir percibiendo el miembro perdido, refiriendo especialmente sensaciones dolorosas. No se quejan de dolor en el muñón, algo que sería comprensible: se quejan de dolor en el miembro que ya no existe. El racionalismo, y su hijo el materialismo (o el fisicalismo) se ven en serios aprietos para interpretar esto. ¿Cómo puede doler una pierna que no existe? Eso es una contradicción lógica. No parece racional.

¿Las matemáticas se inventan o se descubren?

Repasemos de nuevo el asunto. Las distintas percepciones que tenemos (y particularmente, las visuales) convergen hacia un mundo externo material determinado, objetivo, donde el agua pesa más que el aceite. Curiosamente, ocurre algo similar con las ideas platónicas, como las matemáticas, que también convergen hacia un conjunto de verdades determinado, donde la longitud de una circunferencia es igual al diámetro multiplicado por un curioso número al que llamamos Pi. Si es la convergencia de las experiencias subjetivas la que otorga credibilidad al mundo físico ¿no debería la convergencia de las ideas matemáticas otorgar credibilidad al mundo platónico de las matemáticas?

Si yo pensase que el aceite pesa más que el agua (algo intuitivo para muchas personas) o que la longitud de la circunferencia es siete veces el diámetro, estaría equivocado. En el primer caso es la experiencia (empirismo) la que puede sacarme de mi error mediante un sencillo experimento. En el segundo caso es cierto que podemos usar la experiencia y medir circunferencias, pero también podemos usar métodos deductivos, empleando la razón (racionalismo) aplicada sobre una combinación de axiomas y teoremas previos.

¿Y si la razón me dijera que las piernas que no existen no duelen, y los sentidos me dijeran que la pierna no me puede doler, porque no la veo?

Ni el racionalismo consensuado ni el empirismo consensuado pueden ganar todas las batallas. Los fenómenos culturales, la valoración de las experiencias o la percepción de uno mismo son diversos y no siempre convergentes. Cada uno de nosotros tiene un mundo interior único, y una percepción de sí mismo única, incluyendo su propio cuerpo. Apreciar o repudiar los poemas de Catulo, divertirse o aburrirse con el juego del parchís, y sentir que duele -o no- un pie “inexistente” son asuntos subjetivos, íntimos, reales, sobre los que podemos hablar y discutir -y de hecho lo hacemos- pero nunca demostraremos su invalidez ya que por su naturaleza subjetiva, son ciertos por definición.

Esta naturaleza incuestionable de la realidad subjetiva íntima de las personas es fundamental para aproximarnos a ellas cuando sufren y necesitan apoyo. Cada persona es única y vive sus experiencias de forma única. En algunos casos acertaremos sin preguntar pero en la mayoría de los casos, no. Necesitamos prestar atención y entender. Mucha gente necesita que la escuchen. Otros prefieren no hablar en ciertos momentos y valoran, simplemente, estar acompañados (y por eso las meta-preguntas como “¿Quieres hablar?” son tan valiosas, aunque sean paradójicas). Insisto: cada persona es única. Unos parecen resistir estoicamente las situaciones más duras mientras que otros parecen abatidos por trivialidades. ¿Quién sufre más? La experiencia íntima no es evidente. Por eso la comunicación y la sinceridad son tan importantes. El racionalismo y el empirismo son extraordinarias herramientas, pero a veces no son suficientes. ¿Qué es lo que puede completarlas? La empatía. Ponerse en los zapatos del otro. La clave está en la mirada con la que miramos al otro.

Démosle otra vuelta

Darle una vuelta

¿Qué aporta la “pseudociencia” frente a la ciencia? Sensación de consenso, rotundidad en sus afirmaciones, control, inmediatez… tranquilidad mal entendida.

Démosle otra vuelta, que por más que hablemos del timo de la pseudociencia, estos siguen -inexplicablemente- convenciendo incluso a gente inteligente.

El método científico es, por definición, contradictorio. Para Karl Popper, una proposición sólo puede ser científica cuando es refutable, es decir, cuando puede ser puesta en duda independientemente del nivel de certeza con el que se hayan demostrado sus conclusiones.

Los científicos pasan buena parte de su tiempo buscando errores, los errores de sus hipótesis y hasta de sus conclusiones y, desde luego, los errores de hallazgos previos ya sean históricos o contemporáneos.

Pueden parecer sus peores enemigos, pero lo hacen precisamente en nombre del rigor científico y de la certeza a expensas de la rapidez, de la inmediatez. Desgraciadamente, esto no siempre es lo que les pedimos.

Les mueve la duda, su principal impulsora. Y no es que toleren la duda mejor que el común de los mortales, más bien al contrario: si a alguien le duele dudar es al científico y de ahí su afán por establecer hipótesis y hallar conclusiones veraces. De ahí su afán por plantearse cada resultado. De ahí su afán por… ¡dudar! Lo que decía… contradictorio.

Sin embargo, no lo es tanto si lo analizamos en detalle. Son exigentes e inconformistas, no erráticos ni apresurados.

Conocen las limitaciones del saber y aceptan que lo perfecto es enemigo de lo bueno, pero de lo bueno, no de cualquier superchería.

En particular en neurociencia lo que se busca son niveles razonables de certeza, no se busca la verdad pues se sabe que la verdad puede ser subjetiva y cambiante.

Lo que un neurólogo diga podrá ser criticado por un psiquiatra, un genetista, un endocrinólogo y viceversa.

Pseudociencia

Esto no sucede con la pseudociencia. Entre estas corrientes existe consenso, se apoyan, no ponen en duda las conclusiones de otros básicamente porque no ponen en duda casi nada. Lo dan por sentado, por demostrado, y lo hacen utilizando una terminología científica que desconocen, pero hacen propia para aparentar el rigor que a ellos les falta y ahí radica su mayor crimen: son impostores de la verdad. Eso sí: impostores con facilidad para convencer, porque ellos sí nos dan lo que buscamos: sensación de consenso, de uniformidad y rapidez, inmediatez. Se aprovechan de la moda -su principal valedor y hasta ahí, perfectamente respetable- pero sobre todo de la desesperación y del miedo y esto debería -en mi modesta opinión- ser un delito cuando no se trata de una convicción propia sino del personaje lenguaraz genuino y consciente de su comportamiento fraudulento.

A lo largo de la historia hemos sido testigos de numerosas hipótesis científicas que han demostrado con el tiempo ser falsas. El propio Mesmer renunció a sus “terapias magnéticas” por ineficaces, pero ya era tarde: se montó un negocio millonario -del que él no obtuvo rédito- en torno a sus hallazgos y la moda, la desesperación de los enfermos y la impostura de los aprovechados sin escrúpulos, hicieron el resto.

Del mismo modo que no se demostró que el “mesmerismo” fuera una terapia curativa científicamente demostrada, tampoco se ha demostrado que la única finalidad de las vacunas sea el enriquecimiento de la Industria Farmacéutica. No todas las vacunas han sido descubiertas por empresas privadas. El Dr. JonasSalk salvó diez millones de vidas gracias a la vacuna contra la poliomielitis. Incontable el número de vidas cuya calidad mejoró. Nunca la patentó, porque “no se puede patentar el sol”. No me corresponde a mí defender a la Industria Farmacéutica pero no seré yo quien la demonice, pues mayores son los beneficios que como médico observo en mi actividad clínica cotidiana, que las acusaciones demostradas de fraude por parte de éstas. ¿No queremos pagar un exceso de beneficio a una empresa privada? Genial noticia para nuestros investigadores: mayor inversión en I+D+i y asunto resuelto.

No neguemos la evidencia: los libros de medicina han cambiado. Ya no vemos enfermedades que antes sí veíamos y esto es en gran medida gracias a la Medicina Preventiva, a la cloración y la fluoración del agua, a las vacunas, a la sustitución del plomo en las cañerías, a los fármacos… a los avances de la ciencia, en definitiva.

También vemos, cierto, enfermedades que antes no veíamos: incremento disparatado de la obesidad, adicciones a los videojuegos, nuevos tipos de cáncer por tóxicos de nueva aparición o uso generalizado… Pero ¿quiénes son los primeros que se percatan de estas alarmas? Un padre puede percibir un problema de un hijo, pero somos los profesionales -por ejemplo, los profesores, pero sobre todo los sanitarios- los que antes nos damos cuenta de que algo nuevo y diferente está pasando, ya sea cualitativa o cuantitativamente.

No siempre tenemos respuestas, no siempre tenemos tratamientos, ni siquiera tenemos siempre diagnósticos, pero no hacemos falsas promesas. Podemos cometer errores, como en todas las profesiones, pero nuestra profesión no parte de un error conocido. No jugamos con su desesperación, tratamos su enfermedad lo mejor que podemos y sabemos, y con las herramientas que mejor han demostrado (científicamente) su eficacia.

 

Las verdades incontestables en medicina

Batas blancas de medicina

“La base de un buen diagnóstico es una buena historia clínica y una buena exploración física”. Este era uno de los mantras que se recitaban incesantemente en la facultad de medicina. Verdad incontestable.

Más adelante me di de bruces con la realidad y escuché por primera vez que se deben contextualizar las verdades incontestables. No con esas palabras. Me lo recomendó un adjunto de urgencias en uno de mis primeros días de guardia como residente: “No pierdas el tiempo intentando que te lo cuente bien. Dile que te señale con un dedo dónde-dolor-ahora y pídele una radiografía”.

Funcionó. La radiografía, sin ser perfecta, ofreció un diagnóstico aceptable que permitió resolver la situación rápidamente. En una urgencia se dispone de poco tiempo y la verdad debe ser contextualizada, con preguntas como la siguiente: ¿de cuánto tiempo dispongo realmente?

 

“Los pacientes no se despachan, se atienden”

La anécdota pertenece a un pasado para mí remoto. En mi especialidad -la medicina familiar- aunque el tiempo también apremia, no debería hacerlo. Hace años percibí claramente que sin tiempo de calidad que dedicar a los pacientes, el trabajo como médico de familia perdía parte de su sentido. La relación con el médico es una relación de confianza, de vínculo sobre el que se construye todo lo demás. Y para ello los pacientes se atienden. No se despachan.

Pero si menciono esta anécdota es para recordar que las circunstancias son siempre cambiantes y que nuestro saber-hacer debe evolucionar con ellas. Parece obvio y de sentido común que cuando tienes menos recursos disponibles (tiempo, pruebas complementarias…) debes adaptar el protocolo a la realidad en la que te encuentras.

 

“No es lo mismo tener dos valores de tensión al mes que sesenta”

Bien, pero ¿qué ocurre cuando no tienes menos, sino más recursos a tu disposición? También en este caso es pertinente hacer evolucionar los protocolos. El seguimiento continuo de tipo domiciliario que permite la tecnología actual aporta un nuevo tipo de información con el que antes no se contaba, y esto supone adaptar las pautas de actuación clínica.

Así lo hicimos en el servicio de ViveLibre Salud, demostrándose su utilidad, por ejemplo, en el reciente caso de Isabel, de 80 años. No es lo mismo tener dos valores de frecuencia cardiaca al mes que sesenta mediciones (dos diarias), gracias a la comodidad de la aplicación. Tener más mediciones permitió detectar en Isabel bradicardias habituales secundarias al tratamiento farmacológico, ajustar este e intervenir sobre los mareos que padecía al incorporarse. Nuestra experiencia nos dice que además es una forma de reducir el riesgo de fracturas por caídas.

Mejorar la calidad de vida y prevenir complicaciones para los usuarios de ViveLibre es lo que da sentido a nuestro trabajo. Todo ello ha sido posible gracias a la estrecha colaboración entre los equipos de usuarios, ingenieros y profesionales de la salud, con contactos continuos para establecer los protocolos de atención en experiencias piloto. Y es ahora cuando recogemos los frutos. Al disponer de más información, podemos mejorar y anticipar el diagnóstico, así como afinar las prescripciones posteriores. Eso es lo que estamos haciendo: adaptándonos al nuevo contexto.

Después de esto ¿qué queda de las verdades incontestables? Mi verdad incontestable es la que apunta Pedro Laín Entralgo en su “Historia de la medicina”: la voluntad de ayuda por parte del médico, ya sea como asistencia inmediata, o como consejo a distancia, mediante un proceder técnico. Porque la medicina es ciencia pero también es en cierto modo un arte, un servicio que prestamos a los demás en el que aplicamos conocimiento que necesariamente debe estar sujeto a revisión y examen.

Dicho de otra forma: actuamos sabiendo por qué hacemos lo que hacemos, y al mismo tiempo, estando abiertos a que lo que ahora sabemos, cambie y deje de ser incontestable.

 

De la curación de la enfermedad al cuidado de la salud

Penicilina

Una bonita historia…

 

En 1916, durante la Primera Guerra Mundial, un médico militar estaba impresionado por la gran mortalidad de las heridas de metralla infectadas. Al finalizar el conflicto regresó al hospital decidido a encontrar un antiséptico capaz de batirse con la gangrena. Su nombre: Alexander Fleming.

Cuenta la leyenda que el laboratorio de Fleming estaba habitualmente desordenado y que esto resultó ser una ventaja para su descubrimiento más famoso. En septiembre de 1928 se encontraba realizando experimentos cuando al inspeccionar sus cultivos antes de destruirlos notó que cierto moho conocido como Penicillium había producido una sustancia con efectos antibacterianos. Consciente de la importancia del descubrimiento, al año siguiente publicó el hallazgo en The British Journal of Experimental Pathology, y decidió no patentarlo para facilitar la difusión del antibiótico entre la población. La reacción de la comunidad científica fue escasa, creyendo que la penicilina sólo sería útil para tratar infecciones de poca monta.

Se equivocaban. La fiebre reumática, la osteomielitis y las fiebres producidas por los estafilococos, entre otras patologías muy populares, desaparecieron prácticamente de golpe entre los años 40 y 60 gracias a la aplicación extensiva de la penicilina. La tuberculosis y la sífils también desaparecieron casi de la noche a la mañana, aunque en el caso de la tuberculosis no fue gracias a la penicilina, sino a la estreptomicina, un antibiótico descubierto con posterioridad (1943). Estos descubrimientos cambiaron la percepción de estas enfermedades hasta entonces tan comunes, precisamente porque prácticamente desaparecieron. Hoy en día apenas se habla de ellas. Todo esto provocó un enorme impacto en la esperanza de vida de la población, incrementando lógicamente el número de personas viviendo en situación de cronicidad. Tal como bromeaba Marcel Proust “La naturaleza nos ha dado enfermedades de corta duración mientras que la medicina ha perfeccionado el arte de prolongarlas”. La ironía de Proust, literalmente falsa, contiene una gran verdad.

 

Esperanza de vida en España al nacer

Gráfico de la evolución de la esperanza de vida en España, publicado por El País con datos de la Revista española de investigaciones sociológicas.

 

El descubrimiento de la penicilina es el ejemplo paradigmático de los espectaculares avances que se produjeron en medicina de mediados del siglo pasado. Tal como describe James LeFanu en “The Rise and Fall of Modern Medicine”, el auge de lo que se vino a llamar la “medicina científica” hizo que muchas enfermedades se convirtieran prácticamente en desconocidas. El descubrimiento de la penicilina es una bonita historia, una historia con final feliz. De hecho, podría emplearse perfectamente para un guion de Hollywood.

 

… donde faltan algunos personajes.

 

Sin embargo, todo gran avance positivo acostumbra a tener efectos secundarios que no son siempre beneficiosos. Thomas Dormandy lo explica en varios de los libros a los que dedicó sus últimos años antes de fallecer en febrero de 2013. Hasta hace unos 100 años, la principal preocupación de los médicos e investigadores ha sido siempre el dolor y los síntomas. Por desgracia, el extraordinario éxito de la “medicina curativa” de mediados de siglo pasado eclipsó a la hasta entonces reinante “medicina paliativa”. Debido a ello, hoy en día, el término “tratamiento sintomático” ha adquirido connotaciones negativas, como si se tratara una medicina de segunda clase.

En su revisión de la historia de la medicina, Dormandy explica que a medida que se sucedían los éxitos, los pacientes diagnosticados con “enfermedades incurables” quedaban abandonados por las élites médicas. Los más ilustres médicos no tenían mucho interés en gastar su precioso tiempo en una medicina que no podía curar. “El tratamiento sintomático era simplemente algo para entretener a los médicos” (Thomas Dormandy, “El peor de los males”).

Tal vez aquí se pueda encontrar la raíz del éxito de las terapias milagrosas y alternativas que han florecido en los últimos años: muchos médicos ven a los pacientes como maquinarias que reparar, y no como personas que sufren los reveses de una enfermedad, curable o no. Sintiéndose abandonados, los pacientes buscan por su cuenta los remedios, a veces desesperados, que pueda ofrecerles cualquiera que muestre empatía con su situación.

Afortunadamente un nuevo concepto de medicina científica está emergiendo. En este nuevo modelo, el paciente es quien está en el centro, y lo relevante no es la capacidad del médico para curar y alcanzar este éxito -siempre deseable, por supuesto- sino que se trata de alcanzar la máxima calidad de vida y la máxima salud percibida para el paciente: aquella que le permita hacer eso que él desea hacer. En esta nueva medicina, el paciente es quien decide qué es lo que le interesa, porque en definitiva es quien sufre la enfermedad, y quien está -o debería estar- en el centro de todo el proceso.

Es decir, el éxito no lo marca la curación. ¡Ojalá pudiera ser así! Ojalá todas las patologías pudieran solucionarse y pudiéramos enfocar todos los esfuerzos en curar. Pero no es así. Sabemos que hay incontables problemas de salud incurables en este momento, y el papel y la implicación del médico es fundamental para asegurar que la evolución sea la mejor posible.

En el contexto de la discapacidad existen casos de discapacidad temporal, que se dan por ejemplo tras un accidente de tráfico o una emergencia cardiovascular. Sin embargo, la mayoría de las situaciones de discapacidad son crónicas o incluso degenerativas. En muchos casos podremos proponernos, por ejemplo, una mejora cognitiva progresiva, como ocurre en los trastornos del espectro autista. En otros en cambio, como ocurre con la esclerosis múltiple, el Párkinson o el Alzheimer, un objetivo realista puede ser que el deterioro sea lo más lento posible. Pero por ahora no sería realista proponernos la curación.

Esta medicina es contextualmente más compleja y técnicamente menos espectacular que otras medicinas, y sin embargo su impacto en la calidad de vida es inmenso en los 7 millones de ciudadanos (sobre un 15% de la población española) que sufren algún tipo de enfermedad neurológica, de los cuales un millón de ellos se enfrentan a un escenario neurodegenerativo, según el informe publicado por la Neuroalianza en febrero de 2016.

En estas situaciones la familia, el entorno social y las organizaciones de apoyo basadas en la solidaridad juegan un papel fundamental, ya que al hecho de la enfermedad en sí hay que sumar el impacto psíquico, familiar, social y laboral de una situación que sabemos que no puede revertirse. Y es en estos mismos elementos donde podemos encontrar la clave para la mejora de las condiciones de vida: en la familia, en el entorno social más cercano y en los grupos de apoyo más o menos institucionales, que junto con el médico y obviamente, el propio interesado, son quienes tienen la clave para que la evolución sea la mejor posible.

Avance sí. Pero humano, por favor

Creatividad mente

Cuando hablamos de términos como «vida independiente» subrayamos lo que la tecnología nos ofrece y nos facilita para vivir libres. Digamos que la inteligencia humana,  y su capacidad de crear inteligencia artificial, salva escollos importantes y hace que muchas personas puedan tener una vida más cómoda (o menos incómoda, según cómo lo miremos).

Es evidente que el ser humano ha llegado a cotas de desarrollo tecnológico que realmente impresionan. Personalmente, creo que si llegase a conocer todos y cada uno de estos avances, mi capacidad de asombro caminaría de la mano y a la par con la cautela que me generaría.

Asombro y cautela. Estos son los dos sentimientos que albergo en mi interior cuando veo lo que somos capaces de hacer.

Dicen algunos autores que llegaremos a robotizar cualquier tarea o proceso que sea «procedimentable» y que nos salvará de esta ola tecnológica lo que nos hace propiamente humanos, aquello que no es exportable a una inteligencia artificial. Yo me pregunto qué es lo que nos hace propiamente humanos (y aquí asoman mis dudas) y qué no es exportable a una inteligencia artificial; porque la inteligencia artificial llega a tener mucho de inteligencia y también mucho de lo que consideramos “natural» en las personas.

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Cuando vi la película Her pensé que la ficción poseía, cómo no, una imaginación desbordante: un hombre solitario a punto de divorciarse que trabaja en una empresa como escritor de cartas para terceras personas, compra un nuevo sistema operativo basado en el modelo de Inteligencia Artificial, diseñado para satisfacer todas las necesidades del usuario. Para su sorpresa, se crea una relación romántica entre él y Samantha, la voz femenina de ese sistema operativo.

Al pensar en este escenario me pregunto: ¿podríamos llegar algún día a humanizar tanto la máquina que alcanzase a enamorarnos? ¿Dónde estaría ahí lo que nos hace particularmente humanos? La frontera se hace más estrecha entre el humano y la máquina.

Veo que la Inteligencia Artificial se humaniza a una velocidad trepidante pero, en paralelo a este desarrollo tecnológico, considero que debería haber un desarrollo en la forma de mirar a la persona (a cualquiera, y a todas), una capacidad propiamente humana -la de mirar con otros ojos- para que ése ser cobre el status de «persona» con la dignidad que le corresponde a su condición.
Mi inquietud aumenta conforme avanzo en un área que yo consideraba nos otorgaba auténtica singularidad: El diálogo. El pensamiento, el verbo y nuestra capacidad para investigarlo a través de la neurolingüística avanza también hasta llevarnos a relatos curiosos como el que nos encontramos en «Nunca pensé que el mejor consejo me lo daría un ‘bot’ y no mi madre
En esta historia, la protagonista piensa en acudir a alguna de las personas de confianza que la rodean para hablar de lo que le preocupa. Pero, ante la duda de si responderán como ella desea, opta por hablar con un robot quien responde de manera certera a sus expectativas.

Miss

Aquí soy consciente de que lo que imaginaba podía ser ficción, se convierte en realidad (y seguro que la supera).

Llegados a este punto no puedo evitar preguntarme, de nuevo, qué es lo que nos hace propiamente humanos. Cuáles son las cualidades que nos dan el hecho de ser persona.
Ser «humano» supone ser imperfecto, solidario con los semejantes, sujeto emocional, concebido de otro humano, con la carga genética de miles de años de humanidad. Pero estas bien estudiadas cualidades también podrían ser programables y atribuibles a una máquina creada por personas. Este escenario, no tan apocalíptico como pensamos, me lleva a diluir la frontera existente entre la «máquina y el hombre», entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana.

Y en ese «diluir fronteras» ¿podríamos llegar a confiar en la tecnología rechazando lo que nos puede salvar de nosotros mismos, lo que nos hace ser lo que somos? ¿Podemos llegar a anular nuestra esencia, depositando esa confianza máxima en la inteligencia artificial? Somos incapaces, todavía, de lanzar una mirada de igual dignidad a la otra persona ¿y ya elevamos a la categoría de «divina» lo que nosotros mismos hemos creado?

Estas preguntas me invaden al mismo tiempo que admiro la capacidad que posee el ser humano para desarrollarse. Sólo espero que seamos capaces de mantener un pie en la tierra y abrazar, con el cariño suficiente, esta parte propiamente nuestra de la que en ocasiones, percibo, queremos huir.

¿No es bonita y desafiante la complejidad? ¿Acaso no nos enriquece la diversidad? ¿No es maravilloso crecer con la visión que me abren otros ojos?

Avancemos, pues, en todo lo que nos haga la vida más fácil; pero no deseemos una vida  demasiado fácil anulando lo que nos hace maravillosamente humanos. Seamos capaces de crecer mirándonos a la cara.

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Nota al pie de página

Nube tecnología
El hombre supera infinitamente al hombre.
–Blaise Pascal

En el oscarizado guion de la película HerJoaquin Phoenix se enamora de la voz que Scarlett Johansson pone a su sistema operativo. Libros y expertos entusiastas de los diversos campos tecno-científicos, afirman que no estamos lejos de que ocurra algo así, que el desarrollo de la inteligencia artificial generará dispositivos que puedan, entre otras cosas, enamorar y enamorarse.woman-506322_960_720

Aunque parezca un chiste óntico, lo cierto es que estos avances han provocado en Corea del Sur, una sociedad más habituada que la occidental a la convivencia con la inteligencia artificial, encendidos debates en favor de la inclusión de determinados robots en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Para la revolución biomédica es en cambio la propia naturaleza del hombre la que está convirtiéndose en objeto de transformación tecnológica.

El hombre ha asumido así una responsabilidad moral de tal calibre que no sé si ha tomado el mismo grado de conciencia respecto de tan severo asunto. El poder transformador del ser humano es hoy muy superior al de cualquier otra época. Este poder tecnológico no puede caminar sin el acompañamiento de una nueva consciencia planetaria fundada en la responsabilidad.

El desarrollo de la biomedicina va camino de proporcionar la capacidad de modificar los componentes genéticos y bioquímicos del cuerpo humano en su raíz. Pronto se podrían modular actitudes y actividades humanas o manipular cuerpos y cerebros de hombres y mujeres. Y es que tomar conciencia de esto es crítico para llegar a comprender todo lo que podemos ganar y perder.dna-1020670_960_720

A este respecto, albergo la discreta sospecha de que pudiéramos estar condenándonos a un siniestro determinismo. Aunque hay quien piensa que con ello se podría curar o reconstruir al hombre, también hay preguntas dilemáticas que plantear: ¿hemos llegado a la cima de la evolución de nuestra estructura biológica y de nuestros comportamientos? ¿Es posible que dejemos de ser sujetos pasivos de nuestra milenaria evolución psico-somática para convertirnos en proactivos constructores de ella?

Todo cuanto contribuya a mejorar la vida de las personas y a paliar sus enfermedades, representa una exigencia moral insoslayable. Esto constituye la fuente de mi vocación a la que me dedico profesionalmente. Ahora bien, modificar las entrañas de la biología humana, se me antoja una hipótesis que, coincidiendo con la opinión de Francis Fukuyama, bien pudiera suponer la más loca y peligrosa idea del siglo que corre.

El pasado siglo XX produjo un progreso científico espectacular, tanto en el campo de la física como en el de la biología. En el año 2000, se anunció la secuencia completa del genoma humano, una monumental enciclopedia que atesora la incalculable riqueza de guardar las instrucciones de funcionamiento de nuestro organismo. Todo descubrimiento hecho según el método científico es una indiscutible fuente de bien para la humanidad, al margen de sus posibles aplicaciones.

El hecho de que el ser humano pueda comprender el Logos (la Razón) que rige los fenómenos de la naturaleza, confiere sentido a la idea de que ha sido creado en el interior de la matriz de esa Racionalidad infinita, lo que permite apreciar una cierta relación de simetría entre el orden del mundo y el orden de la lógica humana. Y aunque el ser humano no lo comprenda todo, ha adquirido la capacidad de explorar la naturaleza, de captar muchas de sus regularidades y extraer gran parte de su néctar.

Y como bien para la humanidad, este progreso científico ha de regirse, en todos los casos, entre las coordenadas de los principios éticos. Aunque haya quien expresa su opinión en favor de una ciencia sin vínculos éticos o legales o sin más límite que el derivado de su propio progreso, cuando se reconoce que está en juego la dignidad del ser humano, dicha opción se torna inaceptable.

En este debate es esencial articular coherentemente el principio de respeto a la dignidad humana con el de la legítima libertad de investigación. Toda alianza entre ciencia y conciencia pasa necesariamente por el reconocimiento de este principio fundamental sobre el que, por cierto, se fundan nuestras sociedades democráticas. No todo lo que es técnicamente posible es moralmente lícito. La ciencia no está desvinculada de nuestras vidas y por ello tampoco puede desvincularse de una estricta observancia de la conciencia ética.

La medicina moderna comienza a aceptar la unidad intrínseca del ser humano, una compleja red integrada en la que se mezclan subjetividad y corporeidad. Durante la modernidad, las ciencias de la vida se han aproximado al cuerpo humano desde fuera, pero mujer y hombre poseen una dimensión interior irreductible, su conciencia, que no ha sido posible explicar como resultado emergente de la evolución de la materia cerebral. La conciencia pertenece a otro orden y Pascal, como se presiente en la sencilla frase del inicio, fue siempre lúcido y muy adelantado a su tiempo…


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Las 14 condiciones para la organización social del mundo digital

Social Media

En artículos anteriores hemos puesto énfasis en el formidable incremento de la complejidad que experimenta el mundo que vivimos. Quienes gestionamos organizaciones sociales habremos de familiarizarnos con este nuevo mundo exponencialmente más complejo.

Los patrones que rigen la complejidad aplican tanto a los organismos biológicos como a los organismos sociales. Consecuentemente, si queremos comprender cómo podemos desarrollar una organización que resulte eficaz en un entorno complejo, conviene que nos fijemos en cómo la Naturaleza afronta y resuelve el hecho de la complejidad. Para el profesor Malik, las escuelas de negocio deberían enseñarnos algo más que técnicas de planificación y control o finanzas. Para interactuar con entornos complejos debemos realizar una aproximación a ciencias como la biología, la biónica o la cibernética. A la propuesta de Malik yo añadiría otros campos del saber, como la termodinámica y la teoría general de sistemas.

En la medida que profundizamos en estas materias y descubrimos cómo funcionan los organismos eficientes en la Naturaleza, podemos deducir cuáles son las condiciones que habrán de reunir las organizaciones sociales para resultar eficaces en un entorno complejo. En Vivelibre las hemos estudiado y del análisis han surgido 14 características esenciales.

1.- Evolución

Vivimos en un entorno de cambio continuo. Nuestra realidad se transforma constantemente. El crecimiento exponencial de la potencia de la tecnología está provocando una profunda transformación del mundo que vivimos. El entorno en el que nos desenvolvemos cambia de forma cada vez más rápida y más profunda.

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Necesitamos organizaciones capaces de adaptarse continuamente a un medio en permanente cambio y transformación. Ya no nos vale la mejora continua o una mera reingeniería de procesos. Los tradicionales procesos de cambio se tornan insuficientes. En muchas ocasiones se precisa una verdadera evolución en la genética de la organización, con objeto de transformar modelos industriales en organizaciones propias del mundo digital.

2.- Dinamismo

De la primera característica se deduce que necesitamos organizaciones dinámicas, capaces de moverse con agilidad. Esto comporta actuar sobre los elementos estructurales y organizativos de la institución, pero ante todo tendremos que actuar sobre los elementos más intangibles. El ser humano cuenta con una doble dimensión; es un ente biológico pero a su vez una realidad cultural. Transformar una organización diseñada para actuar en entornos estables para ser eficaz en un mundo dinámico requiere modificar nuestros procesos, pero también cultura, nuestra forma de hacer las cosas, nuestras pautas de comportamiento y nuestras creencias.

3.- Flexibilidad

Convertirnos en una organización dinámica exige altos niveles de flexibilidad. Por flexibilidad entendemos lo que siempre hemos interpretado como tal en el mundo del management, esto es, la capacidad de adaptarnos a los requerimientos del cliente, diseñando soluciones a la medida de sus particulares necesidades.

No obstante, en el momento que vivimos actualmente, el concepto de flexibilidad alcanza también una segunda dimensión, en tanto en cuanto habremos de ser flexibles en nuestra capacidad de adaptarnos a las nuevas exigencias del nuevo mundo digital que se transforma continuamente.

4.- Capacidad de aprender (y de desaprender)

Evolucionar, esto es, mutar, comporta hacer las cosas de otra manera, y requiere cambios en nuestra cultura. Asimismo, es preciso hacer esto de forma muy rápida. Necesitamos por tanto organizaciones capaces de aprender muy rápidamente.images

No obstante, no podemos pasar de ser una organización de la sociedad industrial a convertirnos en una organización del mundo digital si no dejamos de hacer algunas (o muchas) cosas de las que hacíamos antes. Tenemos que dejar de hacer las cosas como las hacíamos antes. Consecuentemente tenemos que provocar un cambio en nuestras creencias, nuestros apriorismos y nuestros prejuicios. En definitiva, tenemos que cambiar nuestra visión de la realidad en lo que al trabajo se refiere. No solamente tenemos que aprender cosas nuevas, sino que es un requisito previo desarrollar la capacidad de desaprender.

5.- Creatividad

Como diría el científico húngaro Ervin Laszlo, el cosmos es un lugar esencialmente creativo. La vida es un acto continuo de creatividad. Tanto evolucionar como aprender, esto es, transformarse, comporta altas dosis de creatividad. Las organizaciones que pretendan sobrevivir habrán de ser altamente creativas.

6.- Tamaño

La necesidad de alcanzar el dimensionamiento adecuado es un axioma básico en la gestión empresarial. Hoy más que nunca es un elemento que debemos mantener presente. Sin embargo, el tamaño tiene hoy un significado profundamente distinto.

En el mundo industrial que hoy recesa nos movíamos conforme a un paradigma que potenciaba las economías de escala; hablar de tamaño llevaba implícito hablar de grandes volúmenes. Sin embargo, cuando hoy hablamos de tamaño nos referimos a lo contrario. Una organización dinámica, flexible, creativa y con alta capacidad de respuesta ante los cambios del entorno habrá de ser necesariamente pequeña. Como dijera el célebre López de Arriortúa todavía en el siglo pasado: “en el Siglo XXI el pez rápido se comerá al pez lento”.

7.- Recursividad

Una entidad pequeña habrá de tener por naturaleza una capacidad limitada de dar respuesta a las necesidades de la gente. Necesitaremos por tanto encontrar el modo de escalar la acción reproduciéndola muchas veces, de modo que lleguemos a todas las personas que nos necesitan.

Para ello, desarrollaremos una nueva cualidad: la recursividad. De este modo seremos capaces de replicar los mismos modos organizativos, los mismos procesos, pautas de intervención, paradigmas y principios que dan lugar a una forma única de entender la intervención sobre las personas con necesidades especiales de apoyo y sus familias. Imitando a la Naturaleza, crearemos una realidad holográfica, creciendo en círculos concéntricos y conformando una realidad que se reconoce a sí misma.

8.- Identidad

Surge por tanto como consecuencia de la anterior una nueva característica esencial a la que llamamos identidad. Nuestras organizaciones deben estar dotadas de una identidad fuerte. Las señas de identidad son mucho más que un ejercicio de marketing o de comunicación. Nuestra identidad se configura a través de una forma única de hacer las cosas que surge de nuestra verdadera fuente de valor: nuestros principios.Fingerprint_picture.svg

La sociedad debe ser capaz de identificarnos de una forma clara por el valor que aportamos a las familias y por el papel que nuestra entidad juega en la sociedad o, en su caso, en el mercado.

9.- Autenticidad

La derivada lógica de la anterior se llama autenticidad. Hoy en día la sociedad cuenta con un ejército de expertos en marketing y comunicación. Normalmente, todos reproducen los mismos clichés, se expresan conforme a los mismos patrones y utilizan las mismas muletillas. Da igual si prestan servicios sociosanitarios o venden refrescos: todos producen calidad de vida y quieren hacerte feliz.

De este modo, el lenguaje se vacía de contenido. Las palabras pierden su significado. Como dijera Confucio, cuando las palabras pierden su significado las personas pierden su libertad.

Nuestras organizaciones deben ser auténticas. No debemos dejarnos llevar por el “mainstream” de la comunicación o por lo generalmente aceptado. Debemos hacer aquello en lo que creemos y comunicar lo que pensamos. Si es preciso seremos disruptivos, pero nunca caeremos en la trivialidad.

10.- Cibernética

La cibernética fue desarrollada fundamentalmente por Norbert Wiener a mediados del pasado siglo XX. La cibernética es la ciencia de la retroalimentación. También podemos interpretarla como la ciencia que trata de la interacción del individuo (o la máquina) con el medio. Lógicamente, la cibernética tiene mucho que ver con el intercambio de información.

Una organización que interactúa con un entorno complejo requiere ser necesariamente cibernética. Todas nuestras organizaciones acostumbran a registrar información sobre el entorno. No obstante, ser una organización cibernética significa centrarse en aquellos datos que provocan un cambio en el estado de las cosas. En nuestro caso, en el estado del usuario y en el estado de la relación del usuario con nuestra sistema operativo.

11.- Sensibilidad

Una entidad cibernética comporta dotarse de una especial sensibilidad. Las organizaciones cibernéticas habrán de ser particularmente sensibles para detectar los cambios en el entorno. Lo primero que nos sugiere esta cuestión es que necesitamos sensores, esto es, medidores de la realidad.

No obstante, la sensibilidad de la que hablamos alcanza un significado mucho más profundo. No solamente necesitamos sensores sino también sistemas avanzados de tratamiento de la información, procesos, sistemas operativos y modelos organizacionales adecuados a esta forma de entender nuestra actividad. A todos estos aspectos de carácter logístico y operativo debemos añadir otro elemento esencial: la cultura. En efecto, necesitamos desarrollar en nuestras organizaciones personas dotadas de una cultura alineada con esta interpretación de la realidad, esta forma de hacer las cosas y, ante todo, comprometidas con nuestros valores. La sensibilidad es una cuestión de sistemas y de personas.

12.- Complejidad

“El crecimiento del desarrollo social depende de que las sociedades sean más grandes, más complicadas y más difíciles de gestionar”. La cita es de Ian Morris. Cuando el mundo en el que vivimos se vuelve mucho más complejo, necesitamos dotar a las personas de soluciones sencillas. Sin embargo, hacer esto comporta la paradoja de tener que desarrollar sistemas organizativamente mucho más complejos.

Los organismos complejos desarrollan propiedades emergentes. Esto significa que el organismo está dotado de unas propiedades que son más que la mera suma de las partes. De la interacción dinámica de sus partes surgen propiedades que son distintas de las de sus partes constituyentes.

Para reconocer nuestras propiedades emergentes Malik nos propone el concepto de fuente de valor (“source of value”). En nuestro caso, la fuente de valor de nuestras propiedades emergentes se encuentra en todo ese acervo de principios, valores y paradigmas que definen nuestra forma de abordar la intervención sobre las personas con discapacidad y sus familias, y producen un resultado que es mucho mayor que la suma de las especificaciones del servicio.

Hablamos de conceptos como el paradigma de los apoyos, el principio de autodirección, el paradigma de las capacidades humanas, los principios de inclusión y participación social, el modelo de calidad de vida o la planificación centrada en la persona. Son esas creencias que nos dotan de una fuerza y una convicción cuando realizamos nuestro trabajo que nos hacen ser mucho más competitivos: esto es, hacer las cosas mejor.

Puede haber quien hable de estos conceptos teóricamente, incluso quien los utilice como instrumento de marketing, pero pocas entidades las aplican de forma auténtica, y todas las que lo hacen provienen del mundo de las discapacidad o de las organizaciones de pacientes. Todo esto tiene mucho que ver con una palabra: compromiso.

13.- Universalidad

Jeremy Rifkin nos habla de la enfermedad singular. En el futuro dispondremos de una información tan asombrosamente amplia y detallada del estado de salud de cada persona que ya no hablaremos de enfermedades genéricas, sino que cada persona comportará, por así decirlo, una enfermedad en sí mismo. En realidad, lo volveremos por pasiva, y cada persona comportará una descripción de su estado de salud. Esta descripción incluirá información amplia y muy diversa, entre la que se encontrará la descripción de su genoma. La información puramente biológica se completará con otras de carácter psicosocial o medioambiental.

Consecuentemente, en el mundo digital avanzamos hacia la individualización absoluta. Esto va traer una transformación radical del sector de atención personas por el lado de la oferta, hasta ahora orientado la gestión de segmentos de mercado.

Las organizaciones sociales del mundo digital prestaremos servicios universales. Todas las personas recibirán el mismo servicio. Sin embargo, un proceso absolutamente individualizado proveerá una solución diferente a cada persona. Un mismo servicio; una solución diferente.

14.- Complementariedad

Nuestras organizaciones se comportan como sistemas disipativos. Los sistemas disipativos son organismos estructuralmente cerrados pero energéticamente abiertos. Hablamos de organismos que intercambian constantemente energía con el entorno. Así habrán de ser nuestras entidades: capaces de intercambiar energía. Como dice Peter Atkins (El dedo de Galileo), “la energía es verdaderamente la moneda de la contabilidad cósmica”.

Por lo tanto, una estructura disipativa es una entidad cooperadora. La implicación más profunda es la necesidad de desarrollar redes de colaboración para encontrar modelos donde todos intercambiemos energía y nos complementemos mutuamente.

 

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¡Llegan los bio-hackers!

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En 1967 unos jovencísimos Steve Jobs y Steve Wozniak trabajaban duramente en un garaje de Palo Alto, California, para ensamblar el primer Mac con sus propias manos.

La historia romántica del “geek” en su garaje creando de manera artesanal un producto informático que finalmente se convierte en una empresa de millones de dólares y hace realidad el sueño americano que ha inspirado a creativos, guionistas y emprendedores de todo el mundo.  Sin embargo, el nuevo modelo de geek ya no ensamblará placas base ni transformará horas de sueño y cafeína en código informático, sino que se dedicará a cortar y pegar genes.

Desde que en 2001 se publicó el mapa provisional de genoma humano, el precio y tiempo que conlleva secuenciar el genoma de una persona se ha reducido considerablemente. Todo ello es posible gracias a la democratización acelerada de las tecnologías de la información que se producido en los últimos años.

Técnicas como la reacción en cadena de la polimerasa o PCR las cuales eran muy costosas y tediosas, han pasado a estar presentes en cualquier laboratorio y, más recientemente, pueden estar disponibles en cualquiera de nuestros hogares.

Gracias al potencial y sencillez de técnicas como la conocida CRISPR/Cas9 que permite la edición de fragmentos de ADN con una precisión antes nunca vista, varios grupos de científicos amateurs o bio-hackers sin conocimientos previos sobre biología molecular se han animado a desarrollar sus propias ediciones genéticas en casa.

Así por ejemplo, una comunidad no experta de usuarios se ha lanzado a conseguir que las levaduras produzcan caseína (la principal proteína de la leche), con el fin de obtener un queso vegano.

Vivimos una época de total disrupción tecnológica en prácticamente todas las disciplinas (neurofisiología, genética, inteligencia artificial…). La fusión de tecnologías como la impresión 3D o la ingeniería de tejidos, van a ayudar a fabricar órganos de remplazo que mejorarán la calidad de vida de los pacientes y su autonomía personal.

Sin embargo, tales avances nunca están exentos de polémica y los expertos ya alertan sobre la necesidad de un control sobre estas tecnologías. Una vez que se superen las posibles trabas legales para el desarrollo tecnológico y científico, no hay duda que este tipo de avances ayudarán a la democratización de las nuevas tecnologías, haciéndolas accesibles a todo el mundo y permitiendo el desarrollo de soluciones de apoyo más personalizadas e inteligentes.

Quién sabe… Quizás el próximo “Steve Jobs” esté ahora mismo imprimiendo un páncreas artificial   genéticamente modificado ¡en su garaje!

Evolución y cuántica

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El científico Timothy Lenton ha dado pruebas de que la evolución depende mucho más de la interacción entre las especies que de la interacción entre individuos de la misma especie, así que la evolución se convierte más en una cuestión de supervivencia de los grupos más adaptables, que de los grupos más adaptados.

Lepton, de esta forma, suscribiría la hipótesis sobre Gaia de James Lovelock, que sostiene que el planeta Tierra con todas sus especies conforma un organismo vivo e interactivo.

Sería, también, el razonamiento ecológico basado en la conjunción de distintas disciplinas científicas bajo la idea de considerar a la naturaleza como un todo, como un organismo, es decir, un mismo cuerpo con un mismo hálito vital.

Por mi parte, todo lo que he formulado sobre el “homúnculo cuántico”, la libertad del ser vivo y el mismo “apunte sobre la consciencia” conduce a una profunda revalorización de la “consciencia animal”, como emergencia de una nueva cualidad, que es la misma que alienta en nosotros. Habrá diferencias cuantitativas, pero cualitativamente todo ser vivo encierra en sí mismo un germen de libertad, voluntad, deseo y por ende de sensibilidad.

En cuanto aval de la supuesta conexión cuántica de la vida, me hago eco de dos recientes descubrimientos.

En primer lugar, la revista del MIT, Technology Review, refleja en un artículo que los procesos de entrelazamiento cuántico podrían explicar la forma en que los pájaros se orientan en vuelo utilizando el campo magnético de la Tierra.

Un equipo dirigido por el Dr. Vladko Vedral, de la Universidad de Oxford, ha aportado varios elementos que completan y precisan los evocados con anterioridad por el Dr. Yannis Kominis, de la Universidad de Creta.

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En su opinión, los pájaros disponen de moléculas detrás de sus ojos, sobre la retina, que son sensibles tanto a los fotones de luz que reciben por el ojo, como al campo magnético terrestre. Cuando tales moléculas absorben un fotón, se genera un par de electrones “entrelazados”, de los que uno de ellos se transfiere a la otra parte de la molécula. En ausencia del campo magnético, la pareja de electrones entrelazados se unen restituyendo al electrón en su estado inicial. Mas el campo magnético puede modificar el spin de uno de tales electrones entrelazados, permitiendo a los dos recolocarse en un estado diferente. La molécula, pues, adopta entonces un nuevo estado que el pájaro puede percibir.

El estado de entrelazamiento podría ser mantenido “antes de la decoherencia” durante unos 100 microsegundos (mientras que en los experimentos físicos que se realizan en el laboratorio el estado de entrelazamiento no dura más de 80 microsegundos).

La utilización de fenómenos de entrelazamiento cuántico en los procesos de magnetorrecepción biológica estudiados, son sólo un subproducto de tales procesos, no su verdadera esencia. Es como si el organismo biológico, en su evolución, se hubiera aprovechado de esta propiedad cuántica que se encontraba disponible… Esto abre un horizonte fabuloso de investigación, pues es fácil suponer que tales entrelazamientos cuánticos podrían estar subyaciendo en el funcionamiento de células, cerebro y cuerpo.

El segundo descubrimiento hace referencia a la sugerencia y después confirmación de que el formidable proceso fotosintético es también un proceso cuántico.

Así lo puso en claro un estudio realizado por investigadores del Departamento de Energía del Lawrence Berkeley National Laboratory.

 

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Como sabemos, la fotosíntesis consiste en una serie de procesos por los que las plantas y cianobacterias captan energía luminosa, transfiriéndola a los centros de las reacciones moleculares, convirtiéndola en energía química de forma casi instantánea y con una eficiencia de prácticamente el 100%.

Y es que obtuvieron evidencias directas de que la “coherencia cuántica” electrónica ondulatoria juega un importante papel en tal proceso de transferencia energética.

Según el primer responsable de la investigación, Graham Fleming, las características ondulatorias del fenómeno de coherencia cuántica podrían explicar la gran eficiencia de la fotosíntesis, al poderse probar simultáneamente todos los “caminos” o posibles vías de energía potencial antes de elegir el más eficiente de ellos.

El equipo de Fleming consiguió detectar, por medio de mediciones electrónicas espectroscópicas a una escala de femtosegundos (un femtosegundo es la milbillonésima parte del segundo), señales cuánticas u oscilaciones electrónicas coherentes, tanto en moléculas donantes como receptoras, generadas por excitaciones energéticas inducidas por la luz. Y tales oscilaciones se encuentran y se interfieren, formando movimientos ondulantes de energía (superposición) que exploran todas las vías de energía potenciales de manera simultánea y reversible, eligiendo las de mayor eficiencia energética.

Esta investigación ha sido posible gracias al desarrollo de una técnica denominada “espectroscopia electrónica de dos dimensiones”, que permite observar el flujo de excitación energética provocada por la luz en complejos moleculares y con una asombrosa resolución temporal.

Estos experimentos han demostrado que los procesos de transferencia energética implican una coherencia electrónica mucho más intensa de lo que se esperaba, lo que significa que tal proceso es mucho más eficiente de lo que clásicamente se imaginaba.

 

 

 

 

Ciencia y creencia – El factor cooperación en la evolución

Foto ciencia estrellas

“¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?” 

–Chico Marx en “Sopa de ganso”

 

Me interesan las ideas. Mucho. Las examino, las desarrollo y las combino. También las pulo y las recorto. Idea es cada una de las frases de este artículo, que ha llegado a tener tres veces su longitud actual. Estoy convencido de que el método científico se basa en desarrollar ideas con libertad, honestidad y escepticismo. La falsabilidad de Karl Popper es entre otras cosas, una actitud.

Ahora les contaré un secreto: defiendo ideas, pero no las ataco en público. O si lo hago, será de la forma más discreta posible.

Un momento: si me gustan las ideas, es lógico defenderlas, argumentarlas y mejorarlas, pero ¿quién ha hablado de atacarlas? Ocurre que aún más que las ideas, me gusta la verdad, y ese es precisamente el objetivo de la ciencia: descubrir la verdad. O más bien, caminar hacia ella. Lamentablemente, se confunde una y otra vez el hecho de atacar y defender ideas, con el hecho de atacar y defender personas.

Dejémoslo claro de una vez. El buen científico no critica personas: critica ideas, y eso es bueno. Y cuando el buen científico ataca a las ideas mediante pruebas o razonamientos, de ninguna forma estará tratando de hacer callar las voces discordantes, sino todo lo contrario. La fortaleza de la ciencia se basa precisamente en la tensión entre ideas diferentes. Deben existir siempre esas voces diferentes, y como en la cita de Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Sin embargo, una y otra vez se confunde el ataque a las ideas con el ataque a las personas. Las teorías no sólo se ponen a prueba en el laboratorio: también deben hacerlo en un contexto de divulgación. Y frecuentemente las personas son mucho más difíciles de “convencer” que los “hechos” materiales y los teoremas previos.

Otras veces ocurre lo contrario: si eres capaz de convencer a las personas, ya no hace falta convencer a los hechos.

Hay científicos que se obsesionan con una única teoría, y dedican años o incluso toda su vida a demostrarla y tratar convencer a los demás. No debería sorprendernos. Es perfectamente humano encariñarnos de unas ideas más que de otras, e incluso es útil para la ciencia, ya que cuando los científicos toman partido por una u otra idea, la defienden y la desarrollan apasionadamente, dedicándole toda su energía.

Sin embargo, no todos los científicos son así. Es más, en mi caso he comprobado que es posible desarrollar apasionadamente una teoría, y también la contraria, porque lo que realmente se está desarrollando apasionadamente es un tema de investigación.

En medio de un debate, cuando alguien me pregunta “¿Y tú qué crees?” o dice: “He leído tu artículo. En resumen entonces, ¿cuál es la teoría que tú defiendes?” tengo la sensación de que hablamos lenguajes diferentes, y que en realidad me están preguntando acerca de cuál es mi equipo de fútbol, cuando yo NO TENGO EQUIPO DE FÚTBOL.

Me explicaré. Por supuesto que creo ciertas cosas y, con creer, me refiero a que estoy muy seguro de ellas, algunas con más o menos probabilidad, pero todas con probabilidad muy alta.Foto pez

Creo que la evolución está produciendo incrementos de complejidad. No creo que haya una tetera de porcelana china orbitando alrededor de Marte. Creo que los mamíferos sienten con una intensidad igual a la de nosotros los humanos. Y creo que los peces también sienten dolor.

Para mí estas afirmaciones son tan obvias que me resulta algo excéntrico debatir sobre ellas.

Hay otras que en mi opinión están menos claras. Por ejemplo ¿debemos contener el gasto público o realizar inversiones para mejorar la situación económica? ¿Será el bitcoin la moneda del futuro? ¿Los moluscos son seres sintientes como nosotros? ¿Es más efectivo tratar de abolir la esclavitud que sufren los animales defendiendo la revolucionaria idea de que son personas, o en cambio debemos tratar de mejorar sus condiciones gradualmente?

Los enfrentamientos entre teorías de este tipo han sido notorios y creo que deberían sonrojarnos. He observado esta situación en Inteligencia Artificial, donde se debatía acaloradamente sobre los enfoques bottom-up y top-down para la creación de inteligencia. En lingüística acerca de la existencia o no de conocimiento innato, y en evolución acerca de la selección de grupos, o de la bondad o maldad intrínseca de los seres vivos y de la dirección de la evolución.

Este ha sido siempre uno de los temas más polémicos: ¿nos está llevando la naturaleza hacia una sociedad más cooperativa, o hacia una más despiadadamente competitiva?

Para unos, la selección natural ha fomentado el egoísmo y para otros, lo que provoca es el altruismo. Parece como si hubiera que tomar partido y no es así. En primer lugar, porque no se trata de elegir cuál de las dos opciones nos gusta más y tratar de convencer a los demás de ello. Esto me parece una actitud muy poco científica. Y en segundo lugar, porque existe una tercera opción.

La competición que se da en la naturaleza también se produce en el mundo de las ideas. Existe una fuerza conservadora, egoísta, que busca una convergencia rápida hacia una solución. La opuesta es la fuerza innovadora, altruista, que trata de explotar más a fondo el espacio de búsqueda. Ambas tendencias son útiles, deseables y contradictorias, por lo que se llega a un compromiso: la cooperación.

Es obvio que si defraudamos al prójimo, obtendremos un beneficio a corto plazo. Pero si alguien todavía duda del éxito de la cooperación, debe explicarme cómo ha sido posible construir una tostadora. Prácticamente todo lo que vemos a nuestro alrededor es obra de la cooperación humana.

La disyuntiva entre egoísmo y altruismo es similar a la que existe entre recoger beneficios y seguir apostando. Recoger beneficios está bien, pero no permite progresar más que hasta cierto punto. Si queremos más, debemos arriesgarnos a probar cosas nuevas.

¿Y quiénes están decididos a probar cosas nuevas? Aquellos a quienes el entorno les supone un reto. Los peces bien adaptados y exitosos no necesitaban ser anfibios ni mucho menos reptiles. Si un animal obtuvo ventajas fuera del agua es porque tenía problemas dentro de ella. Los adaptados son conservadores. Los que viven en un mundo incierto, en cambio, necesitan innovar para sobrevivir. La evolución por tanto es la línea del camino marcado por los inadaptados. El futuro viene de su mano.