El futuro del trabajo: liberación o servidumbre

Chefs

Desde los anales más remotos de nuestro devenir histórico el trabajo ha formado parte de todo aquello que nos causa pesadumbre, desasosiego y tribulación… casi siempre. Casi siempre, pero no de manera universal ni con la misma intensidad en las diversas etapas de la más reciente evolución humana. Porque el trabajo puede ser una servidumbre, pero también una liberación. Algo que realizamos por obligación, y sin mayor sentido intrínseco, o bien una acción continuada en el tiempo en un campo de actividad que nos ilusiona y nos realiza. Algo que, en este mundo globalizado y crecientemente tecnificado, va a transformarse de manera radical, hasta el punto de poder llegar a ser causa de una inmensa liberación o de una servidumbre de imprevistas consecuencias. En este breve artículo intentaré esbozar algunos argumentos de una tesis que considero plausible: el trabajo humano, creativo y colaborativo, podrá ser una fuente universal de realización y reconocimiento, si somos capaces de conjugar las tecnologías más avanzadas con crecientes cotas de libertad individual y una avanzada cultura del bien común.

Hombre

Resuena en nuestra memoria colectiva la sentencia bíblica del “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Algo muy distinto a la previa experiencia paradisíaca de vivir sin pensar en trabajar para sobrevivir. Pero no es hacia ese ancestral pasado, hacia esa primera gran crisis de humanidad, cuando el sedentarismo y la agricultura revolucionaron las sociedades humanas, donde pretendería viajar. Creo que nos podemos acercar más en el tiempo para ojear grosso modo el siglo XX, en cierta manera el siglo de la eclosión del trabajo como institución clave del progreso económico y social acontecido en la última centuria.

Allá por el ya lejano, pero reconocible, 1958, Hannah Arendt actualizaba la reflexión aristotélica sobre la vida activa de la condición humana, y diferenciaba el trabajo de la obra y la acción. Según ella el trabajo sería aquello que nos permite atender nuestras necesidades vitales, la obra consistiría en todo aquello que nos permite dejar, como individuos concretos, una impronta, un legado, que nos trasciende y aporta algo valioso a nuestros seres queridos o al conjunto de la Humanidad, y la acción se reservaría a la relación entre los seres humanos, a la pluralidad infinita de relaciones que pueden producirse entre los seres humanos que habitan la Tierra.

Sin entrar en complejos detalles la citada autora vincula la capacidad de realizar estos tres tipos de actividad humana –trabajo, obra y acción- con la posibilidad de un continuado progreso que nos aleje de la servidumbre. Incluso de una servidumbre insospechada: la que podemos adquirir respecto los artificios que somos capaces de crear y, aún más paradójica, aquella que acontece por causa de un crecimiento exponencial de conocimientos que dejamos de hilvanar en un conjunto coherente. Trabajo, obra y acción que requieren, además de conocimientos expertos, de otras capacidades básicas como el pensamiento crítico, la creatividad, las cualidades relacionales y una ética del sentido. Quizás la clave de todo ello: una ética que, naciendo de nuestra propia elaboración individual, sea capaz de aunar voluntades para crear aquello que favorece mejor el bien común, la vida de las personas y del planeta.

Así pues, en lugar de la vieja utopía de liberarnos del trabajo –y por ende, si observamos los comportamientos sociales más habituales, de la obra y de la acción-, creo que hemos de reivindicar la posibilidad de transformar el trabajo de tal manera que el mismo devenga liberador y realizador. Un nuevo concepto de trabajo que, más allá de garantizarnos el sustento, nos abra las puertas para una vida buena en la que podamos crear y compartir bienes valiosos para el goce y el desarrollo humano.

Hackathon

Con todo ello, aterrizando en nuestra época contemporánea, es interesante observar que esa transformación se está produciendo de manera acelerada. En gran medida por la creciente automatización y robotización de múltiples campos de la actividad laboral, pero también por la obsolescencia, cada vez más hiriente, de nuestros conocimientos expertos y habilidades profesionales. Un cambio radical, que gracias al éxito tecnológico, se acerca a un cruce de caminos dónde las opciones serán “menos trabajo para menos personas” o bien “un mejor trabajo al alcance de todas las personas”. Estoy convencido que nuestra mejor elección, que no más fácil, es escoger el segundo camino. Y para ello entiendo que necesitamos avanzar en tres grandes campos:

a) Una “economía del bien común”, al estilo de lo que propugna Christian Felber, o una “prosperidad sin crecimiento”, como nos plantea Tim Jackson. Ambos claros partidarios de sustentar esa nueva economía en los valores de la cooperación y la utilidad efectiva para la vida de las personas y del planeta.
b) La mejora de la calidad del empleo en las diversas dimensiones que, a mi modo de ver, acertadamente postula la Unión Europea. Dimensiones de calidad en el empleo que podemos ver de manera panorámica en el enfoque múltiple que nos proponen Mathilde Guergoat-Larivière y Olivier Marchand, entre las cuales son destacables la educación y formación a lo largo de toda la vida profesional, la salud laboral, la diversidad y no discriminación y la propia calidad organizativa de las empresas.
c) El avance científico y tecnológico. Pero no cualquier avance científico y tecnológico, sino aquel que, como nos exponía Ignacio Aizpún en anteriores artículos del Blog de Vive Libre, sea capaz de fundamentarse en una renovada cultura humanista que valore, antes que nada, la dignidad y la libertad de los seres humanos, de todos y cada uno de los seres humanos que habitan este frágil planeta Tierra.

Enfermera

Y si queremos, honestamente, hacer realidad ese sueño de un trabajo digno y de calidad al alcance de todas las personas, no tenemos otra opción que “trabajar en ello”, pero trabajando desde la obra y desde la acción, desde la reflexión, el debate y la búsqueda de las mejores alternativas para esta loable causa. Una causa que no podemos delegar ni obviar, una causa que cada persona, en función de sus capacidades y posibilidades, ha de intentar emprender. Porque, como nos recordaría John Stuart Mill, en su célebre obra sobre la libertad: “el valor de un Estado, a la larga, siempre será el valor de los individuos que lo forman.” Un valor que solo florecerá si el desarrollo humano se orienta a cultivar los campos de la libertad y el respeto.

Que el trabajo del futuro sea una liberación, dependerá de la calidad de nuestras ideas, de nuestros valores y, sobre todo, de nuestra capacidad para conversar, dialogar y encontrar soluciones compartidas.

4 comentarios
  1. Felipe Calderero
    Felipe Calderero Dice:

    Totalmente de acuerdo con tu reflexión, Víctor. Leyendo el artículo se me plantea una duda desde una perspectiva práctica. Entiendo que algunos países podrían tomar la iniciativa y empezar a dar a pasos hacia ese nuevo modelo de “trabajo”. Sin embargo, me pregunto si podrían seguir siendo competitivos y relevantes en una economía global e hiper-conectada como la actual. ¿Crees que sería posible la convivencia del modelo de trabajo “antiguo” y del “nuevo” simultáneamente? ¿Podría el nuevo modelo imponerse sobre el viejo a corto plazo? La única opción que se me ocurre para conseguir este propósito sería un elevado nivel de conciencia y responsabilidad de la población de las zonas que opten por el nuevo paradigma. Pero esta acción iría en la dirección opuesta de la inercia globalizadora y de mercado libre que impera hoy en día. ¿Ves alguna solución o alternativa posible a esta paradoja que se plantea para la adopción del nuevo modelo en un tiempo breve? ¿O estamos forzosamente condenados a una convergencia lenta y global, sujeta a ciclos y fluctuaciones imprevisibles?

    Responder
  2. Iker
    Iker Dice:

    Joaquim: dices que la clave está en los valores pero ¿cuáles son esos valores? ¿Y en qué orden? Te doy una pista. Un valor puede ser la BELLEZA. Las cosas hermosas son valiosas. Por ejemplo, un compositor puede encerrarse en su habitación componiendo las más bellas sinfonías mientras desprecia e ignora a su mujer e hijos necesitados que reclaman su atención. Otro valor puede ser la VIRTUD. La virtud es apreciada, como la virtud de quien envía 10.000 euros para las víctimas de un terremoto sin prestar mucha atención en quién lo recibe. El acto virtuoso se produce, pero el donante no comprueba el destino del dinero, que se pierde por el camino en manos de intermediarios sin escrúpulos. Otro valor es el CONOCIMIENTO, como el de los norteamericanos que para aprender sobre la sífilis experimentaron en Guatemala con seres humanos [ http://elpais.com/diario/2011/03/26/sociedad/1301094003_850215.html ]. Otro valor es la SINCERIDAD, como la de quien, cuando se le pregunta “mira el bebé, ¿a que es muy guapo?” responde sinceramente -No. No es guapo. Me parece feo como un pie. Se habla mucho de valores pero ¿cuáles son los valores realmente importantes? ¿Belleza? ¿Virtud? ¿Conocimiento? ¿Sinceridad? ¿Cuál es su jerarquía?

    Responder
  3. Joaquim Aiguabella
    Joaquim Aiguabella Dice:

    Gracias Victor. Estoy muy de acuerdo con tu articulo. La clave esta, tal como dices al final del artículo en nuestros valores y en la capacidad y voluntad de cooperar con los demás para encontrar soluciones compartidas, venciendo el miedo y superando nuestro egoísmo.

    Responder
  4. Iker
    Iker Dice:

    ¿Por que el autor dice que las opciones serán “menos trabajo para menos personas” o bien “un mejor trabajo al alcance de todas las personas”? Hay mas opciones: podría ser “Menos trabajo para más personas” y “Más trabajo para menos personas”. Con “Mejor” y “Peor” también se pueden dar varias combinaciones. Por otra parte, lo que me parece mas probable es que haya mucho trabajo pero para pocas personas. Si la mayor parte del trabajo lo harán los robots, la mayoría de las personas no necesitarán trabajar, salvo los que se encarguen de los robots…

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *